Marchas militares argentinas

Banda de Patricios de Vuelta de Obligado

No entiendo lo que me decís…” – dijo Napoleón a cierto músico que se esforzaba por hablarle en una mezcla confusa de italiano, francés e inglés – “… no os entiendo, traed vuestro instrumento y tocad lo que me queréis decir”.

Con razón se ha dicho que la música empieza donde acaban las palabras. Arte inefable que ejerce en la vida, una influencia misteriosa y soberana, avivando el entendimiento y conmoviendo el corazón. Es creador de una fuerza que eleva de tal modo el espíritu y la mente, es, a la vez, profeta, rey y sacerdote. Su obra es universal y eterna. Podrán sustituirse gobiernos y quedar modificadas fronteras de distintas naciones, sin que el mundo experimente más que un trastorno momentáneo, pero si por alguna consecuencia se perdieran repentinamente las obras de los Grandes Músicos, la civilización estaría consternada, porque de los corazones huiría la luz y la alegría. Parecería la puesta del sol en el alma de la raza humana, dejándonos despojados de uno de los dones más preciados que nos confirió nuestro propio ingenio.

La definición más concisa y quizás más precisa de la Música ha sido dada, resumiendo toda la doctrina de la Antigüedad, por San Agustín: “La Música es el arte de mover bien” (sobrentendidos, los sonidos y los ritmos). Hasta los tiempos modernos no se ha hecho apenas más que repetir y comentar esta definición. En el siglo XVII, Descartes pintó excelentemente la finalidad de este arte: “El motivo de la Música es el de encantarnos y despertar en nosotros múltiples sentimientos”, mientras que en el siglo XVII, Leibnitz, analizando la esencia íntima de la Música, afirmó que era “un ejercicio de aritmética secreto para el alma que no sabe cómo definirse”. También la Música es, en todo tiempo, valorada según sus diversas procedencias, de acuerdo con el destino particular que se le da, ya sea por la emoción que produce, ya por los medios en ella empleados. Se han podido distinguir así, según las épocas o los géneros: música del porvenir, de cámara, de baile, descriptiva, dramática, instrumental, medida, militar, popular, religiosa y profana.

La música militar


Durante largos siglos, aparte de los tambores y algún otro medio apropiado para señalar ritmos bien determinados, la música militar no tuvo ningún repertorio ni grupo instrumental. En la primera parte podían golpear o soplar en algún instrumento posible. Los toques de corneta comenzaron a reglamentarse en los siglos XIV y XV. En todo caso, alrededor del siglo XVI habían ya toques de cornetas y trompetas y tambores, que utilizó ampliamente Jannequin en sus famosas fantasía vocal sobre La batalla, y que vuelven a encontrarse en parte, en los tiempos de Luis XIII. En la época de Luis XIV, Lulli da el primer modelo de marchas militares, escritas a varias partes para pífanos, oboes o trompetas, formando la base de un repertorio que la colección Philidor nos ha conservado y que permaneció en uso durante la mayor parte del siglo XVIII. Los timbales eran ampliamente empleados en caballería, especialmente como instrumentos de percusión. Fue en 1762, cuando se formó, por deseo del mariscal de Byron, entonces coronel de la Guardia francesa, el primer cuerpo de música militar propiamente dicho; comprendía solamente cuatro oboes, cuatro clarinetes, cuatro trompas y cuatro fagotes. En 1788, esta banda había pasado a veinticuatro componentes, y a treinta y dos al año siguiente. El regimiento de Guardia suizos había seguido idéntico movimiento. Desde 1777, los conciertos públicos de música militar se efectuaron alternativamente por los dos grupos, primero en Versalles y después en París, en pleno boulevard, principal lugar de paseo en aquella época. Se señala en 1783, la participación por primera vez de estas bandas militares en una ceremonia pública, en el tedéum cantado en Notre Dame por la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En Inglaterra y en Alemania, tuvo lugar un movimiento análogo, y la organización de las músicas militares, de su repertorio y de sus funciones se basaron en el mismo plan, pero con una gran parte bajo la influencia de lo que entonces se denominó música turca. En 1790, la organización de una escuela de música militar por Sarrette, fue el núcleo de los cuerpos musicales que bien pronto tomaron parte en las grandes ejecuciones públicas.


