Los sindicatos

Sin pan y sin trabajo (1894), óleo de Ernesto de la Cárcova

La explotación del hombre por el hombre generada por el crudo capitalismo emergente del liberalismo económico nacido a fines del siglo XVIII, provoca la aparición de una organización obrera revolucionaria.  El sindicalismo vuelve a tener vigencia por estos carriles, negados los derechos de los trabajadores a agremiarse reconocidos desde la Edad Media.  En 1864 aparece en Londres la I Internacional, en la que tendrá prevalencia Carlos Marx, pero también en ella estarán presentes los anarquistas, con Miguel Bakunin.  Ya se visualizan las diferencias entre los socialistas, unos partidarios de la utilización de los mecanismos políticos burgueses para implantar la dictadura del proletario, y otros quienes para llegar al mismo objetivo, propician la destrucción del Estado burgués mediante la acción directa: los anarquistas.

Los inmigrantes que llegaron a la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX, fueron portadores de estas ideologías y algunos dirigentes fundaron los primeros sindicatos.

En 1877 se constituyó la Unión Tipográfica sobre la base de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, que comenzó a actuar en 1857, quizás la más vieja entidad sindical del país.  En 1878, la Unión Tipográfica realizó la primera huelga importante en la República.

En la década del ’80 aparecieron la Unión Obreros Panaderos y la Sociedad de Obreros Molineros, las dos en 1881, la Unión Oficiales Yeseros (1882), Sociedad Obreros Tapiceros, Sociedad de Mayorales y Cocheros de Tranvías (ambas en 1883).  En este año se forma la Sociedad de Resistencia de Obreros Marmoleros, y la Sociedad de Obreros Panaderos en 1885: estos dos gremios tienen como objeto la lucha sindical, mientras que los mencionados anteriormente son de ayuda mutua, fundamentalmente, lo mismo que “La Fraternidad”, creada en 1887 por conductores y foguistas ferroviarios. (1)

En 1889 se constituyó en París la II Internacional, reunión a la que asistió un delegado del Club Socialista Vorwaerts, fundado por alemanes en 1882.  En esta Internacional predominaron los socialistas y se estableció el 1º de mayo como “Día del Trabajo”, en homenaje a los obreros ajusticiados en Chicago y en demanda de la jornada de 8 horas de trabajo.

En nuestro país, el Club Vorwaerts constituyó un Comité Internacional Obrero, que celebró el 1º de mayo por primera vez, en Buenos Aires, en 1890.  Este Comité creó la Federación de Trabajadores de la República Argentina en 1891, con su periódico “El Obrero”.  Fue la primera central obrera del país, donde disintieron socialistas y anarquistas, lo que la llevó a su disolución en 1892.  En 1894 hay una segunda Federación del mismo nombre, y en 1896 una tercera: ambas fracasaron.

En 1901 aparece la Federación Obrera Argentina (FOA), integrada por socialistas y anarquistas, que dura lo que un lirio.  En 1903 se separan los socialistas y forman la unión General de Trabajadores (UGT).

En 1902, según proyecto presentado por Miguel Cané, el Congreso dicta la ley Nº 4.144, llamada “de residencia”, por la cual, mediante un simple decreto, el poder ejecutivo nacional podía, por el artículo 2º, sin juicio previo, desterrar del país a todo extranjero “que comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”; además su artículo 3º prescribía que “El poder ejecutivo podrá impedir la entrada al territorio de la República a todo extranjero cuyos antecedentes autoricen a incluirlo entre aquéllos a que se refieren “los artículos anteriores”, comprendiendo los casos de extranjeros condenados o perseguidos por tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes, que también podían ser expulsados (artículos 1 y 2).

En 1904, como las huelgas y la violencia obrera no cesan, Joaquín V. González, ministro del interior de Roca, proyecta un Código del Trabajo que el Congreso no sanciona.  Establecía la jornada de trabajo de 48 horas semanales, 42 para los menores; el descanso dominical y en ciertos días feriados, prescripciones sobre trabajo a domicilio, condiciones de higiene y seguridad, contratos colectivos, asociaciones industriales y obreras, etc.  Normas que prohibían a los gremios coaccionar a los obreros no asociados para que no concurriesen a trabajar en caso de huelga, la facultad del Estado de disolver un sindicato cuando alterase la paz y el orden, entre otros casos, hizo que tanto la FOA como la UGT rechazaran el proyecto.  No así el Partido Socialista, que en su sexto congreso reunido en Rosario aceptó en general el proyecto.

