Las guerras civiles

Gervasio Antonio de Posadas (1757-1833)

Como consecuencia del descrédito en que ha caído el Triunvirato y de las hábiles intrigas políticas de Carlos de Alvear, la Asamblea General Constituyente ordenó el 22 de enero de 1814 que el poder ejecutivo (administración del gobierno) se concentre en una sola persona con el título de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Puede afirmarse que para entonces el centralismo porteñista y las intrigas “logistas” han provocado gradualmente un endurecimiento en las relaciones con Artigas, el gran caudillo oriental que levanta en el Río de la Plata las primeras banderas federalistas.  Artigas viene luchando desde 1811 contra los realistas y contra los invasores portugueses, que tratan de disputarle a los primeros el predominio en la Banda Oriental.  Es hombre de probada integridad, y en carta a Sarratea ya le ha advertido a los hombres del puerto que no hay circunstancia capaz de reducirlo a variar de opinión.  “Esclavo de mi grandeza –afirma Artigas-, sabré llevarla a cabo dominando siempre de mi justicia y razón.  Un lance funesto podrá arrancarme la vida, pero no envilecerme.  El honor ha formado siempre mi carácter; él reglará mis pasos”.

Si los hombres del Triunvirato parecían aceptar la idea de la autonomía de la Banda Oriental en un sistema de confederación, la Asamblea del año 13 –expresión neta del régimen porteñista- concluye por rechazar a los diputados enviados por Artigas, a quienes se ha indicado “pedir  la declaración de la independencia absoluta” y no admitir otro sistema que el de “confederación” en el seno de un gran Estado nacional.

Estas circunstancias, a las que se suman las maniobras de Rondeau para desplazar al caudillo oriental y digitar la elección de nuevos representantes que obedecieran a la Logia Lautaro, determinan que Artigas se retire del sitio de Montevideo a comienzos del mismo año de 1814.

Uno de los primeros actos del nuevo gobierno directorial será poner fuera de la ley a Artigas, a quien se acusa de traidor y enemigo de la Patria.  El decreto, firmado por Posadas el 11 de febrero de 1814 –casi simultáneamente con la decisión de Entre Ríos de nombrarlo en calidad de “protector”- será el comienzo de una larga secuencia de enfrentamientos y combates, que se irán encadenando hasta el derrumbe del federalismo histórico en los campos de Caseros, Pavón, Naembé y Alcaracito.

El dilatado período de las guerras civiles se inicia con las acciones de El Espinillo (22 de febrero de 1814), de Las Víboras (26 de febrero de 1814), de Las Piedras (24 de junio de 1814), entre los artiguistas de Chiribao, Otorgues, Frutos y Basualdo, y los porteños mandados por Alvear.

De la Banda Oriental el conflicto salta a Entre Ríos, y de allí a Santa Fe.  Corrientes, por su parte, se pliega al sistema federativo en ese mismo año de 1814.

El prestigio y la influencia de Artigas crecen y se extienden por el Litoral, en tanto que el predicamento del Directorio se ve sensiblemente deteriorado por sus tentativas de negociar con el repuesto Fernando VII.  Las desesperadas tentativas de Alvear, el sucesor de Posadas en el Directorio, no tienen mayor éxito, e inclusive puede afirmarse que ahondan la brecha; en 1815 el Director Alvear gestiona ante Lord Strangford el protectorado inglés.

La guerra de las montoneras provincianas, coaligadas bajo la bandera tricolor de Artigas, recrudece y aplasta a los ejércitos porteños de Viamonte y Soler.  Alvear desata entonces una verdadera lucha de exterminio.

Con respecto a la impopularidad de Alvear nos informa Ignacio Alvarez Thomas en su “Memorandum” biográfico: “El descrédito de la administración que producía entonces el general Alvear era tan pronunciado en la capital como en las demás provincias de la Unión, en donde su autoridad se obedecía tibiamente, habiéndose el ejército del Perú sustraído enteramente de su dependencia.  Por todas partes resonaba el eco de indignación contra la facción dominante, acusada de malversación en las rentas públicas y de parcialidad en la distribución de los empleos.  Las mismas tropas que él reputaba de su confianza, participaban del descontento general, y simpatizaban con la necesidad de una reacción en el cuerpo político”.

Lo expresado por Alvarez Thomas explica, en gran medida, la sublevación de las tropas a su mando en el célebre “Motín de Fontezuela” (3 de abril de 1815), que provoca la ruidosa caída del Director Alvear.