El músico Gossec fue el principal organizador de estas bandas y el compositor titular de su repertorio, en el que la marcha, la obertura y el pasodoble se confundieron con las piezas patrióticas. Al propio tiempo, Gossee utilizaba sus músicos en las obras con coros. En 1791, la fiesta de la federación le dio oportunidad para interpretar su Te Deum con un número imponente de ejecutantes, sin dejar de aumentarlos en las solemnidades ulteriores, hasta llegar a contar varios centenares de intérpretes en la ceremonia del 14 de julio de 1764. A mediados del siglo XIX, la invención de los instrumentos de metal del tipo Sax, aplicada a otros instrumentos de pistón, dio lugar a introducirlos rápidamente en las bandas militares y a crear el género especial de sonoridad típica de estas agrupaciones en las que tales instrumentos constituyeron desde entonces la base, aparte de los cuerpos de cornetas, trompetas y tambores encargados de los toques y llamadas reglamentarias. Las Músicas militares desarrolladas en el curso del mismo siglo, sirvieron de modelo para la creación de numerosas sociedades, bandas y charangas con el mismo repertorio. En España, la música militar, con muy poca diferencia, y como en otras naciones, tuvo su aparición en los principios del siglo XVI con pequeñas agrupaciones formadas por instrumentos de viento (metal y madera) y percusión.


Bandas Militares del Ejército Argentino


La historia de las Bandas Militares del Ejército Argentino, tiene su origen en las denominadas charangas y bandas de música de la época anterior a nuestra emancipación, pudiendo decirse que las Bandas Militares siempre acompañaron a los hombres de armas, al principio lo hacían con pífanos y tambores, después con el instrumental de cada época, estimulando y elevando su espíritu y proyectando a la población el vibrante ritmo de la música militar. Al respecto se señala que en el año 1768, ya existía en el Cuerpo de Caballería Provincial de Buenos Aires, una banda de trompas de veinticinco ejecutantes. Posteriormente, en la época del Virreynato del Río de la Plata, los Cuerpos de Infantería tenían su banda de música, pudiendo acotarse que en la revista realizada por Santiago de Liniets el 15 de enero de 1807, actuaron cien tambores con “brillantes bandas de música”.


Al crearse el Ejército Argentino sobre la base de los Cuerpos ya existentes, las bandas de las Unidades peninsulares pasaron a formar parte del nuevo Ejército.


Como antecedentes se puede decir que en el movimiento revolucionario del 5 y 6 de abril de 1811, los Cuerpos de Patricios, Arribeños y Morenos, Artillería, Húsares y Granaderos, salieron en armas de sus cuarteles y a tambor batiente se unieron a los revolucionarios, luego el sonido de sus bandas de música anunciaban su incorporación al pueblo.


Mas tarde y por decreto del 2 de diciembre de 1811, se establece la Planta Orgánica de los Regimientos 1, 2, 3 y 5 designándose únicamente un tambor mayor y dos tambores de órdenes para la Plana Mayor del Regimiento y dos tambores y un pífano para cada una de las doce Compañías del Cuerpo, (total por Unidades: 39 músicos).


Por decreto del 8 de noviembre de 1814, se creó el Regimiento 11 de Infantería, “bajo el pie y número en que se hallaban establecidos los demás del Ejército”, al cual el patriota mendocino Don Rafael Vargas, puso a disposición del Organizador del Ejército de Los Andes una banda de música compuesta por dieciséis ejecutantes, la que fue, juntamente con la reclutada en las provincias de Cuyo por el Mayor D Lucio N. Mansilla, destinada a dicho Regimiento, entendiendo que, si San Martín, acepto la bandas de música, fue por que en las otras Unidades también existían y, además por conocer el importante influjo que la música ejerce sobre el Soldado.


