Elecciones del 11 de abril de 1852

Bartolomé Mitre (1821-1906)

Caído Juan Manuel de Rosas, los ex emigrados intentaron dominar la escena. Designado gobernador Vicente López y Planes, ambos grupos lucharon por su mayoría en la legislatura bonaerense en las elecciones del 11 de abril de 1852. Urquiza apoyó sus candidatos con el voto de sus batallones completos. Los porteños, frente a la fuerza, emplearon la astucia para condicionar el resultado mediante inscripciones falsas y el voto repetido de las mismas personas bajo otros apellidos y en diferentes mesas. Así lo recordó un actuante en la legislatura de Buenos Aires el 31 de mayo de 1878. Dijo el diputado Héctor Varela que “en aquella época memorable, el pueblo sintió una necesidad suprema: vencer a Urquiza en las elecciones de abril… El señor Bartolomé Mitre, nuestro compañero político, poniéndose al frente de las necesidades en aquel momento solemne… desenterró los muertos del cementerio, levó sus nombres a los registros y venció a Urquiza”. Y eso era un complemento de cuanto escribió antes en “La Tribuna” del 7 de octubre de 1874: “…las elecciones le fueron ganadas al partido que sostenía la política de Caseros, por 9.000 y tantos votos, contra 2.000… Buenos Aires no tenía 4.000 ciudadanos. En 1874 se han inscripto 8.000, de los cuales no han votado sino 3.000 por cada parte; y como es dogma de fe que una de esas ha sido producida por el fraude, resulta que la ciudad de Buenos Aires 22 años después… no puede todavía presentar 4.000 votos sinceros. Los 9.000 de 1852 eran obra del fraude patriótico, la creación del director de las elecciones”. Y agregaba: “ese día yo encabezaba unos 60 buenos muchachos. Votamos en 9 parroquias”.

Y comparando la situación de 1878 con la de 1852, agregaba Varela: “… ¿Hay acaso alguien que pueda decir y menos creer, que los diputados aquí presentes representamos la voluntad genuina de la Nación? No señor presidente, sería una farsa tal afirmación. Todos sabemos cómo se hacen las elecciones entre nosotros y que no siempre los partidos políticos llevan a las cámaras a sus hombres más idóneos y competentes, sino a los que en una parroquia o pueblo de campaña han revelado las mejores condiciones de caudillos… Después de consumado el hecho y aprobada la elección se pide que se revisen los registros nuevamente. Pero señores ¿a qué nos estamos engañando? ¿Hay alguno que ignore que en todos los registros ha de haber nombres como los que se ponían en 1852 y que Serapio Ludo y Felipe Lotas, han de aparecer votando?”. Y tanto Carlos Pellegrini en diputados de 1902 (20 de diciembre), como Sarmiento en 1874 emitieron juicios coincidentes y muy severos sobre esa elección.

Separado el Estado de Buenos Aires del resto del país por la revolución del 11 de setiembre de 1852, se llevó a cabo la célebre elección del 30 de marzo de 1856.

Entonces el “partido porteñista”, único organizado y permitido (dispersos aún los elementos federales), concurrió a la elección dividido en dos fracciones. La “conservadora” llevó su “lista blanca”, y la “progresista”, la amarilla, aunque ambas tenían candidatos comunes.

Los dos grupos deseaban controlar la legislatura y luego la gobernación, y el 30 de marzo de 1856 el comicio fue tremendo; “a bala, piedra y puñal”. En la ciudad no hubo prácticamente mesa tranquila; en la parroquia del Colegio las riñas perturbaron el desarrollo de toda la jornada, con traslado de mesa, votos repetidos y triunfo conservador-gubernista. En la Merced, venta de votos y luchas variadas con puñal y garrotes para conquistar la mesa; en San Miguel, asalto directo con explosivos y heridos, mientras el juez Atucha innovó en el trastoque de documentos; en San Nicolás varios jinetes coparon la mesa. Y, en la Concepción también se dio el clásico ataque con piedras “desde la torre de la iglesia donde se habían parapetado al fin los defensores de la mesa, con el resultado de un muerto y varios heridos graves”.

Demás está indicar el triunfo de los conservadores, que para la “campaña” dieron órdenes a los jueces de paz como esta: “Participo a Ud. que el gobierno tendrá especial satisfacción en que estos señores…. sean electos”. Por cuanto “el señor Ministro” los “recomendaba como sus candidatos” y se acompañaban “los paquetes con las listas”.

Hubo también otra batalla en la legislatura para aprobar tal comicio, donde se llegó a una transacción luego de discusiones, escenas de fuerza e intervención de diputados, milicias y “barra” asistente.

Un año después, el 29 de marzo de 1857 compitieron los “porteñistas” con sus eternos enemigos “federales”, en las ajetreadas elecciones de esos tiempos.

De inmediato se motejó a éstos de “mazorqueos”, “rosines” y también “chupandinos” por sus asados políticos, mientras los federales calificaban de “pandilleros” al adversario por su tendencia al ataque a personas y domicilios. Ambos grupos destacaban las historias del otro: los porteñistas en “El Nacional”, “La Tribuna” y “El Orden” y los federales en “La Reforma Pacífica”, “La Constitución” y “La Prensa”.

Un testigo francés, horrorizado de cuanto veía, narró que “la camarilla (porteñista) cuya influencia es tan perniciosa, ha empleado todos sus medios para triunfar, con menosprecio de las leyes del país y de la Constitución; las libertades electorales han sido holladas con el pie… Los segundos (federales) que tenían la simpatía de los extranjeros, contaban poco sobre esta fuerza moral y se limitaban a proclamaciones, llamamientos a las armas, inventivas contra el gobierno…”.

Las violencias e irregularidades fueron el fruto de toda la jornada. Pero los “pandilleros” triunfaron sobre una mayoría desarticulada. Controlaron las mesas, las cifras y los nombres de los registros. Explica un autor que los violentos pandilleros “hicieron votar hasta seis y siete veces a los peones y hasta a los niños”, entre la Catedral Sud (Colegio), Catedral al Norte y la Merced; en la Piedad, Socorro y la temible Balvanera, los “pandilleros” votaron solos. En San Telmo esta vez hubo tranquilidad, pero en San Miguel trituraron la mesa a golpes y hubo heridos en el combate entre tropa y pueblo; en Montserrat hubo un acuerdo inicial y luego gritos, protestas y asalto.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Ortega, Exequiel – Las elecciones del 1874.
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Todo es Historia – Año III, Nº 29, Setiembre de 1969.

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