Luigi Viale

Estatua de Luigi Viale en su primer emplazamiento del Cementerio de la Recoleta

Descendiente de familia patricia, nació en Chiavari, Génova (Italia), en 1815. Llegó a la Argentina, siendo muy joven, junto a su familia fugitiva en cuanto comprometida por la causa liberal del Risorgimento, radicándose en San Nicolás de los Arroyos (Prov. de Buenos Aires). Asociado con su hermano Emilio, realizó negocios en Buenos Aires, Corrientes y el Paraguay. En San Nicolás fue electo miembro de la Corporación municipal y el 26 de junio de 1862 fundó la sociedad de socorros mutuos “Unione e Fratellanza”, que fue la cuarta sociedad de su tipo en Argentina, siendo Viale su primer presidente.

Hallándose en Corrientes, salvó la vida del señor Francisco Giménez que había estado a punto de ahogarse en el Paraná.

Participó en 1853, en la fundación del Hospital Italiano de Buenos Aires; sus contribuciones económicas le señalaron como gran benefactor.

En 1871, al producirse la epidemia de fiebre amarilla que asoló a Buenos Aires, luego de resguardar a su gente en una quinta del pueblo de Moreno, retornó para dedicarse al cuidado de los enfermos, actuando con decisión en los trabajos de la Comisión Popular. En ese año organizó la fundación del Banco de Italia y Río de la Plata, junto con el conde Antonio Devoto y los señores Marcos Demarchi, Giuseppe Piaggio, Nicola Schiaffino y Aquiles Maveroff, pero no pudo firmar el acta fundacional, en marzo de 1872, porque pocos meses antes, un famoso y trágico accidente le quitó la vida.

El domingo 24 de diciembre de 1871, en vísperas de las tradicionales fiestas de Navidad y Año Nuevo, numerosas familias porteñas partían hacia las quintas de San Isidro, Belgrano y Flores, para celebrarlas. Otras, en cambio, lo hacían a la vecina orilla uruguaya en el vapor de matrícula italiana “América” (1) la última palabra de la ingeniería naval de la época, al mando del capitán Bartolomeo Bossi (2). Entre estas últimas viajaba también Luigi Viale, debido a la enfermedad de su sobrino Aurelio residente en Montevideo; en un principio había pensado realizar el viaje en el vapor ‘’Villa del Salto’’ pero como en el puerto de Buenos Aires se encontró con su amigo Augusto Marco del Pont acompañado de su esposa Carmen Pinedo Quesada (3), a último momento decidió cambiar su pasaje para hacer la travesía junto a ellos en el ‘’América’’.

Poco antes había partido el “Ciudad de Salto”, nave de la competencia, que también hacía el servicio de la carrera Buenos Aires-Montevideo. Durante la serena y oscura noche el capitán del “América” hizo forzar las calderas para llegar antes que la otra nave, partida horas antes. Pero su impericia, problemas en la nave o simplemente el Destino, le jugaron una mala pasada al capitán y los numerosos pasajeros. De improviso a la altura de Punta San Gregorio, en altas horas de la noche, al estallar un incendio a bordo, se oye un fuerte estampido, aumentado por el vapor que salía de la chimenea. El fuego sube a cubierta, el agua hirviente de la caldera se esparce sembrando la muerte. Sólo se escucha el grito de: “¡Fuego! ¡Fuego!”. Es cuestión de elegir entre morir carbonizado o arrojarse al río. En cada camarote hay salvavidas, pero en medio del pánico pocos atinan a buscarlos. El fuego consume todo rápidamente, hasta los botes se incendian. El capitán Bossi se pone el salvavidas y se lanza al agua, demostrando más que aprecia su propia vida que el honor, pues se considera que un capitán debe hundirse con su propio barco. La tripulación del “América” imita el gesto cobarde de su Comandante y se arroja al agua en el único bote que no se ha consumido. Uno de los pasajeros, el naturalista Germán Burmeister, maldice a Bossi antes de saltar al agua. “¡Lo mataría como a un perro!”, se le oyó decir. El fuego dividió la nave en dos partes que llevó rápidamente al hundimiento. Los pasajeros se fueron arrojando al agua, donde muchos perecieron y otros fueron salvados por la nave “Villa del Salto”. En cierto momento, Viale vio que la señora Marcó del Pont dudaba en arrojarse al agua por carecer de salvavida: Viale se quitó el suyo y ayudado por el esposo de ella, se lo colocó. Ésta así salvó la vida, a diferencia de ambos hombres que desaparecieron bajo las aguas.