Siendo oportuno destacar también que, la organización de las bandas de música para los distintos Cuerpos creados por la Junta, tropezó con muchas y serias dificultades, pero no por la falta de integrantes ya que desde la época colonial, existía la Academia de Música Instrumental dirigida por el maestro Víctor de la Prada, sino por la falta de instrumentos, hecho comprobado por la carta de fecha 18 de noviembre de 1816 que Pueyrredón le dirige a San Martín, en la que le comunicaba el envío de los dos únicos clarines que se habían conseguido.


Desde 1810 hasta 1860, las distintas bandas de música que existieron, no tuvieron una organización técnica estable. Recién entre los años 1865 a 1870 y, por decreto de fecha 30 de abril de 1865, expedido por el Presidente Mitre, se dispone la formación de una banda de música en cada uno de los Regimientos de la Guardia Nacional, unificando sus efectivos.


Con la Creación de la Inspección General de Bandas el 28 de octubre de 1895, nombrándose Inspector General de Bandas al Teniente Coronel D Saturnino Filomeno Berón, comienza la estructuración de nuevas bandas de música con una organización técnica de acuerdo a las reales necesidades de la Institución.


A partir de entonces y con el correr del tiempo, las bandas de música se han ido modificando y evolucionando según las formaciones de los conjuntos bandísticos tradicionales y mundiales, hasta hoy, que las encontramos constituidas con el instrumental de acuerdo con organizaciones técnicas actualizadas. De esta forma, la institución cuenta con medio poderoso para estimular y mantener la moral de la tropa, como así también proporcionar un mayor brillo y marcialidad a las ceremonias, formaciones y desfiles militares.


Además y dentro del Plan de Extensión Cultural que desarrolla el Ejército hacia la comunidad, realizan audiciones didácticas en escuelas, conciertos y/o retretas en teatros, plaza, parques, hospitales, etc., constituyéndose así, en un medio activo de penetración sicológica en la comunidad civil, como así también en un eficiente nexo de unión artísticos – musical – patriótico, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas.


Retreta del Desierto


En la campaña del Desierto –año 1879- tiene su origen la Retreta del Desierto, y su ejecución nos evoca un profundo significado; la nostalgia de la gesta gloriosa, emoción simbólica y guerrera, legada por los que vertieron su sangre por años al suelo que los vio nacer.


En aquel entonces, era costumbre que al finalizar la lucha, las tropas se reunieran en el mismo campo de batalla o bien en el vivac, para celebrar la victoria; elevar a Dios las oraciones por los camaradas que ofrendaron su vida por la patria, a implorar gracia y protección para sus personas y los seres queridos dejados en el hogar, formalizando el fiel compromiso de darse por entero hasta ver cumplida su misión.


En la expedición al Desierto efectuada por las fuerzas al mando del general Roca, en la Orden del Día emitida el 26 de abril de 1879 en Carhué y, dirigida a los soldados del Ejército Expedicionario al Río Negro, instaba a todos a cumplir con el sagrado deber que la Patria imponía en aquellas circunstancias, terminando con estas palabras “Soldado del Ejército Expedicionario: antes de dar el primer paso sobre la ruta del Río Negro, os invito a dar un “viva” a la Patria.


El 28 de abril a las 7hs, se rompió la marcha tomando hacia el Sur, a paso largo y trote. El 24 de mayo, las tropas llegaron a las barrancas del Río Negro en Choele Choel. En el amanecer del día 25, las dianas saludaron a los próceres de Mayo, en el dilatado valle de nuestro río epónimo. El general Roca elevó sendos partes al presidente Avellaneda y al ministro Campos, informando el feliz arribo. Divisiones y partidas a cargo de los coroneles Levalle, Racedo, Lagos y Uriburu y Cap. Daza, exploraban mientras tanto los campos del Colorado, el general Roca dirigió una intimación al cacique Reuquecurá, por haber abrigado al rebelde Namuncurá.


