El meteorito del Dr. Francia

José Gaspar Rodríguez de Francia (1766-1840)

 

La única caída de meteorito  producida en Paraguay, de acuerdo al último catálogo del British Museum (NH) de Londres, editado en el año 2000, corresponde a la condrita denominada Villarrica.  Cayó en la localidad paraguaya de dicho nombre, el 20 de julio de 1925 a las 19.00 hs, y se desconoce su actual repositorio.

 

Sin embargo, en base a las probabilidades de caída, es sabido que seguramente dicho país debe haber sido el blanco de muchísimos más impactos.  Como  ejemplo de ello cabe mencionar un hecho histórico, ampliamente conocido por la mayor parte de los paraguayos. El mismo está referido a una caída producida en el siglo XIX, durante los primeros años del gobierno del Dr. Francia.

 

En efecto, don José Gaspar Rodríguez de Francia había nacido en Asunción el 6 de enero de 1766, hijo de don José Engracia García Rodríguez de Francia, y de doña María Josefa Fabiana Velasco y Yegros.  Su padre era nacido en Mariana, en el Virreinato de Río de Janeiro y llegado al Paraguay en 1750.  Hizo educar a su hijo en sus primeros tiempos en el colegio de los padres franciscanos, y continuaron luego sus estudios en la Universidad de Córdoba (Argentina), en la que se doctoró en Sagrada Teología en el año 1785, dedicándose luego a la docencia, de la que se retiró años después para ejercer la abogacía y finalmente, hasta el final de su vida, a la política.

 

La corona española creó en 1776 el Virreinato del Río de La Plata, siendo Buenos Aires su capital.  Asunción pasó entonces a depender de esta última ciudad, lo que le significó un gran progreso económico, debido a que las comunicaciones con la nueva capital eran mucho más fluidas que con Lima. 

 

Cuando en 1810 Buenos Aires declaró su independencia, Asunción se negó a acompañarla en esta aventura.  Sin embargo, en mayo de 1811 el gobernador. Español de Asunción fue desposeído de su cargo por los capitanes Fulgencio Yegros y Pedro J. Caballero.

 

Entre los miembros de la junta de gobierno que se formó, muy pronto empezó a destacarse Rodriguez de Francia.  El 12 de Octubre de 1813 se declaró formalmente la independencia de Paraguay.

 

La Asamblea del mes de octubre de 1814 lo nombró Dictador Temporal por el término de cuatro años, pero el Congreso, dos años después (mayo de 1816), lo declaró Dictador Perpetuo, adoptando para sí  el  título de Excelentísimo Señor Dictador  de la República del Paraguay, que ostentó hasta el día de su muerte, acaecida en 1840 a los 74 años de edad.

 

En los comienzos de su gestión de gobierno sucedió un hecho realmente increíble: a unas cien leguas de Asunción cayó un meteorito, fenómeno que fue observado por muchas personas y con relativa imprecisión se pudo determinar el lugar.

 

El Dr. Francia mandó en su búsqueda a cuadros del ejército que penetrando en el Chaco Boreal debieron enfrentarse con tribus salvajes que les produjeron numerosas bajas, a las que se sumaron las víctimas de las alimañas y de los animales silvestres.  Después de varios años se localizó el meteorito y se vio que su peso excedía los 100.000 kilos.  Como primera medida se decidió transportarlo hasta la margen derecha del río Paraguay.  Se emplearon a este fin mil yuntas de bueyes y otros tantos soldados que habrían cruzado a través del río.  Pero no hubo embarcación ni balsa que fuera capaz de soportar la pesada mole cósmica.  Hundió flotillas enteras y unos cien hombres se ahogaron durante la interminable travesía.

 

Los numerosos intentos ordenados por el Supremo habían fracasado, hasta que sucedió un extraño fenómeno.  Se produjo la mayor bajante del río Paraguay habida en cien años, lo que permitió a los efectivos de línea arrastrarlo sobre cureñas especialmente fabricadas, siempre con la ayuda de mil yuntas de bueyes, hasta atravesar la inmensa masa metálica hacia la margen izquierda del río y  empleado casi cinco años.

 

Una vez en Asunción, el Dr. Francia quiso entrarlo a su palacio, para lo que fue necesario derribar paredes, lo cual se logró con una tarea ímproba.

 

Francia hizo seccionar una parte del meteorito y dicho recorte bastó para fabricar diez fusiles en las armerías del Estado.  Con ellos fueron ejecutados los cabecillas de la conspiración de 1820.  No falló un solo cartucho.  “Por su precisión –decía– estos fusiles siguen siendo los mejores que tengo.  No se desgastan ni recalientan.  Pueden disparar cien tiros seguidos.  La materia cósmica no se inmuta.  Continúa tan fresca como antes, una vez apagada, después de haber sufrido las mayores temperaturas del Universo.   Si yo pudiese cosechar aerolitos de la misma forma que la doble cosecha anual de maíz o de trigo, ya habría resuelto el problema del armamento.  No tendría que mendigar a mercaderes y contrabandistas que me cobran a peso de oro cada gránulo de pólvora.  Los fusiles meteóricos, mi arma secreta, son algo pesados.  Tiradores alfeñiquez no sirven para usarlos.  Precisan tiradores hercúleos.  Solo que después de este meteoro no pude cazar ningún otro.  Una de dos: o el cielo se está volviendo más avaro que los contrabandistas brasileros de armas, o el cautiverio de un solo meteoro ha abolido por medio de una representación a la vez real y simbólica la irrealidad del azar”.

 

Finalmente, El Supremo empleó todo el material cósmico con el mismo fin hasta no quedar resto alguno de él.  De haber sido preservado, sin lugar a dudas, Paraguay poseería el mayor meteorito del mundo.

 

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Portal www.revisionistas.com.ar

Turone, Oscar A. – Meteoritos, Historias caídas del cielo.

 

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