El Gral. Taboada agente británico

Gral. Antonio Taboada (1814-1883). Agente de sociedades británicas.

Los hombres del mitrismo no se perdían en especulaciones abstractas.  Cuando comenzó el “cotton boom”, en plena Guerra de Secesión, Inglaterra dio precisas instrucciones a sus cónsules, para solucionar la grave crisis algodonera.  Al Río de la Plata le tocó en “suerte” recibir, en calidad de cónsul de S.M.B. a Mr. Thomas J. Hutchinson.  Este “ilustre” diplomático inició su campaña algodonera en 1862.  Acompañado de Esteban Rams y Rupert, viejo socio comercial de Urquiza y de Taboada, y del Ingeniero Cock, entre otros, realizó una expedición por el valle del Salado.  La recorrida se efectuó entre el 25 de noviembre de 1862 y el 10 de marzo del año siguiente.  Hutchinson no se limitaría a viajar, pues también se encargaría de convencer a los servidores locales de la gravedad de la crisis que afectaba a Inglaterra.

Al inaugurar las sesiones del Congreso de 1863, el Gral. Mitre sostuvo: “La crisis producida en los mercados manufactureros, por falta de algodón a consecuencia de la guerra de los Estados Unidos de Norteamérica, ha hecho que se ensaye el cultivo de esa planta en la República.  Existen fundadas esperanzas de que con el tiempo el algodón sea una fuente importante de riqueza en la República”.

El Gral. Mitre había aprendido bien la lección.  Pero no sólo él, Guillermo Rawson se encargaría de enviar, por sugestión de Hutchinson, una circular a las provincias, recomendando el cultivo del algodón.  La “fiebre algodonera”, se contagiaba a la nación dependiente, en cuanto el amo se enfermaba.

La crisis repercutía rápidamente en Buenos Aires.  Para aliviarla, Inglaterra contaba con una red de fríos y expertos connacionales, que se encargarían de convencer a los “nacionales” oficiosos.  El 21 de noviembre de 1863, el Barón de Mauá le escribe a Mitre recomendándole al ingeniero británico W. H. Cock, quien se encontraba estudiando, por cuenta de Mauá, la navegación del Salado, y cuyos informes se habían remitido a Inglaterra.  Pide una carta de recomendación para presentarlo a Manuel Taboada, y poder así “aprovecharse mejor el tiempo, mientras no se consigue el capital inglés que pretendo poner al servicio de esta obra, por medio de la organización de la compañía en la que ya trabajan mis amigos en Inglaterra”.  La navegación del Salado resultaba imprescindible para poder exportar algodón a través del mismo.

En el local del periódico de Buenos Aires, “The Standard”, los hermanos Mulhall vendían semillas de algodón, enviadas por la “Cotton Supply Association” de Manchester.  La distribución de las semillas se llevaría a cabo hasta en las provincias de Corrientes y Entre Ríos, zonas que ya Hutchinson había clasificado como óptimas, y acerca de las cuales los Mulhall escribirían su obra “Los Campos de Algodón de Paraguay y Corrientes”.

Las semillas de la “Cotton” también llegarían a la Provincia de Buenos Aires.  Era la crítica coyuntura por la que atravesaban los industriales ingleses la que estimulaba esta política acelerada de fomento algodonero.  Si bien los informes de Drabble, Hutchinson, Burton y los Mulhall, agentes todos de la Sociedad, eran alentadores, la crisis se agudizaba momento a momento.  Las desmotadoras de la “Cotton” se exhibían en el local del “Standard”, como parte de la propaganda a favor del cultivo del algodón.  Estos hombres ligados a la “Cotton”, y al Gobierno inglés, recordaban las palabras de Mr. Hammond, subsecretario del F. O., al escribirle a los directivos de la sociedad: “Si la guerra de Norte América continúa, los terrenos serán cultivados para granos y no para algodón, y en cualquier circunstancia los cultivadores de algodón necesitarían de algún tiempo para reparar el estado de desorganización a que ha sido arrastrado ese cultivo”.

La perspectiva era incierta y grave para el “Board of Trade” acostumbrado a planear su política económica a largo plazo.

Por eso, S. M. Británica, la reina Victoria, había dado instrucciones personales a sus cónsules comerciales, e incluso había instituido un premio de 1.000 libras a quien encontrara un buen sustituto del algodón.  Hutchinson se encargaría de difundir las instrucciones a todos los terratenientes argentinos: buscar en donde hubiera algodón silvestre y plantar y cosechar el codiciado producto, indispensable a la industria textil británica, en las zonas más aptas y con mano de obra barata.