Volviendo a la evolución de las centrales gremiales, la FOA, que quedó con las anarquistas solamente, se transformó, en su cuarto congreso, en Federación Obrera Regional Argentina (FORA).  En el quinto congreso se declaró consustanciada con el comunismo anárquico.  En el seno de la socialista UGT, aparece hacia 1903 la corriente sindicalista que declaró que: “Los sindicatos y no el partido político son el arma principal de la lucha proletaria”. (2)  Los sindicalistas fueron una corriente intermedia entre socialistas y anarquistas; no despreciaban la acción política, pero la subordinaban a la actividad sindical; la huelga general, como método de lucha, los acercaba al anarquismo.

Las huelgas violentas llenan los primeros años del siglo.  En 1907, en Ingeniero White, son muertos 7 obreros por la policía.  El 1º de mayo de 1909 hay dos actos en Buenos Aires: uno organizado por la FORA, anarquista, y el otro por la UGT, socialista y sindicalista.  Como el primero no había sido autorizado, la policía intenta disolverlo; dado que los obreros insisten en realizarlo, aquélla apela a las armas de fuego, lo que provocó 8 muertes y 40 heridos, entre los trabajadores.  La UGT, cuyo mitin estuvo permitido, se adhiere al duelo, y se declara la huelga general.  Se implanta el estado de sitio y se aplica la ley 4.144.  En represalia, en noviembre, el jefe de policía, coronel Ramón L. Falcón, y su secretario son muertos en un atentado anarquista.  El clima de confraternidad obrera lleva ese mismo año a la creación de la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), a la cual se volcó la UGT y algunos gremios de la FORA, aunque esta siguió con su actividad.

En mayo de 1910, se aprestaba a vivir la República los festejos del centenario de la Revolución de Mayo.  Los anarquistas declararon la huelga general el 14 de mayo, por lo que se restablece el estado de sitio.  En junio de 1910 estalla una bomba en plena sala del teatro Colón, en uno de los actos conmemorativos.  El Congreso sanciona entonces la ley N1 7.029, llamada de “defensa social”: se prohibía la entrada al país a los anarquistas y a los que preconizaran el uso de la fuerza contra funcionarios públicos, o gobierno en general o instituciones de la sociedad.  También se vedaba constituir una asociación de personas o reunirse con la finalidad de propagar, instigar o cometer hechos sancionados por las leyes nacionales.  Los actos de terrorismo se reprimían hasta con la pena de muerte.

En 1914 se incorpora la CORA a la FORA; los sindicalistas mantienen ahora predominio en ésta.  En el IX Congreso de la FORA, que se realiza en 1915, los asistentes se manifiestan mayoritariamente sindicalistas.  Los anarquistas, que pretenden un pronunciamiento a favor del comunismo anárquico, se separan y forman su propia organización que denominan FORA del V Congreso.  Quedan así perfiladas la FORA del IX Congreso, donde conviven socialistas y sindicalistas, con prevalencia de éstos, y la minoritaria FORA del V Congreso, que nuclear a anarquistas.  La primera acrecentará su poderío en la presidencia de Yrigoyen, quien mirará al sindicalismo con simpatía. (3)

Además de las corrientes anarquistas, socialistas y sindicalistas, la cuestión social también preocupa al catolicismo.  En la I Asamblea de los Católicos Argentinos celebrada en Buenos Aires a partir del 15 de agosto de 1884, en la que participaron más de 140 delegados de todo el país, se resolvió en materia social seguir trabajando activamente por la implantación del feriado dominical (4), propició la enseñanza técnica de la juventud mediante la creación de escuelas de artes y oficios; preconizó la fundación de círculos de trabajadores con fines de edificación, propaganda y socorros mutuos, algunos de los cuales ya funcionaban en Buenos Aires y en Córdoba; también auspició el establecimiento de talleres obreros y oficina de colocación para los desocupados.  Estrada señaló como tema de estudio el de la vivienda: “No hay sociedad sólida sin familia regular; y no hay familia regular sin hogar seguro e independiente.  Los arrendamientos precarios, las aglomeraciones de familias en edificios comunes, las habitaciones estrechas e insalubres, conspiran contra la vida, contra la dignidad y contra la moral de las clases obreras”. (5)  Emilio Lamarca, en su intervención, además de condenar el clima fraudulento que se vivía, y al “cosmopolitismo sectario” de quienes llamó “oligarquía”, en el diario “La Unión”, condenó la política oficial autora de tanta corrupción y males sociales. (6)

