Plaza de la Concepción

Parroquia Inmaculada Concepción, Constitución, Buenos Aires

No se sabe a ciencia cierta cómo nació, pero debió ser un Hueco (1) que se inició como parada de carretas allá por 1733 cuando Juan Guillermo González y Gutiérrez de Aragón erige una capilla en Tacuarí e Independencia bajo la doble advocación del Arcángel San Miguel y Nuestra Señora de los Remedios.  Sería entonces una plazuela (2), que se hallaba al costado de la iglesia.  Ocupaba medio solar –o un poco menos- de la manzana de Tacuarí – Estados Unidos – Bernardo de Irigoyen – Independencia y otro medio cruzando Bernardo de Irigoyen, en la manzana de Bdo. de Irigoyen – Estados Unidos – Lima – Independencia.  En la primera la mitad oeste y la este en la segunda.

En el primer plano que figura es en el de la División Parroquial de 1769, luego en el del 78 de Cuarteles y en el del 94 de veinte barrios.  Pero tanto los planos de la división parroquial, como el de los barrios son reconstrucciones de Trelles, uno de 1856 y el otro de 1859.  El de Cuarteles es también otra reproducción de 1929 de Juan Carlos Rodríguez, adaptada del de Boneo.  Por tanto, el primer plano auténtico en que aparece es el de Boneo de 1780 u el del mismo autor de 1800.

En 1738 Matías Flores y su esposa compran a la Hermandad de la Santísima Caridad la Capilla de San Miguel y Nuestra Señora de los Remedios, ya que ésta se muda a la esquina de las actuales calles Suipacha y Bartolomé Mitre.  La rehabilitan con las debidas licencias del obispo y la ponen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, y por hallarse en el barrio en que se encontraba el “Alto de San Pedro” –barrio que de él tomaba su nombre- queda como Iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción del Alto de San Pedro.  La plaza aledaña pasa entonces a llamarse “Hueco de la Concepción del Alto de San Pedro”.

En 1781, al erigirse la Plaza de Toros en la Plaza Montserrat, el Alto de las Carretas y Mercado de Frutos pasa a la de la Concepción.

Allí paraban las carretas que venían de Chascomús, Tandil, el Tuyú, Tordillo, el Moro y Quequén y el tropero más conocido era Manuel Brandán.

En 1769 pasa a llamarse “Plaza de la Concepción”

Como en todos los Altos y Plazas, los boyeros, troperos y compañía, organizaban bailes y llenaban las pulperías, donde jugaban y se emborrachaban.  Como bien dice Maroni, la vida allí era un verdadero ajetreo que comenzaba antes del amanecer y continuaba hasta bien entrada la noche.  Esa noche que se veía iluminada por la luz de las pulperías, los faroles de las carretas y las fogatas de la Plaza.

Así pasa un siglo, durante el cual el único cambio es el de su nombre que en 1820 pasa a ser “Plaza Independencia”.

El 28 de diciembre e 1853 fue escenario de los fusilamientos de Ciriaco Cuitiño –comisario de policía durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas-, Manuel Troncoso y Leandro Antonio Alen, padre de Leandro N. Alem, y abuelo de Hipólito Irigoyen.  Los condenados fueron ejecutados a las 9 de la mañana, sobre el paredón de la iglesia de la Concepción, en Tacuarí e Independencia y luego los cadáveres de ambos se exhibieron colgados por un lapso de cuatro horas ante la vista de todos, en la Plaza de la Concepción (Independencia y Bernardo de Irigoyen).  Asistieron espiritualmente a los condenados el franciscano fray Nicolás Aldazor y el dominico fray Olegario Correa.  Concurrieron a presenciar la escena miles de vecinos.  Cuentan que en esa oportunidad, el comandante Cuitiño pidió a sus verdugos hilo y aguja de coser, explicando: “Como después de fusilados nos van a colgar, no quiero que a un federal ni de muerto se le caigan los pantalones”.  Obtenidos los elementos pedidos, se cosió el chaleco al pantalón.

En 1856 hubo gran oposición de los vecinos a que el Alto y Mercado se trasladara al nuevo Mercado de Frutos del Sud (Plaza Constitución), ya que pensaban que el sitio se convertiría en un hueco baldío, lleno de yuyos, solitario y abandonado, y que serviría como vaciadero de basuras.  Aquí se ve algo curioso; en Montserrat los vecinos abominan el Alto y Mercado y piden la Plaza de Toros para alejar de allí las carretas; luego ante nuevos problemas de vagos, juego y borracheras traídos por la Plaza de Toros, piden también el desalojo, y queda como Hueco.  Los vecinos de la Concepción, en cambio, no quieren que se lleven las carretas y sus secuelas.  No creemos que las costumbres de los carreteros, troperos, boyeros, yanaconas y compañía hubieran variado de una a otra Plaza, ya que eran los mismos cambiados de lugar, lo que hace pensar que la diferencia estaba en la “categoría” de los habitantes.  Montserrat, más céntrica, más cercana del barrio de Santo Domingo –muy principal- tenía inicialmente mejor población que la Concepción –más allá del Zanjón- casi en extramuros.