En Choele Choel encontró tropas del contralmirante Guerrico, que había remontado el Río Negro en el vapor “Triunfo”, sin haber sufrido ningún inconveniente. El general Roca decidió efectuar un reconocimiento hacia el Oeste en dirección a la confluencia del Limay con el Neuquén, quedando las tropas acampadas en Choele Choel. Lo acompañaba una escolta de 100 bravos soldados, su Estado Mayor y la Banda del 6º Batallón de Línea. El 2 de junio se iniciaba la marcha. El desplazamiento se hizo penoso. Las jornadas muy fatigosas. El terreno quebrado y accidentado impuso sacrificios a las tropas y desgastó la caballada. Las partidas organizadas arremetieron contra el frío, el viento y la nevada. La misión del Comandante había que cumplirla.


En las últimas jornadas de la empresa, las tropas perdieron el contacto. El viento y el frío arreciaron sin cesar. Se pretendía afanosamente establecer contacto con los extraviados y no se lograba. Las esperanzas con las últimas horas del día empezaban a desvanecerse. El presagio de la tragedia asolaba en todas las mentes. Atardecer triste, oscuro, frío y profundamente silencioso. Los fogones criollos de las tropas calentaban el churrasco y el mate reparador de tantas energías perdidas.


Un lejano toque de atención de clarín perdido en la inmensidad del desierto encendió los corazones y aguzó los sentidos de los centinelas y de las tropas. Al toque de atención siguieron otros que en llamado desesperado pretendieron guiar al extraviado. Poco a poco la nitidez de las clarinadas vislumbraron la hora del reencuentro. Las llamaradas de una gran hoguera dibujaron en la noche el rumbo salvador. La incertidumbre se disipó, y las tropas detrás de sus trompas y tambores, lograron su reencuentro. El Comandante, reunió a la banda del 6º de Línea y ordenó un toque de oración en acción de gracias.


La Retreta del Desierto es una composición ya patrimonio del archivo musical del Ejército Argentino. Alcanza su actual estructura a través del tiempo por el aporte, si se quiere pequeño pero valioso, de varios autores, músicos anónimos, que fueron los abnegados propulsores de las bandas y fanfarrias, que vivieron, sintieron y expresaron con el lenguaje del más allá, hechos y axiomas propios de nuestra historia.


Algunas marchas tradicionales del Ejército Argentino


Avenida de las Camelias


Marcha militar para Infantería compuesta por el maestro Capitán de Banda D Pedro Maranesi sobre el parche de un bombo, en el año 1915, en el lugar denominado Campo del Durazno ubicado en Rosario de la Frontera provincia de Salta, lugar donde se había concentrado la 5ta División del Ejército para realizar sus maniobras militares, el autor la tituló con el nombre de una calle que acababan de abrir los efectivos. Su peculiar melodía y su ritmo altamente emotivo mantiene su relevancia a través del tiempo y la que al son de sus acordes se han encendido de marcialidad varias generaciones de soldados y ciudadanos argentinos.


Capibary


Marcha militar compuesta por el maestro Felix Mastraccio, esta marcha fue conocida inicialmente con el nombre de “Peribebuy” o “Los mártires de Capibary” y con el tiempo se la reconoció como “Capibary”. Rememora la conquista de la posición paraguaya de Peribebuy por fuerzas argentinas, el 12 de agosto de 1869, durante la guerra del Paraguay.


Ejército Argentino


Marcha militar cantada, cuya letra y música pertenecen al Mayor de Banda (R) D Domingo De Ruvo. Este prolífero maestro es autor además de: “La Canción del Infante”, Canción del Colegio Militar”, “Canción del Liceo Militar General San Martín”, “Canción del Ingeniero”, “Chasqui de Guerra”, “Canción del Paracaidista”, “Ejército de los Andes”, etc. El maestro De Ruvo estudió con los maestros Gaito, Arena y Scaramuzza. Ingresó el Ejército en 1919, fue Director de la Banda del Colegio Militar, posteriormente y con el grado de Mayor de Banda se retiró en 1960. Actualmente en toda ceremonia y formación militar, antes de ser adoptado el dispositivo de desfile, se ejecutará la introducción, primera estrofa y estribillo, la cual será cantada por todo el personal militar con excepción de los días conmemorativos de cada arma, tropa técnica o servicio.