La crisis de 1815 –precursora en cierta medida de Arequito y del Año 20- y la consiguiente defenestración de Alvear, a quien reemplaza Alvarez Thomas, no modifica sustancialmente el crítico panorama que ofrecen las provincias de la Unión.  Se afianzan, sí, las ideas de autonomismo y confederación, particularmente en las provincias de la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe y Córdoba, que responden a las banderas federales, republicanas y democráticas de Artigas, rehabilitado convenientemente por Alvarez Thomas.  La reunión de un nuevo Congreso en Tucumán actualizará poco después las fricciones entre el caudillo oriental y los “directoriales” de Buenos Aires.  Artigas sustentará una vez más el principio de la libre determinación de los pueblos –“Los pueblos están libres y son árbitros de decidir su suerte”-, y obtendrá, como toda respuesta, la ocupación de Santa Fe, que queda sometida –a través de un gobernador títere impuesto desde Buenos Aires- a los designios centralistas del Directorio porteño.

El 18 de mayo de 1815, entretanto, Juan Bautista Bustos es ascendido por el gobierno reivindicador de Alvarez Thomas al cargo de coronel, que pasa a desempeñar en el Regimiento de Infantería Nº 2, el mismo que creara en 1810 la Junta Gubernativa sobre la base del 3er. Regimiento de Patricios y varias compañías de indios naturales pertenecientes al Cuerpo de Castas.

Al frente de ese Regimiento, que fuera comandado por su antiguo jefe, el coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, Bustos es destinado, junto con el general Domingo French, a reforzar el Ejército del Norte, al mando del general Rondeau.  En la marcha ambos jefes van reclutando voluntarios en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero, llegando a Tucumán el 11 de octubre.  Al pasar por Salta, el futuro caudillo entrará en cordiales relaciones con el general Martín Miguel de Güemes, quien habrá de facilitarle al paso hacia el Alto Perú.

El 21 de octubre de 1815 el general Rondeau sufre el desastre de Venta y Media –en el que José María Paz recibe su famosa herida en el brazo derecho- y poco después (29 de noviembre de 1815) es vuelto a batir por los realistas de Pezuela en la trágica acción de Sipe-Sipe.

Reemplazado el general Rondeau en la jefatura del Ejército del Norte por el general Manuel Belgrano, el entonces coronel Juan Bautista Bustos, dadas sus condiciones morales y patrióticas, llegará en poco tiempo a ser uno de los oficiales de confianza del creador de la Bandera, tal como lo consignan documentos y crónicas de la época, e inclusive el mismo general Paz en sus “Memorias”.

En enero de 1816 el Regimiento 2 de Infantería ocupa Jujuy, y al mes siguiente prosigue con el resto del Ejército hacia Humahuaca, de donde regresa a Salta en el mes de marzo.  La situación exterior, mientras tanto, es compleja y por momentos alarmante.  En Chile la reacción realista encabezada por Osorio se afirma a partir de la derrota de O´Higgins en Rancagua.  Se habla, con insistencia, de los preparativos de una expedición española que trataría de recuperar los territorios perdidos a partir de 1810.

En marzo de 1816 Estanislao López se levanta contra el gobierno “porteñista” de Tarragona y expulsa de la provincia al ejército comandado por Viamonte…  Santa Fe es ahora el nuevo escenario de las guerras civiles…  Entretanto crecen los rumores de una alianza en Buenos Aires y la Corte de Río de Janeiro sobre la base de la ocupación de la Banda Oriental y la coronación de Juan VI como Emperador de América…  Santa Fe y Entre Ríos se coaligan para derrocar al Director Alvarez Thomas (6 de abril de 1816).

El Congreso de Tucumán se reúne y delibera bajo este clima, en el que las intrigas arrecian.  Manuel J. García, el hombre de las turbias combinaciones, propone al Director Balcarce, sucesor de Alvarez Thomas, la idea de concluir con un caudillismo federal mediante el mencionado arreglo con el Brasil.  Sugestivamente, a mediados de 1816, se produce la invasión portuguesa a la Banda Oriental.  La irritación y las sospechas cunden y provocan la caída de Balcarce, que se verifica casi simultáneamente con la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816).

La usurpación portuguesa mueve a Pueyrredón –el nuevo Director porteño- a buscar un arreglo con los hombres del Litoral.  Pero sus propósitos conciliatorios se ven frustrados por la acción de Eustoquio Díaz Vélez, que desobedece las instrucciones de abandonar Santa Fe y provoca la airada reacción de los santafecinos, acaudillados en la emergencia por Estanislao López.