Pero, con oposición o sin ella, en 1864 las carretas se desplazan hacia el sur, a Plaza Constitución; y contra lo que se creía, el lugar se fue convirtiendo en paseo.

Tampoco se erigió allí un edificio de Mercado, cosa que deseaban los vecinos, quienes a juzgar por lo que querían –primero las carretas con sus secuelas y luego un mercado con las suyas- debían de ser masoquistas.  Baste recordar lo que eran los alrededores del ex Mercado de Abasto, para comprenderlo.  Una ley prohibía que las Plazas fueran ocupadas por cualquier tipo de instalaciones, y eso los salvó, aún contra su voluntad.

Ya para 1885 era paseo, con árboles, jardines, bancos, plantas y hasta luz de gas, como dice José Juan Maroni.  Los jubilados vinieron después.  Pensamos que el vecindario, ante esto, debió sentirse frustrado.

Mientras en 1853, se erige un nuevo templo para la vecina iglesia, y la plaza queda separada de la misma en los años siguientes y hasta la fecha, por edificación particular.

El 12 de octubre de 1904, la historia del Club Atlético Atlanta comenzó a escribirse con una reunión celebrada entre varios jóvenes en la casa del comerciante Tomás Elías Sanz ubicada en la calle Alsina 1119, en Capital Federal, aunque prosiguió y tuvo final en la Plaza de la Concepción, donde quedó concretada la constitución.  En dicho encuentro se acordó bautizar a la institución como Atlanta Atlhetic Club.

En 1910, el 29 de mayo, le toca dar marco al monumento a Juan José Paso, obra del escultor Torcuato Tasso; estuvo allí hasta que en 1969, ante la amenaza de la Avenida 9 de Julio que venía devorando todo a su paso se la trasladó a la Plazoleta Juan José Paso, situada en el solar comprendido entre las vías del ferrocarril Mitre, Olaguer Feliú, Moldes y Zabala, en Colegiales.

En la década del 30 el subterráneo “Chadopyf” –actual línea “C”- de Constitución a Retiro, horadó sus entrañas de Norte a Sur; en la del 60 la línea “E” la atravesó de suroeste a noreste.  Se entretejió así una maraña de túneles y la viaja Plaza del Mercado vio crecer bajo su suelo las mágicas escaleras mecánicas y sintió en sus entrañas el cosquilleo de la oruga luminosa del subterráneo.

Y también, cien años más tarde, los vecinos se sacaron el gusto ya que en la Plaza se instaló una feria franca, cosa bastante parecida a un mercado.

En 1969 se le dio el nombre de Plaza de la Concepción del Alto de San Pedro, resultado de la “cruza” de sus primeros nombres “Hueco de la Concepción del Alto de San Pedro” y “Plaza de la Concepción”.

Por fin, llegó la Avenida que se llevó media Plaza, mientras que la otra mitad –pese a la famosa ley que prohibía cualquier tipo de instalaciones en las Plazas- estaba ocupada por la feria.  Luego la ocultaba el “obrador” del subterráneo “E”; hasta que un día, la media Plaza reapareció a los ojos de los porteños, como un divertículo de la Avenida 9 de Julio, pero debajo de una feria internada.  Solo en las Plazoletas de la 9 de julio queda algún árbol añoso, viejo recuerdo del Hueco.

En agosto de 1999, después de estar cerrada alrededor de un año por remodelaciones, se reinauguró con un nuevo diseño en el cual se construyeron nuevos canteros, bebederos, más bancos, y más espacios verdes.

Actualmente la plaza se denomina “Alfonso Castelao” en homenaje al político, escritor y pintor gallego, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao (1886-1950), a quien en 1971 se le erigió un monumento en su memoria.

Referencias

(1) Por 1580 cuando las aguas servidas y animales muertos eran arrojados al foso defensivo que rodeaba al fuerte, actual Casa de Gobierno.  El Cabildo era la institución encargada de la higiene de la Ciudad.  Se instaba a los vecinos a limpiar y barrer los desperdicios de sus casas y tirarlos cada sábado en el campo con el objeto de mantener las calles limpias.  Los baldíos, o “huecos”, funcionaron como basurales admitidos o de hecho, como es el caso del hueco “de las Cabecitas”, actual Plaza Vicente López, el hueco de “Zamudio”, actual Plaza Lavalle, o el hueco “de los sauces”, actual Plaza Garay.

(2) Era el nombre que se le daba al espacio libre de edificación existente frente a los templos, que se confundía con su atrio y servía para desahogo de los fieles al salir de las ceremonias muy concurridas, organizar las procesiones, y escuchar las lecturas de bandos.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Lagleyze Luqui, Julio – Las Plazas de Buenos Aires.

Maroni, José Juan – Antiguas plazas de la ciudad de Buenos Aires.

Todo es Historia – Año VIII, Nº 90, Noviembre de 1974.

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