El Tala

Compuesta por el maestro José Giribone, fue compuesta sobre el parche de un tambor y rememora la batalla del mismo nombre. Esta vibrante marcha militar, fue la preferida en las campañas de Cepeda, Pavón y el Paraguay. Actualmente se ejecuta para rendir honores a los Generales de División.

Ituzaingó


Es una de las marchas más antiguas de la época independiente ejecutada por las bandas de música de nuestro Ejército. Según la tradición, el emperador del Brasil Don Pedro I, que era aficionado a la música, la habría compuesto en homenaje a lo que preveía como victoria militar a sus Ejércitos, en la guerra contra nuestro país. Lo cierto es que el 20 de febrero de 1827, luego del violento encuentro armado en Ituzaingó, las tropas imperiales se retiraron derrotadas dejando a retaguardia armas y bagajes. En una de las carpas, se habría encontrado la partitura original de la marcha mencionada, considerada botín de guerra. Otra versión dice que fue hallada en la mochila de un soldado brasileño muerto. Fue ejecutada por primera vez el 25 de mayo de 1827, en la formación realizada por el Ejército en operaciones. Actualmente se ejecuta para rendir honores a la Bandera Nacional de Guerra y al Presidente de la Nación”.


Mi Bandera


Marcha militar cantada cuya música fue compuesta por el maestro Juan Imbroisi, nacido en Paola-Italia en 1866, posteriormente se radicó en la argentina continuando sus estudios de armonía y composición musical en la ciudad de Córdoba, en 1889 ingresó al Ejército desempeñándose como Director de Banda. En 1906 integró la Escuela de Música Militar. En 1907 actuó como Director de la Banda Militar del Regimiento 7 de Infantería, donde figuraba como maestro de Banda Cayetano Silva y cumplía el Servicio Militar Obligatorio Alberto Cifolelli, sus estudios e inspiración natural lo llevaron a componer una serie de obras de carácter militar y, casi exclusivamente dedicadas a los Soldados argentinos, tal es el caso de la marcha “Mi Bandera”, que fue entonada por primera vez por los Conscriptos de Campo de Mayo en 1906. Los versos de esta composición fueron tomados del poema “A mi Bandera” del poeta, periodista, político y parlamentario Juan Chassaing, que escribiera con motivo de la batalla de Cepeda en los Cuarteles de San Nicolás de los Arroyos en el año 1859.


San Lorenzo


Marcha militar del maestro Cayetano Alberto Silva quien, según cuentan, la escribió casi en su totalidad sentado en un banco de la plaza San Martín de Venado Tuerto. Fue compuesta en honor al combate del mismo nombre y bautismo de fuego de los Granaderos de San Martín en el año 1813. Fue ejecutada por primera vez el 30 de octubre de 1902 al inaugurarse el monumento al General San Martín en Santa Fe, acto que fue presidido por el General Julio A Roca, durante su segunda presidencia, acompañado por el entonces Ministro de Guerra Coronel Pablo Ricchieri, quien sumamente impresionado por la calidad de la composición, por decreto, la designó marcha militar de desfile del Ejército de esa época. Inicialmente el autor la tituló “San Martín”, pero teniendo en cuenta que el monumento inaugurado se encontraba emplazado en la provincia de Santa Fé, lugar donde se había librado el Combate de San Lorenzo y, revistando él como Director de la Banda Militar del Regimiento 9 de Infantería con asiento en dicha localidad (que a su vez era el lugar de nacimiento del Ministro de Guerra y de quien era muy amigo), decidió titularla con el nombre del primer combate que libró San Martín en América. En 1908 el Profesor Carlos Javier Benielli, escribió la letra que describe adecuadamente dicho combate, concordando perfectamente los versos con la música, completando de esta forma la partitura musical del maestro Silva.


