Rosas y los pueblos fronterizos

Juan Manuel de Rosas, general Angel Pacheco y coronel Manuel Corvalán – Expedición al Desierto (1833-1834)

A partir de la olvidada Expedición al Desierto emprendida por Juan Manuel de Rosas a comienzos de 1833, y cuya finalización ubicamos a mediados de 1834, podemos afirmar que el Restaurador a sido uno de los más proficuos fundadores de pueblos fronterizos que expandieron, sin lugar a dudas, los adelantos de la civilización bajo las reglas de un sistema político auténticamente argentino y federal.

Desde un plano táctico-estratégico, la epopeya significó que la lucha contra el salvaje debía ser ofensiva, o sea, hubo que ir al seno de las tolderías mismas para que, al mismo tiempo, se verificara la valentía, el sacrificio y la adaptación a la lucha en cualquier terreno y circunstancia del soldado argentino. Con innegable realismo, podemos verificar en los Partes de la Expedición, que fueron suscritos por el coronel Juan Antonio Garretón, los padecimientos y el estoicismo de los efectivos federales que fueron a hacer patria en los confines del sur.

La efusividad con que se dirigió el Señor General Rosas –a la sazón, General en Jefe de la Expedición- el 25 de marzo de 1834 a la tropa que lo acompañó a las tierras del sur, es un ejemplo patente del esfuerzo que la empresa requirió y que se pudo concretar con creces:

“Soldados de la Patria:

“Hace doce meses que perdísteis de vista vuestros hogares para internaros por las yermas y vastas pampas del sur. Habéis operado activamente sin cesar todo el invierno y terminados los trabajos de la campaña en un año como os lo anuncié al tiempo de nuestra primera marcha. Vuestras lanzas han despoblado de fieras el desierto; han castigado los crímenes y vengado los agravios de dos siglos.

“Las bellas regiones que se extienden hasta la Cordillera de los Andes y las costas que s desenvuelven hasta el afamado Magallanes, quedan abiertas para nuestros hijos. Habéis excedido la esperanza de la Patria, pero entretanto ella ha estado envuelta en desgracias por la furia dañosa de la anarquía. Cuál sería hoy vuestro dolor si cuando diviseis ya en el horizonte los árboles queridos que marcan el asilo doméstico, alcanzareis a ver las funestas humaredas de la guerra fratricida.

“Pero la Divina Providencia nos ha librado de tamaños desastres: su mano poderosamente protectora sacó del seno mismo de las discordias un gobierno paternal a quien habéis rendido el solemne homenaje de nuestra obediencia y reconocimiento.

“Compañeros: Jurad aquí ante el Eterno, que grabaremos siempre en vuestros pechos la lección que se ha dignado darnos tantas veces; que sólo la sumisión perfecta a las leyes y la subordinación respetuosa a las autoridades que por él gobiernan, pueden asegurarnos la paz, libertad y justicia para nuestra tierra.

“Compatriotas que os gloriasteis con el título de Restauradores de las Leyes, aceptad el honroso empeño de ser sus firmes columnas y constantes defensores.

“Adiós: vuestro general que ha tenido siempre sobrado valor para llenar en esta parte sus deberes, sin temor a los peligros, ni a la ferocidad de los tiranos, no lo tiene para despedirse de vosotros.”

Notable despedida la que otorga Rosas a los elementos del Ejército Expedicionario a los Desiertos, a cuyos integrantes les da el título de “restauradores de las leyes” y a quienes insta, como lo haría él mismo hasta su último día de gobierno en 1852, a defender la Patria y a evitar que la misma caiga en una guerra entre hermanos.

Fuertes, ciudades y partidos creados por Rosas

Durante su primera gobernación (1829-1832), Juan Manuel de Rosas se dedicó a fundar pueblos, fuertes y ciudades que hoy, con el correr de los años, se transformaron en prósperas localidades con economías agrícola-ganaderas fuertes. También hay registros de su tarea civilizadora cuando ejercía como Comandante de Milicias de Campaña, tal el cargo que le confirió el entonces gobernador bonaerense provisorio Vicente López y Planes, el 14 de junio de 1827, y que le fue ratificado por Manuel Dorrego en agosto del mismo año.

Pero donde más se ha visto esta faceta del Restaurador, ignorada por la historiografía liberal, ocurrió cuando volvió a ser Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1835.

Una prolija recopilación del autor Enrique Stieben del año 1946, nos acerca la totalidad de los asentamientos creados por el brigadier general Rosas en las pampas. La investigación salió publicada en un viejo número de la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas” de aquel año, bajo el título “Rosas y la Expansión de la Provincia de Buenos Aires”. Como para que nadie diga que don Juan Manuel propició el “atraso” o la “barbarie”:

1°- El Partido de Dolores fue creado en 1831. En 1829, este partido estaba involucrado en el de Monsalvo.

2°- San Andrés de Giles, en 1832, fecha en que aparece por primera vez consignado en el Registro Oficial, con el nombramiento de su primer Juez de Paz, don Juan Gregorio Carrasco, que comporta la creación del Partido.

3°- Azul. Su fundación probable data desde la creación del Fuerte, erigido por Rosas, precisamente para seguridad del núcleo de población existente a raíz de la adjudicación de tierras en 1829. La creación del Partido se sitúa entre 1832 y 1835.