Después del rescate, Carmen Pinedo de Quesada permaneció en Montevideo durante algunos meses reponiéndose del “estado de melancolía”, n que quedó sumida. Más tarde regresó a Buenos Aires, para dar a luz a su hija Sissy, el 8 de julio de 1872. Dicen que el drama la marcó de tal manera que nunca volvió a referirse a él. Un rictus amargo la acompañó durante toda su vida.

El mismo día del hundimiento del “América”, donde encontraron la muerte 141 personas sobre un total de 208 pasajeros, Buenos Aires se conmovía con la noticia de la tragedia y el gesto heroico de Viale se repetía con admiración.

Poco tiempo después, por iniciativa del doctor José Marcelino Lagos en carta dirigida al director del diario “La República”, se constituyó en Buenos Aires, una comisión presidida por José Murature, para erigir un monumento por suscripción popular a la memoria del héroe.

El 24 de diciembre de 1893, se inauguró en el Cementerio del Norte –lugar finalmente elegido por el Concejo Deliberante-, una estatua a Luigi Viale, obra del escultor italiano Eduardo Tabacchi. El bronce muestra a un hombre con salvavidas en la mano en actitud de ofrecimiento. De cuerpo entero, espigado y alto; inclinado sobre el río, sostiene en su mano el salvavidas, con el brazo levemente echado hacia atrás, como tomando impulso en ademán de arrojarlo. Debajo, sosteniendo la épica figura, el enorme pedestal de mármol, tiene tres placas alusivas al héroe. El monumento fue trasladado en 1928 a uno de los espigones del nuevo Balneario Municipal (Costanera Sur), e inaugurado el 26 de julio de 1937.

Los restos de Luigi Viale yacen en el Cementerio de Campana (Prov. de Buenos Aires). Una calle de la ciudad recuerda también la memoria del bravo italiano a la posteridad.

Referencias

(1) El vapor “América” era una joya de la navegación fluvial, un verdadero palacio flotante. Había sido construido en los astilleros Mc Kay, de Aldrey, Boston, en 1868 y fue botado el 22 de febrero de ese mismo año. Era del tipo de los que navegaban en el río Mississippí y fue adquirido por el comandante Bossi y dos socios accionistas: Samuel H.Hale y Zumarán. Llegó al puerto de Buenos Aires en setiembre de 1868. A partir de ese momento fue el preferido de porteños y orientales, pues reunía buen gusto y confort.
(2) Bartolomeo Bossi nació en Génova en 1819 y fallecido en Niza en 1890. Llegó al Río de la Plata en 1838, con 19 años de edad. Se graduó en la Escuela de Náutica de Buenos Aires. Estaba casado con la hija del general Castro Cáseres.
(3) Sobrina del ministro Federico Pinedo. Este matrimonio había decidido en un principio, viajar en el “Villa del Salto”, vapor que era más navegable que el “América”, aunque tenía menos lujos. Carmen se opuso, tal vez porque la fama de éste último lo hacía el predilecto de la alta sociedad.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1985).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Nougués de Monsegur, Clara H. – Hundimiento del vapor “América” – BCN, Nº 805, Buenos Aires (2002)
Portal www.revisionistas.com.ar
Varese, Juan Antonio – Incendio y naufragio del vapor “América” en la Navidad de 1871 – Montevideo (2010)

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El naufragio del América

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