En cumplimiento de esa misión, Hutchinson fue recibido efusiva y cordialmente por los Taboada.  La oligarquía mitrista santiagueña, recibía complaciente al futuro biógrafo del general Mitre.  El 13 de marzo de 1863, Manuel Taboada le escribiría al Presidente: “…Hemos hablado extensamente tanto yo como mi hermano el general Taboada al Sr. Hutchinson, sobre las facilidades de nuestro suelo para el cultivo del algodón, y cuantas muestras de este vegetal habíamos recibido las hemos sometido a su examen.  Creo que el Sr.  Hutchinson va muy satisfecho de las facilidades que esta Provincia presenta a la nueva industria, así como también de la cooperación que aquí se le ha presentado…”.

Manuel y Antonio Taboada se convertían en agentes de las sociedades algodoneras británicas.  Las muestras de algodón que Hutchinson recibiera de ellos, serían tasadas y valorizadas, como algodón de ls, 5d. por libra peso.

Otro agente de la “Cotton”, Ricardo Hughes –gerente del Banco Mauá sucursal Paysandú y fundador de la Sociedad Rural uruguaya- una vez conocida la calidad del algodón santiagueño, dictaminaría: “El costo del terreno, bajo buenas direcciones, sería menor que el que se calcula en los Estados Unidos”.

Sin embargo, la explotación no sería factible al no cumplirse otras dos de las condiciones básicas de la vasta operación colonizadora proyectada: la mano de obra barata, y medios de transporte y comunicaciones adecuados.

Al primer problema, que era esencial, el solícito Rawson, deseoso de complacer a sus mandantes, le buscaría una solución amablemente “civilizada”: utilizar “indios”.  La diplomacia esclavista brasileña, generaba también sus propios discípulos en el Río de la Plata.  Es claro que Rawson le daba una acepción muy particular al vocablo “indios”.  Por tan entendía en una significación “más bien amplia”, a todos los habitantes del noroeste argentino, que no integraban el reducido núcleo “provinciano oligárquico”, unificado con la élite porteña a través de la penetración británica, alrededor de la cual, se operaba aceleradamente la creación de oligarquías provincianas bajo la hegemonía bonaerense.

Encontramos aquí otro elemento más que funcionaba como condicionante del pronunciamiento montonero: la explotación de que eran víctimas los habitantes del interior provinciano.  Esa explotación se agravó una vez más, al desatarse la “fiebre algodonera”.  La minoría mitrista inició la política expropiadora de tierras, despojando así a los que eran sus legítimos propietarios y trabajadores desde la época virreinal, y que de hecho, al convertirse en parias de la tierra, pasaban a la categoría de mano de obra envilecida disponible, sometidos a los dictados y brutalidad expoliadora de los capitales colonizadores de ultramar.

En noviembre de 1859, la provincia de Santiago del Estero le había concedido a la Compañía de Rams cien leguas cuadradas de tierra.  Pero el 8 de octubre de 1860, Rams escribió desde Londres manifestando que los ingleses encontraban precaria la ley de donación de tierras.  El 19 de agosto de 1861, se otorgaban las garantías exigidas.  Por último, el 23 de diciembre de 1863, se inauguraron las obras de “El Bracho”, Santiago del Estero.  La expedición de Hutchinson, estrechamente ligada a la concesión de tierras y a la explotación del algodón, se hizo con la participación del coronel José Antonio Alvarez Condarco, el sacerdote Pedro Vigneiro, el teniente de navío Felipe Cateura, Rodolfo Zavalía, José Luis Navarretto, Manuel Acosta y el ingeniero del Banco Mauá.

Taboada se “prestigiaría” como agente de los intereses de su Majestad.  El “ilustre” oligarca santiagueño llegaría a Pozo de Vargas defendiendo, individual y políticamente esos intereses,  Su amigo Hutchinson, no era ajeno a la situación que sufría el pueblo paraguayo.  Poco tiempo antes de la guerra, había informado al Foreign Office: “Aunque el Paraguay está fuera de la República Argentina, sin embargo, como está ligado con ella por el mismo río, puedo hacer notar que algunos cientos de miles de plantas de algodón, según se dice, se están cultivando allí; las que fueron plantadas a consecuencia de un edicto del último presidente López”.

Estas comunicaciones habían decidido a Inglaterra.  Sus agentes confirmaban lo previsto y la Guerra era ya un hecho.  La destrucción del Paraguay y de las fuerzas populares montoneras serían su corolario.  Así lo quería la reina Victoria, en representación regia de la clase gobernante de Inglaterra.

Fuente

Peña, R. O. y Duhalde. E. – Felipe Varela – Schapire editor – Buenos Aires (1975).

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