En 1891, León XIII escribía la encíclica “Rerum Novarum”, en la que el Papa condenaba los excesos del capitalismo liberal; afirmaba el derecho privado de propiedad pero le atribuía a ésta una función social; no admitía la libre contratación del trabajo y afirmaba la necesidad del dictado de una legislación social; condenaba como falso que el trabajo fuera una mercancía y que su valor dependiera de leyes económicas inexorables, debiendo el salario del obrero bastarle para poder vivir él y su familia en condiciones ordinarias; y defendía el derecho de los obreros a organizarse sindicalmente para defender sus derechos.  Los principios de esta encíclica fueron difundidos en Argentina, y desde allí en más, los católicos se entregaron a la acción social.

El padre Federico Grote fundó en 1892 los Círculos de Obreros; que difundieron el mutualismo entre los trabajadores y les ofrecieron un sano esparcimiento.  En 1912 los círculos establecidos eran 77, con 22.930 socios (7).  Paralela a los Círculos de Obreros, Grote fundó en 1902 la Liga Democrática Cristiana, para procurar formar corporaciones gremiales y profesionales, y trabajar para obtener una legislación protectora de la clase obrera, entre otros objetivos. (8)

En el II Congreso de los Católicos celebrado en Buenos Aires en 1907, se resolvió propiciar la creación de sociedades protectoras de la familia obrera, la creación de sociedades de socorros mutuos, la construcción de casas económicas para los obreros y el avance en materia de legislación social (9).  Como fruto del III Congreso realizado en Córdoba en 1908, Emilio Lamarca promovió la fundación de la Liga Social Argentina, cuyos objetivos eran sustentar la organización cristiana de la sociedad, combatir todo error o tendencia subversiva, “levantar intelectual y socialmente todas las profesiones y clases sociales” (10).  La Liga Social Argentina logró contar con más de 5.000 adherentes en 1914, y el número de centros en 1919 era 184. (11)

Los católicos estuvieron presentes en la sanción de las leyes sociales de la época.  La primera, que establecía el descanso dominical, de 1905, y la segunda, de 1907, que reglamentaba el trabajo de mujeres y menores, ambas fueron propiciadas por el diputado Santiago O’Farrell, entre otros legisladores, como el socialista Alfredo L. Placios.  O’Farrell fue presidente de la Federación de Círculos Obreros.  Ambas conquistas ya habían sido propiciadas por los católicos desde 1884 en adelante.  Estas dos leyes, según Auzá, fueron las dos primeras leyes laborales que se dictaron en América. (12)

Otro diputado católico, Arturo M. Bas, propició en 1915 la ley Nº 9.688, de accidentes de trabajo, y la ley Nº 9.148 de agencias gratuitas de colocaciones, de 1913.  Juan F. Cafferata, también militante católico, propició en 1915 la ley Nº 9.677 de viviendas económicas.

Fuera del período que estudiamos, Bas y Cafferata, propiciaron múltiples iniciativas convertidas en leyes laborales, a veces, y otras, con menos suerte, quedaron en meros proyectos.  Esto puede consultarse en uno de los ilustrativos trabajos de Auzá (13).  También, merced a los diputados José Luis Cantilo y Ernesto Padilla, de extracción católica, fue reorganizado el Departamento de Trabajo, en 1912, que había sido creado por ley de 1907.

Los católicos dijeron cosas profundas respecto de la cuestión social.  Emilio Lamarca, en aquella época, demuestra que el liberalismo criollo sólo ha generado socialismo y anarquismo a fuerza de predicar la inexistencia de Dios, de su ley, que “no hay más divinidad real, activa, imponente, que la materia eterna, eternamente evolutiva”, que “el hombre no es hechura del Creador, sino que desciende de los célebres monos catarrhinos”, que “no hay, por consiguiente, tal libre albedrío; todo se reduce a fuerza y materia” (14)  Con tales apotegmas enseñados y practicados por los positivistas –profesores, periodistas, funcionarios, científicos y “filósofos” del régimen- ciertos sectores sociales se dedicarán al intento de destruir al Estado y a las fuerzas patronales.  Dice Lamarca: “el pueblo es sencillamente lógico y fatalmente saca las desastrosas consecuencias de las falaces doctrinas que se le inculcan”.  “Las hordas de pitecántropos, una vez afeitados y descolados”, en el ocurrente giro de Lamarca, desprovistos de todo prejuicio ético, se entregan a la acción directa, aunque evolucionados en sus métodos, pues habiendo rumiado los rudimentos de la física y de la química, están en condiciones de fabricar elementos detonantes, agregamos nosotros.

