La fuerza del capital inglés

Viernes Negro

El esquema unitario triunfó decididamente cuando los liberales de Bartolomé Mitre ganaron la dudosa batalla de Pavón y luego “pavonizaron” a toda la nación aplastando, a sangre y fuego y con la ayuda del Gral. Flores y sus coroneles uruguayos (1), a la montonera provinciana encabezada por el Gral. Angel Vicente Peñaloza (El Chacho).  Su cabeza se balanceó en la punta de una lanza, pero la rebelión seguía latente y agazapada en los entresijos de la sociedad argentina.

 

En su célebre discurso del 7 de marzo de 1871, Mitre desnuda la satelización de la Argentina.  Se pregunta: “¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso?” y responde concluyente: “Señores, es el capital inglés”.

 

Su imaginación de literato lo lleva a desear “tener en sus manos una copa de oro para brindar en honor de estos prodigios realizados por la libra esterlina…”, y finalmente brinda “por el fecundo consorcio del capital inglés y del progreso argentino”.(2)

 

Son palabras que excusan el exponer en cifras la mediatización de la economía argentina por el imperio inglés; ferrocarriles, comercio exterior, finanzas, buena parte de sus mejores pasturas, servicios públicos, deuda externa, etc. están en manos inglesas.  Aunque aquí es Baring y no Rothschild el banquero omnipotente.  Hacia 1875 la City ha invertido más de 27 millones de libras esterlinas.

 

Interesa mucho más a nuestro tema indagar el papel de la oligarquía intermediaria y asociada argentina en la Triple Alianza.  Muy meritoria es la pesquisa de León Pomer (3) señalando la importancia de la crisis económica de mediados de los 60 y cómo la élite porteña y provinciana jugó a la guerra contra el Paraguay para salir del marasmo.

 

Entre 1864 y 1865 se derrumban los precios de los cueros, las lanas y los ganados (Eduardo Olivera calcula una baja de un 20 a un 30 por ciento).  Pero un nuevo y más punzante impacto se sufrió como repercusión de la crisis financiera que irrumpe en la City en 1866.  Especulaciones desmesuradas con valores europeos y financiadas por algunos bancos que mediante renovaciones colocan créditos a largo plazo bajo la forma de cortos plazos (financiering), culminan con la debacle de dos bancos el 10 de mayo; uno de ellos de enorme gravitación, el Overend & Gurney.  El viernes 11 las reservas del banco de Inglaterra disminuyen en 4 millones de libras (el “viernes negro”). (4)

 

El tipo de descuento se eleva varios puntos.  Las ondas de esta depresión fueron dilatadas y golpeantes, perturbando todos los mercados del mundo.  El Río de la Plata se vio especialmente afectado.

 

La crisis económica financiera y la amenaza de un alzamiento federal apoyado en el Paraguay “lopizta” y en los blancos uruguayos, sembró el pánico en la oligarquía portuaria.  De la depresión salieron mediante créditos concedidos al Estado y dilapidados, más que gastados, en la proveeduría del ejército que arrasó la patria paraguaya.  Al mismo tiempo que aniquilan el jaque “lopizta”, desatan la represión contra los montoneros en el interior.

 

El 22 de mayo se obtiene un préstamo al 18% en el Banco de Londres, cuyo directorio se entrelaza íntimamente con el Ferrocarril Central Argentino.  Del lote de apellidos nos atraen los nombres de Tomás Armstrong, George Drabble, Gregorio Lezama y Ambrosio Lezica.  Al terminar la guerra el Banco declara reservas por 100 mil libras; ha multiplicado por diez las que poseía en 1862.  Además distribuye dividendos y prebendas que alcanzan a más del 87% del capital invertido. (5)

 

De Brasil se recibieron 2 millones de pesos fuertes apenas iniciadas las hostilidades; parte de las libras de Rothschild.

 

Por su lado, el Banco de la Provincia de Buenos Aires abre continuos créditos al Gobierno.  El Ministro de Hacienda, Luis Domínguez explica las ganancias que dicho banco extrae de sus relaciones con el gobierno de Mitre:

 

1) El Estado acepta sus letras y su papel moneda en pago de contribuciones en todo el país.

 

2) Es el descontador exclusivo de las rentas de aduana.

 

3) Obtiene utilidades de 1 millón 135 mil pesos fuertes por los créditos concedidos al gobierno.  Más las rentas redituadas por la tenencia de los fondos nacionales y provinciales depositados en él.