Posteriormente a Cayetano Silva la vida lo castigó y debió partir hacia Rosario, donde ejerció su profesión y finalmente terminó siendo policía. Al morir en 1920 por serios problemas de salud, esa institución le negó sepultura en el Panteón Policial por ser de raza negra, motivo por el cual debió ser sepultado sin nombre.


Sus restos fueron trasladados en el año 1997 al Cementerio Municipal de Venado Tuerto, a través de gestiones efectuadas por la Asociación Amigos de la Casa Histórica “Cayetano A. Silva”. Esta casa, sede del Museo Regional, Archivo Histórico y sede de la Banda Municipal tiene domicilio en Maipú 966 Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, y este resulta el domicilio donde vivió su compositor.


El 6 de junio de 1944, conocido como el “Día D”, los aliados iniciaron el desembarco de un ejército más de 150 mil soldados (73.000 norteamericanos y 83.000 británicos y canadienses) sobre las playas de Normandía. Fue la batalla más devastadora de la historia. Al amanecer del día siguiente del final de los combates, el Comandante en Jefe de las operaciones, general Dwight David Eisenhower caminaba pensativo observando la baja moral de sus tropas. Es que pese al triunfo aquello era dantesco. Los muertos y heridos se contaban por millares y el cansancio y la impotencia estaba haciendo estragos en esas almas.


Conocedor de su oficio, el General llamó a la banda, formó las tropas y dio la orden de ejecutar aires marciales para elevar la moral de los combatientes. No hizo falta mucho tiempo para que empezaran a resonar los sones de una marcha escrita muy lejos de allí y cuyo autor la ejecutara por primera vez en el violín para arrullar el sueño de su pequeña hija en febrero de 1901.


Nuestra Marcha no sólo estuvo en Normandía, con el tiempo se hizo famosa en otros países, hasta ser ejecutada el 22 de junio de 1911 durante la coronación del rey Jorge V, y con la autorización previamente solicitada a nuestro país por el gobierno inglés. Lo mismo ocurrió para la coronación de la reina Isabel, actual soberana inglesa. Además, se ejecuta en los cambios de guardia del palacio de Buckinghan, modalidad que fue suspendida en el tiempo que duró la Guerra de las Malvinas. También fue tocada por los alemanes en París durante la Segunda Guerra Mundial marchando por las calles de esa ciudad. Curiosamente también el general Eisenhower la hizo ejecutar (nuevamente) al ingreso triunfal del ejército aliado que liberara a los franceses.


Subteniente De Caroli


Marcha militar para Caballería, fue compuesta por el maestro de Banda D Domingo Maracci, el autor inspiró su obra en la figura del último oficial de Caballería caído en acción durante la Campaña Civilizadora del Chaco Argentino. El Subteniente De Caroli, cuya memoria se perpetúa en esta marcha militar, rindió el generoso tributo de su sangre en aras de la pacificación de estas tierras, hasta entonces sometidas al azote del indio. No fue un héroe de guerra de conquista, sino un joven Oficial, mártir de la paz armada, a cuyo conjuro se cerró el ciclo de la barbarie, para instaurar el absoluto imperio del orden y el progreso.


Viejos Camaradas (Alte Kameraden)

Según Alejandro Díaz Bialet esta marcha tuvo su origen en la guerra Franco-Prusiana de 1870, en la que Otto Bismarck encargó al compositor Karl Teike una composición musical militar que fuera motivación suficiente para la derrota de los ejércitos franceses, coincidiendo con la presencia inaugural de la artillería, ensamblada con los novísimos cañones Krupp.

Recordemos que la derrota de Francia fue total, al punto que los ejércitos prusianos ocuparon París y tomaron prisionero al emperador Napoleón III, recuperando el control territorial de Alsacia y Lorena.

En 1910, para sumarse a la Exposición Internacional y a la conmemoración del Centenario, el Kaiser envió su Banda a Buenos Aires, siendo financiada por el Senador Krupp. La Banda permaneció aquí más de un mes y tocaba en el Pabellón Alemán, en el predio que hoy ocupa el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”. Entre sus composiciones más ejecutadas estuvo “Viejos Camaradas”, la cual, requerida a Alemania, fue incorporada al Registro de Música Militar.