La indiferencia porteña frente a la invasión de la Banda Oriental –que reiteradamente expresa su voluntad de incorporarse a las Provincias Unidas-, sumada a los tan vapuleados proyectos monarquistas (sintetizados ahora por el plan amalgamador de Manuel Belgrano, ferviente propagandista de una suerte de alianza dinástica entre un príncipe inca y una princesa lusitana) renuevan las inquietudes de las provincias.  Un testimonio elocuente de este estado de inquietud y efervescencia que sacude al país es el alzamiento del santiagueño Borges, reprimido a fines de 1816 por las fuerzas del Ejército de Norte que comandaba Bustos y Aráoz de Lamadrid.  Por su participación en la campaña contra Borges, a órdenes del general Belgrano, se le concede al jefe cordobés una distinción especial, la de los “Restauradores del Orden”.

A comienzos de 1817 el general San Martín concreta por fin su plan de cruzar la cordillera de Los Andes y atacar a los realistas en su reducto chileno.  Se combate por la Independencia en Chile, Salta, el Alto Perú y la Banda Oriental, escenario de las acciones de Putaendo, Chacabuco, San Andrés, San Pedrito, San Borja, Guasco, La Laguna, Tarija, Cachimayo, Aguapey, Toledo, etc..  Entre Ríos, por su parte, se convierte en escenario de las luchas civiles, al ser invadido por las fuerzas de Buenos Aires que combaten contra el caudillo federal Francisco Ramírez.

Pueyrredón maneja el problema “invasión portuguesa” con cierta flexibilidad oportunista.  Si por un lado brinda apoyo tibio y formal a Artigas, para salvar las apariencias frente a las críticas populares, por el otro negocia con los lusitanos y se asegura la absoluta inviolabilidad de la orilla occidental del Plata.

Mientras se replantea con creciente vigor el asunto de la implantación de una monarquía, el Directorio soborna a aquellos pequeños caudillos, como Hereñú, para hacer frente a la influencia de Artigas sobre las provincias litorales.  Esta maniobra, sin embargo, es frustrada por el general entrerriano Ramírez, que enfrenta a los caudillos sublevados y los derrota en Arroyo de Ceballos el 25 de diciembre de 1817.  Entre Ríos, con Ramírez a la cabeza, resiste heroicamente a la invasión porteña, comandada en la ocasión por el general Balcarce.

Los errores políticos del Directorio y del Congreso provocan su progresivo aislamiento de la realidad nacional, mientras arrecia la guerra en el Litoral.  Los caudillos federales deben hacer frente, en forma simultánea, a las agresiones porteñas y a los ataques que perpetran las fuerzas lusitanas sobre Corrientes, Misiones y las costas del río Uruguay.

En julio de 1818 Estanislao López depone al oscilante gobernador Vera y reanuda las hostilidades.  Se encomienda la represión a Balcarce, que actúa con las fuerzas porteñas acantonadas en San Nicolás, sobre las costas del Arroyo del Medio, y a las tropas del Ejército del Norte concentradas en Córdoba bajo la jefatura de Juan Bautista Bustos.  En defensa de las autonomías provinciales, y en cumplimiento de órdenes superiores, Bustos derrotará en dos oportunidades al que después de Arequito se convertirá en su “amigo y compañero”.  Luego de la batalla de Fraile Muerto (hoy Bell Ville), el gobierno de Buenos Aires oficiará al Gobernador Intendente de Córdoba, con fecha 24 de noviembre de 1818: “…impuesto el Gobierno con satisfacción de la victoria conseguida sobre los anarquistas al mando del rebelde Gobernador de Santa Fe, a esfuerzos del valor y heroica intrepidez con que la división al cargo del benemérito Coronel Mayor don Juan Bautista Bustos se ha hecho acreedor a la eterna gratitud de nuestros conciudadanos…”  Desde Jujuy, el 2 de enero de 1819, el general Güemes dirá: “Con la mayor satisfacción he recibido el parte del señor Comandante en Jefe de la Expedición contra Santa Fe que a V. S. dirige el señor Coronel Mayor don Juan Bautista Bustos, en los felices resultados que han obtenido las armas de su mando contra los anarquistas.  En el momento los comuniqué a los Jefes de vanguardia y Comandantes militares para que en unión de sus compañeros celebrasen este suceso, dando un público testimonio del singular empeño que toman en la unión a la Suprema autoridad que nos rige”.  Bustos, en esa contingencia, enfrenta al gobernador de Santa Fe –que más tarde será su aliado y amigo- por sus intentos de violar la autonomía provincial.  Bustos defenderá la integridad de su provincia natal, que está bajo su custodia, considerando los avances de López como eminentemente usurpatorios.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Núñez, M – Bustos, el caudillo olvidado – Cuadernos de crisis – Buenos Aires (1875).

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