 

Con esas ganancias se cubren los préstamos concedidos a estancieros y grandes comerciantes a raíz de la crisis.

 

Pero lo más grave es que aprovechando la emergencia bélica y las necesidades de dinero del Estado, se le obliga a decretar el curso forzoso en todo el territorio nacional del papel moneda que emite el banco.

 

¿Quiénes dirigen los destinos de Institución financiera tan aprovechada?  Basta citar algunos nombres: Ricardo Lavallol, Tomás Armstrong, Jorge Drabble, Manuel Ocampo, etc.

 

Otra fuente de financiación de la guerra fueron las letras garantizadas por particulares (aunque pagadas religiosamente por el Estado).  Entre ellos figuran Jorge Atucha, Juan Anchorena, nuevamente Tomás Armstrong, Diego Thompson, Felipe Lavallol, Martín de Alzaga; la flor y nata del patriciado.

 

Pero ya vimos que el hermano de Lavallol, Ricardo, y Tomás Armstrong, hicieron su agosto con el Banco de la Provincia, gracias a la matanza de americanos en los esteros paraguayos.

 

Armstrong es casado con una hija de Mr. Phipps, uno de los más ricos exportadores ingleses de café brasileño.  Saladerista, molinero, prestamista del gobierno, posee 99.000 hectáreas próximas al Ferrocarril Central Argentino, del cual es director.

 

La principal fuente de dinero para pagar los gastos del ejército que comandaba Mitre provienen del empréstito gestionado por Norberto de la Riestra en Londres.

 

De la Riestra fue muy bien elegido para su misión.  Socio de la firma de Liverpool, Nicholson, Green y Cía., fundador del Ferrocarril Oeste, Ministro de Hacienda de Alsina, candidato del Ministro inglés Christie a gobernador, Ministro de Hacienda de Derqui, Presidente del Senado y Presidente del Banco de Londres.  El empréstito se colocó a través de Baring por un total de 2.500.000 libras esterlinas al 75% y al 72,5%; si a esta rebaja se descuentan los gastos de comisión, resulta que sólo se recibieron poco más de un millón setecientas mil libras esterlinas. (6)  Estupendo negocio para los inversores de la City que se lanzaron en alud tras los bonos.  De 1862 a 1875 más del 50% de las inversiones inglesas negociadas en Londres fueron bonos de la deuda externa argentina.  Dice bien Pomer: “los ingleses concurrieron masivamente a la buena obra de exterminar al Paraguay”.

 

Alberdi dirá que de la Riestra, ilustre y alabado gestor del empréstito Baring, es como “esos caballeros de industria que se disfrazan con la cruz roja de las ambulancias para despojar impunemente a los muertos”. (7)

 

No hay duda, pues, que el pueblo argentino pagó muy cara la siniestra aventura contra López.  ¿En qué se gastó tanto dinero, quiénes aprovecharon de tanto sacrificio?  La respuesta es simple: los proveedores del ejército.

 

Sarmiento los define: “Hicieron fortunas colosales proveyendo con los tesoros públicos a las necesidades de un ejército sin administración”. Y machacando en caliente: “no hemos venido a este mundo a trabajar como negros del Brasil nada más que para proveer a los proveedores con que llenar la barriga”. (8)

 

Algunos nombres de nota en ese menester de “engrasarse” con la proveeduría, según palabras del sanjuanino; en primer lugar, José Gregorio Lezama, dueño de incontables leguas cuadradas de tierra, comerciante importador, director del Ferrocarril Central, socio de Cándido Galván en eso de proveer; amigo de Mitre, gran estanciero y comerciante.  Anacarsis Lanús, de la firma Lanas Hnos., estanciero rico, negociante en terrenos en Montevideo, prestamista en la misma ciudad, concede créditos usurarios al gobierno colorado, empresario de muchos negocios y ferrocarrilero.  George Drabble; poderoso hacendado en Argentina y en el Uruguay, preside empresas de inmigración, comerciante, vinculado al Banco de Londres, director del Ferrocarril Central en las dos orillas y director del Banco  de la Provincia, es uno de los ingleses más ricos e influyentes del Plata.  Ambrosio Lezica; socio de Drabble y Armstrong en el Ferrocarril Central, negociante y terrateniente.  Diego Thompson, Tomás Duguid, Asworth, Carlisle, Grahan Waton, T. Drysdale, etc.; sobran los apellidos anglosajones.

 

No podemos olvidarnos de Jaime Lavallol –su familia es accionista del Banco Provincial-, exportador e importador, negociante en distintos rubros, y de Jorge Atucha, otro avispado comerciante y especulador.