4°- Bahía Blanca. Como queda referido, Rosas fue encargado por Dorrego de la fundación de la ciudad y Fuerte y que ésta tuvo lugar en 1828. El primer Juez de Paz fue nombrado en 1834.

5°- Junín, Fuerte Federación, fue fundado en 1828, por Rosas, como queda consignado.

6°- Pila en 1839, fue erigido en partido por decreto del 25 de diciembre de 1839. Resulta de la división de Dolores en tres partidos.

7°- Las Flores, en virtud del mismo decreto.

8°- Lobería, por el mismo decreto de 1839, que acepta la proposición hecha por el Coronel Narciso del Valle en ese sentido.

9°- Saladillo, en 1839. Entre el Salado y el Quequén y Tapalquén y Tandil, no existía en realidad organización civil y policial eficaz. Fue debido a este abandono que Rosas creó el Partido de Saladillo y otros simultáneamente “para planificar el arreglo de la campaña”.

10°- Tandil, en 1839, por las razones aludidas.

11°- Tapalquén, en 1839, por las mismas causas.

12°- Tordillo, en 1839. Resulta de la división del Partido de Dolores en tres.

13°- Monsalvo, en 1839. Este es una parte del viejo Partido de Monsalvo que se extendía sobre la costa desde la península del Tuyú hasta el Quequén Grande y que fue dividido en cuatro por ese decreto: Ajó (hoy General Lavalle), Mar Chiquita (hoy Coronel Vidal), Lobería y Monsalvo. De este último se desprende luego el de Tuyú (Gral. Madariaga).

14°- Gral. Guido, en 1839. Llamábase originariamente “del vecino”. Resultó de la división del de Tandil. Su primer Juez de Paz fue don Francisco Pereyra.

15°- Ajó, Mar Chiquita, Monsalvo y Lobería, como queda expuesto datan de 1839.

16°- En 1836 el vecindario de Jesús Amoroso solicitó la creación de un pueblo junto al templo parroquial a lo que Rosas accedió, comenzándose la traza del mismo en 1837. El pueblo fue llamado Santos Lugares, hoy San Martín.

17°- Bragado. En 1846 fue fundado un puesto militar y un pueblo junto a la laguna del Bragado Grande. Su fundador es el Sargento Mayor don Eugenio del Busto.

18°- Chivilcoy fue erigido en Partido en 1845, en tierras del Partido Guardia de Luján, por decreto del 28 de diciembre.

19°- 25 de Mayo. Su nombre originario es Cruz de Guerra, en cuyo paraje fue fundado un Fuerte en 1828, por fuerzas que partieron del de Federación, al mando de Saturnino Perdriel. El Fuerte se llamó “25 de Mayo”. Esa guarnición se trasladó a la laguna Huetel, Mulita, próxima en donde se levantó el fortín el 22 de diciembre de 1841 (“Centenario de Bahía Blanca”). Como se recordará, fue uno de los Fuertes de la frontera con el de Blanca Grande o San Carlos (Bolívar). El partido de 25 de Mayo fue creado entre 1841 y 1845.

20°- El Fortín Mercedes, construido en la margen izquierda del Colorado, fue Guarnición Militar desde 1834 a 1852, sobre vados obligados del río, e impidió durante tan largo tiempo las invasiones de indios por la gran rastrillada que más tarde siguiera el Gral. Roca.

21°- Sobre el Río Negro había destacadas otras guarniciones para impedir los avances de los Tehuelches sobre Patagones y el Colorado.

22°- La indiada que no fue muerta durante la terrible expedición se allanó a la autoridad de Rosas durante todo su gobierno, exceptuando el núcleo del norte de La Pampa. Habíase llegado con ellos a un “modus vivendi” que lentamente los acercaba a la civilización, pues imposibilidades para el malón, debieron comenzar la cría de ganado, la caza y los trabajos en sogas, estableciéndose entonces un activo comercio con los pueblos fronterizos.

23°- En su informe, Rosas preveía el establecimiento de estancias a lo largo del Colorado, lo que hubiera impedido en absoluto la repetición de hechos como el incendio y saqueo del Salto y de Dolores en los nefastos días del año 20 así como el asalto y robo de las estancias de Buenos Aires.

24°- De regreso de la expedición al Desierto, Rosas obtuvo la fijación de los límites de Buenos Aires con Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza: línea de Melincué y San Rafael hasta Río Grande.”

Los autoproclamados “civilizados” que en Caseros derrotaron a Juan Manuel de Rosas, debieron retroceder la frontera a las proximidades del Salado, pues el país fue un verdadero caos inmanejable. Los antiguos privilegios e inclusiones que vivieron las tribus aborígenes amigas del Restaurador, ahora se sublevaban porque el nuevo orden de cosas imponía nuevas reglas adaptadas a la división internacional del trabajo. Tanto los gauchos nuestros como los indios amistosos y patriotas, pronto comenzarían a ser perseguidos y matados sin misericordia. Y otro fue el rumbo tomado desde entonces.

Autor: Gabriel Oscar Turone

Bibliografía

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Raone, Juan Mario. “Fortines del desierto. Mojones de civilización”, Tomo I, Biblioteca del Suboficial N° 143, Buenos Aires, enero de 1969.

Stieben, Enrique. “Rosas y la Expansión de la Provincia de Buenos Aires”, Revista del Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas” N° 12, Buenos Aires 1946.

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