Agrega Lamarca: “El liberalismo suele protestar contra semejantes doctrinas cuando se traducen en hechos; pero él las ha iniciado, él ha puesto en duda hasta lo más sagrado, él ha cohonestado, él ha suministrado las causas, él las ha fomentado y aplaudido, y para el pueblo estos no son cuentos; lo precipitan a las vías de hecho”.  Y concluye afirmando que al coronel Falcón, son los liberales los que lo han muerto.  Los positivistas del ’80 recogían a principios del siglo XX el resultado de lo que habían sembrado. (15)

La cuestión social no afectó solamente a la ciudad.  En el campo la situación de los arrendatarios era difícil, sometidos a leoninos contratos de locación, que significaban en muchos casos tener que desprenderse de la mitad de lo recolectado, con plazos muy limitados de duración, y debiendo soportar imposiciones de los dueños de las extensiones que exigían, por ejemplo, que las labores agrícolas se realizaran con sus máquinas.

En 1912, en Alcorta, impulsados por el cura de la localidad, Pascual Netri, más de dos mil colonos paralizaron sus labores agrícolas y exigieron contratos de arrendamiento de por lo menos 4 años, pago del alquiler con un 25% de lo producido, libertad de realizar las labores agrícolas con las máquinas que decidiera el agricultor, etc.  El llamado “Grito de Alcorta” se irradió a zonas agrícolas de Buenos Aires y Córdoba, y fue todo un éxito.  Los propietarios se vieron obligados a aceptar la demanda de los colonos.  Las mejoras beneficiaron a muchos, pues el número de arrendatarios había crecido.  En la provincia de Santa Fe, el porcentaje de explotaciones trabajadas por gente que no era propietaria, pasó entre los años 1895 y 1914, del 37,59% al 69%, en la provincia de Buenos Aires del 49,64% al 56,54%, en Córdoba del 13,14% al 56,86%, y en Entre Ríos del 20,91% al 43,06%. (16)

Referencias

(1) Matsushita, Hiroshi, Movimiento obrero argentino (1930-1945), página 107, Buenos Aires (1986).

(2) Ibídem, página 107.

(3) Ver Baily, Samuel L., Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina, páginas 22 y siguientes, Buenos Aires (1986).

(4) Se resolvió “boicotear” a las empresas que hicieran trabajar a su personal los días domingos (Auzá, Néstor Tomás, Católicos y liberales en la generación del ochenta, página 283, Buenos Aires (1981).

(5) Ibídem, página 285.

(6) Ibídem, páginas 279 y siguientes.

(7) Auzá, Néstor T., Los católicos argentinos.  Su experiencia política y social, página 62, Buenos Aires (1984).

(8) Zuretti, Juan Carlos, Nueva historia eclesiástica argentina, página 377, Buenos Aires (1972).

(9) Auzá, Nestor T., Op, Cit, página 70.

(10) Ibídem, página 137.

(11) Ibídem, página 138.

(12) Ibídem, página 143.

(13) Ibídem, páginas 141 y siguientes.

(14) Lamarca, Emilio, Necesidad de la acción social en “Las ideas sociales de Emilio lamarca”, Buenos Aires (1922), Edic. UPCA, páginas 82/3 Cit. Por Cárdenas, Eduardo J. y Paya, Carlos M., Op. Cit. Páginas 283/4.

(15) Ibídem, páginas 285/6 (en el trabajo sobre el pensamiento de Lamarca, páginas 84/5 y 93/4).

(16) Gallo, Ezequiel y Cortes Conde, Roberto, Historia Argentina, Tº V, “Paidós”, página 180.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Petrocelli, Héctor B. – Historia Constitucional Argentina – Keynes – Rosario (1993).
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