 

Lezama, Galván y Lezica le regalan una casa a Mitre y son co-fundadores de “La Nación”.

 

Como se puede constatar, no son pocos los nombres que figuran como prestamistas del Estado en condiciones leoninas y luego reciben el dinero prestado en pago de vituallas, aperos, uniformes, etc. a precios inflados.

 

Fue tan escandaloso el aprovisionamiento del ejército, que Sarmiento al ser elegido Presidente eliminó de planillas 1.600 soldados inexistentes, pero abundantemente “proveídos”.  Su juicio es lapidario: “Para vergüenza pública la guerra cuesta ya a la Nación seis millones de los cuales tres han sido presa de los especuladores”.

 

Lo dicho hasta aquí exhibe, transparenta, la idea de que no se puede circunscribir el Imperio Inglés a la Gran Bretaña y a sus agentes.  También forman parte de su sistema las clases dominantes de naciones formalmente soberanas, pero económicamente periféricas y dependientes.  El desafío paraguayo enfrentó a todo el sistema del imperialismo liberal y éste reaccionó para destruirlo.

 

Algunos testimonios más esclarecen de qué manera la alianza de blancos, federales y paraguayos lopiztas amenazaba el “statu quo” liberal, y de qué manera la guerra fue una solución para la grave crisis económica.

 

El Ministro Elizalde confesó al diplomático chileno Lastarría “que la guerra era una cuestión de vida o muerte para su Gobierno, porque desde que quedase en pie el del Paraguay, en él hallaría el más poderoso auxiliar el partido político que es adverso al argentino, para derrocarlo, encendiendo una guerra civil que sería mucho más desastrosa”.

 

Alfredo Labougle estima que entre 1866 y 1873 entran al país 57 millones de pesos por empréstitos y pago de proveedores brasileños, con los que se “pudo cubrir los saldos desfavorables del intercambio comercial”.  Un editorial de “El Nacional” es más explícito: “¿Quién influyó para aminorar las desgracias que nos amenazaban?  Fue la Guerra del Paraguay que activando los trabajos, dio ánimo a los brazos desalentados y ocupación a obreros y labradores…. Fue la guerra que introdujo millares que nos ayudarían a pagar las fuertes importaciones….”

 

No faltan, por otra parte, quienes habían penetrado hasta el meollo de los sucesos.  El ministro de Hacienda argentino, Dr. Lucas González, explica que la guerra se ha hecho no sólo para vindicar el honor ultrajado, sino también para “obtener beneficios muy grandes para el comercio del mundo, muy especialmente del comercio inglés que encontrará en el Paraguay libre y civilizado un gran mercado que explotar”.  La oligarquía portuaria sabía lo que tenía entre manos.

 

Salvó su pellejo y lucró, preservando el sistema del Imperio Británico, a costa de la vida de miles de paisanos.  Alguna vez el caudillo cordobés Juan Bautista Bustos dijo de ellos: “¡Que hijos de puta tan pícaros!”. (9)

 

Referencias

 

(1) Ricardo Mercado Luna – Los coroneles de Mitre – Ed. Plus Ultra, Buenos Aires (1974).

(2) Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde – Felipe Varela contra el Imperio Británico – Ed. Sudestada, Buenos Aires (1966).

(3) León Pomer – La Guerra del Paraguay, ¡Gran negocio! – Ed. Caldén, Buenos Aires (1968).

(4) Mauricio Flamant y Jeanne Singer-Kerel – Crisis y recesiones económicas – Ed. Oikos, Barcelona (1971).

(5) León Pomer – La Guerra del Paraguay, ¡Gran negocio! – Ed. Caldén, Buenos Aires (1968).

(6) Roberto Tamango – Sarmiento, los liberales y el imperialismo inglés – Ed A. Peña Lillo, Buenos Aires (1963).

(7) Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde – Felipe Varela contra el Imperio Británico – Ed. Sudestada, Buenos Aires (1966).

(8) Roberto Tamango – Sarmiento, los liberales y el imperialismo inglés – Ed A. Peña Lillo, Buenos Aires (1963).

(9) Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde – Facundo y las montoneras – Ed. Plus Ultra, Buenos Aires (1968).

 

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Portal www.revisionistas.com.ar

Trías, Vivian – El Paraguay, de Francia el Supremo a la Guerra de la Triple Alianza – Ed. Del Noroeste S.A., Buenos Aires (1975).

 

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