Análogamente, ésta Banda dirigida por el Capitán y Barón Odelga, tuvo oportunidad de escuchar “San Lorenzo” y solicitada la pertinente autorización, se la llevó al Viejo Mundo.

Marchas y toques del Ejército Argentino


Arbol Solo

Arriba Jinetes

Artilleros adelante

Aurora

Avenida de las Camelias

Ayacucho

Azulada Bandera del Plata

Bahia Blanca

Benjamín Matienzo

Bicentenario Argentino

Bortagaray

Canción del Colegio Militar

Canción del Infante

Cancion del Ingeniero

Capibary

Centenario Argentino

Chasqui de Guerra

4 de Linea

Cura Malal

Curupaytí

Defensa de Buenos Aires

Diana del Parque

Diego Pereyra

12 de Linea

Dulce Patria

Ejército Argentino

Ejército Nacional

El Tala

El Uno Grande

Escuela de Infanteria

Escuela de Tropas Mecanizadas

Estado Mayor Conjunto

General Belgrano

Gral Fraga

Gral Mitre

General Urquiza

Gloria o Muerte

Gran Capitán de los Andes

Gran Marcha Triunfal de La Plata

Himno al Libertador Gral. San Martín

Himno a Sarmiento

Himno Nacional Argentino

Inspección de Bandas Militares

Ituzaingó

Los Patricios

Malvinas Argentinas

Marcha de los Fusileros

Marcha del Reservista

Mendoza

Mi Bandera

8 de Infanteria

11 de Linea

Patricios

Punta Congreso

Reconquista

Retreta del Desierto

San Lorenzo

Sargento Cabral

6 de Caballería

Silencio

Subteniente De Caroli

Suipacha

Tte Donovan

Tiro Federal

3 de Caballeria

Trote Granaderos a Caballo

Victorica


Marchas y toques de la Armada Argentina

La música más frecuentemente escuchada a bordo de los barcos de guerra, hasta bien avanzado el Siglo XIX, eran los toques ejecutados con corneta, silbato marinero, tambor y pífano, trasmitiendo órdenes o rindiendo honores o saludos. Cuando se interpretaban marchas, siguiendo la modalidad española, eran las mismas de ordenanza del Ejército. También se agrega la vieja tradición de los cantos marineros y de las salomas, estas últimas sones cadenciosos que se utilizaban para hacer simultáneo el esfuerzo físico en las tareas a bordo.

Las marchas navales son relativamente modernas, ya que la presencia de bandines en los barcos mayores comienza a ser más usual desde la segunda mitad del Siglo XIX. Las bandas más antiguas de la Armada son las bandas lisas que tuvieron sus unidades de Infantería de Marina y de Artillería de Mar durante la época de las guerras de la Independencia y contra el Brasil. Las bandas navales comenzaron a tener existencia orgánica en la Armada Argentina hacia ada Aérea


Acorazado Moreno

Antártida Argentina

Armada Argentina

Arsenal Zárate

Fragata “La Argentina”

Marcha de la Armada

Rumbo al Mar

Stella Maris

Victoria de Juncal


Marchas de la Fuerza Aérea Argentina


Cuarta Brigada Aérea

Fuerza Aérea Argentina


Fuente

Armada Argentina.

Brevet, Michel – Diccionario de la Música – 1946.

Círculo Militar.

Ejército Argentino.

Fuerza Aérea Argentina.

Germinal Sancineti, Cnl Bda (R) Nicolás – Bandas Militares – Buenos Aires (1996).

Portal www.revisionistas.com.ar

Repolles, José – Grandes músicos.

Servicio de Bandas Militares del Ejército Argentino.

Turone, Oscar A. – Patricios de Vuelta de Obligado

Zamora, Tcnl Bda Dionisio Antonio – Síntesis histórica del Servicio de Bandas Militares del Ejército Argentino


Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar