Despensa “La Diagonal”

En la calle Belgrano esquina Vélez Sarsfield de la localidad de Carmen de Areco, en la provincia de Buenos Aires, se ubica la Despensa “La Diagonal”, hermosa edificación que mantiene intactas su fachada e interiores. Quiero dejar consignado aquí, en estas líneas, que el lugar fue descubierto casi por casualidad, cuando al pasar por la calle antes nombrada notamos la antigüedad del establecimiento, el aspecto de sus rejas alargadas y su reminiscencia de mojón solidario para con el paisanaje de ayer y de hoy, características, éstas, por demás suficientes para echar pie en tierra y adentrarse en las instituciones de la añorada patria gaucha.

Deben creerme los lectores de esta publicación, si doy aviso de que la Despensa “La Diagonal” no figura en los folletos turísticos de la zona ni en la memoria dispersa de algunas personas que, viviendo a unas pocas cuadras del lugar, no tienen idea de su existencia ni del origen de este reducto. Pues bien, con la curiosidad puesta en el norte sumado a la intuición propia de quienes sabemos estos mojones tienen algo para contarnos, traspusimos la puerta de madera y doble hoja, resultando de ello un encuentro con nuestros orígenes camperos.

La escena era digna de lo que esperábamos observar: estantes grises con algunas botellas legendarias, mostradores gastados llenos de publicidades desaparecidas, copas de pulpería dadas vuelta, luces y sombras en telúrica combinación y, desde luego, infaltables parroquianos que apuraban una cerveza y hablaban graciosamente con El Vasco, hombre de bonachona estampa y boina de color negra que atendía a los clientes.

El frío del otoño ya había despertado el apetito de mi padre y mío también, por lo tanto, nos dirigimos directamente al Vasco para suplicarle por un poco de fiambre y queso. Y como éramos en este sitio unos auténticos forasteros, era menester romper el hielo de alguna manera, como para entrar en confianza, la cual se presentó más rápidamente de lo esperado. Tuvimos el afán de decirle a los tres parroquianos (todos jóvenes) y al Vasco de que nos gusta recorrer lugares viejos de la provincia de Buenos Aires para describirlos y hacer notas para sendas páginas de divulgación histórica que manejamos. Y yo no sé si era la Providencia o quién, pero ahí nomás, ni bien decidimos presentarnos ante los habitué de la Despensa “La Diagonal”, surgió, mágicamente, una predisposición súbita y emocional de parte de todos ellos para brindarnos algunos datos del lugar, y para comentarnos, gozosos, de que “el próximo Lunes 1º de junio de 2015, el municipio de Carmen de Areco va a venir a poner una placa a este lugar por cumplir cien años de vida”. ¡No lo podíamos creer!

Su interior

A simple vista, el lugar es lo que manifiesta su cartelera: se trata de una despensa, hoy, pero si establecemos que es del año 1915 bien pudo tratarse de un almacén de ramos generales. Hace un siglo, Carmen de Areco era un caserío atrapado en medio de un campo infinito, y esto bien se deduce al contemplar su población actual, de apenas 14 mil habitantes. La Despensa “La Diagonal” no llegó a ser pulpería, pues nunca contó con rejas que dividían al pulpero de sus parroquianos. Es, pues, una despensa donde “se puede tomar algo, porque el Vasco por ahí muy de vez en cuando puede cortar un poco de queso o salamín. Pero acá es más que nada para venir a tomar una cerveza o licor”, aseveraba uno de los presentes.

Dentro, la centenaria despensa consta de un único ambiente de mediana dimensión, mientras que sus mostradores se disponen en forma de ‘L’, los cuales están separados –o unidos, de acuerdo a cómo se lo tome- por una pequeña puerta enrejada de baja altura ubicada en el vértice de aquella disposición. Esta es, digamos, la única ‘frontera’ entre los clientes y el bolichero.

Había otros elementos más que llenaban la escena de esta institución del campo bonaerense próxima a ser reconocida, como la vieja balanza, los estantes que servían para almacenar el azúcar o la yerba, y las paredes despintadas llenas de marcas del paso del tiempo. Rubén, uno de los jóvenes que se había detenido en el sitio para degustar un copetín al paso, me decía con justa razón: “Acá hay plata para pintar las paredes o arreglar el boliche, pero de hacerse esos arreglos se pierde la originalidad. A esto hay que dejarlo así, tal cual como está”. No pude estar más de acuerdo con lo que me decía, porque en el fondo se vislumbra el genuino aprecio que se tiene por lo auténtico, por aquello que se mantiene en estado de pureza, con sus historias y con sus huellas.

En seguida, me animé en una entretenida conversación con Rubén y con El Vasco, de quien supe se llamaba Francisco Rubén Jimenez:

Gabriel O. Turone (GOT): -¿Así que el lunes la Despensa “La Diagonal” cumple 100 años?

Rubén (R): -Le ponen la placa por los cien años, pero el lugar tiene más de cien años porque uno de los fundadores murió a los 90 años, y viene a hacer como veinticinco años que murió. Entonces, calculale cuántos años tiene “La Diagonal”. Ahora está la hija del primer dueño, su hija y su nieta, que viven atrás de la despensa. Una cadena familiar.

Francisco Rubén Jimenez (FRJ): -Este almacén está a nombre de la nieta del fundador ahora.

GOT: -¿Cuál es su nombre?

FRJ: -Francisco Rubén Jimenez.

GOT: -¿Cuánto hace que trabaja acá?

FRJ: -Yo hace dos años y medio, pero a la dueña la conozco de hace mucho tiempo. Yo vengo y ayudo, le doy una mano. Yo vine en el año 1968 a Carmen de Areco. Soy entrerriano. Y me acuerdo que ya en el año ’69 venía y jugábamos al truco en esa mesa (me la indica).

GOT: -¿Cuál es el nombre de la mujer, de la dueña actual?

FRJ: -Mariana Verónica Nicola, que es la nieta del primer dueño de “La Diagonal”.

R: -La hija del dueño vive, tiene 91 años.

GOT: -Entonces, vaya uno a saber la antigüedad del lugar, ¿no?

R: -Y, vos fijate por ejemplo los tirantes que tiene, no existen más, o la madera de los mostradores… ¡No se hace más esto!

Rubén me terminó explicando de su amor por esta despensa, a la que viene cada tanto. Yo le agradecí el que me haya brindado algunos detalles del lugar, e incluso lo felicité porque a su corta edad sabe apreciar los orígenes de las cosas.

En cuestión de minutos, se fueron yendo los parroquianos que habíamos visto ni bien ingresamos a “La Diagonal”, y El Vasco, como de costumbre, empezaba a cerrar las ventanas que daban a la calle y a poner maderas sobre los vidrios para que todo quedara en penumbras. “Acá cerramos a alrededor de las 13 horas para el almuerzo y para una siestita”, dijo.

Nos fuimos del lugar rumbeando hacia los pagos de Pergamino, distante unos 100 kilómetros de Carmen de Areco. Hacía algo más de veinte minutos que habíamos entrado a esta despensa que guardaba recuerdos y secretos de un siglo. Milagrosos veinte minutos que nos separaron de la ignorancia –esa fatalidad- y que nos habían permitido conocer la breve historia de una pequeña grande institución de nuestra Argentina profunda.

Por Gabriel O. Turone

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