Las artes en las Reducciones Jesuíticas

Ruinas Jesuíticas de la Misión de San Ignacio Miní, Argentina

Tanto los testimonios históricos como las manifestaciones artísticas materiales que se han conservado hasta nuestros días atestiguan que la arquitectura, la escultura, la pintura y la música ocuparon un lugar importante en la vida de las Reducciones.  No sólo se pueden apreciar aún las ruinas sorprendentemente bellas de algunos de los pueblos en medio de la selva, sino que también se conserva un número importante de esculturas, algunas pinturas y un par de manuscritos de partituras musicales. (1)

También el arte europeo llegó a los guaraníes a través de sus misioneros.  Entre los 1565 jesuitas que trabajaron en las Reducciones durante su existencia había un número importante de músicos, pintores, escultores (2), arquitectos (3), que traían a las misiones diversas influencias artísticas de sus países de origen, que eran no solamente todas las tierras de la casa de Habsburgo, sino también Irlanda, Francia, Italia y Alemania.  En el otro lado estaban los guaraníes con su sociedad neolítica, su imaginería y su arte primitivo, primitivo quizás en sus tecnologías, pero ciertamente no en su sensibilidad, en su expresión y en las habilidades de los artistas guaraníes.  Aunque al principio las formas del arte europeo tuvieron que chocar fuertemente con la imaginería guaraní, los indígenas aprendieron rápidamente y con mucho éxito las técnicas que les enseñaban los jesuitas.  Su capacidad de imitación, tanto de las técnicas como de las formas, dejaba maravillados a todos los testigos contemporáneos y a menudo leemos en los escritos de los misioneros jesuitas que era imposible distinguir la copia del original.  Sin embargo, no todos lo perciben como un gran talento imitativo, y nos podemos encontrar con las opiniones que acusan a los artistas guaraníes de poca originalidad.  Pero en las misiones la obra artística tenía fines evangelizadores y dentro de la iconografía misionera lo importante era representar las imágenes cristianas para que sean fácilmente inteligibles.  Tampoco se puede negar la maestría con la que los artistas guaraníes supieron combinar las formas del barroco europeo con las formas y los motivos de flora y fauna locales, de tal manera que surgieron abundantes cuadros, esculturas y decorados de un estilo característico de gran belleza y valor histórico, que algunos autores llaman incluso “el barroco jesuítico-guaraní” (4). Probablemente no es posible hablar de un estilo independiente, pero sí hay algunas características que lo distinguen de las otras muchas manifestaciones del barroco hispanoamericano.

Lo que más se ha conservado son muestras de la escultura misionera.  De unas 2000 estatuas que, como mínimo, se crearon durante la existencia de las misiones, como estiman algunos autores, quedan unos 200–300 ejemplares dispersos en los diferentes museos, iglesias y colecciones privadas.  Casi todos son de madera policromada, sobre todo de cedro, de un metro de tamaño medio, aunque hay varias de tamaño natural.  Manifiestan una importante influencia de las escuelas barrocas castellana y sevillana, de los maestros españoles como Martínez Montañés, Gregorio Fernández, Juan de Mesa y Alonso Cano, cuyas obras llegaban a Hispanoamérica en los barcos junto con los españoles.  Conocemos algunos nombres de los jesuitas a los que se atribuyen algunas de esas esculturas, de los que destacan el F. José Bressanelli y el P. Antonio Sepp (5), mientras que sus discípulos indígenas, los autores de la inmensa mayoría de las estatuas, quedan en un anonimato casi total, si no tenemos en cuenta las características facciones guaraníes que imprimieron en las caras de algunos santos.

Las pinturas, a pesar de haber sido mucho más numerosas que las esculturas, se conservaron considerablemente menos, ya sea por los materiales que resistieron menos a todo tipo de deterioro durante la historia, ya sea por los robos, los incendios, etc.  Originalmente aparecía la pintura en muchas formas: telas al óleo, tablas al temple, pinturas al fresco de murales, techos y bóvedas, artesonados, retablos, columnas, arcos, púlpitos, confesionarios, puertas, ventanas. (6)  Antes los guaraníes habían pintado sólo algunos objetos de uso diario, como, por ejemplo, las calabazas que utilizaban como recipientes o instrumentos musicales, maracas.  También teñían de colores plumas y tejidos.  A diferencia de la escultura, en la pintura misional se aprecia más la influencia italiana y flamenca.  Junto con los nombres de algunos jesuitas pintores, esta vez nos ha llegado el nombre de un artista indígena, un tal Kabiyú.

Pero no sólo prosperaban las artes; también se llegó a ciertos logros científicos, aunque estos ya por parte exclusiva de los jesuitas; por ejemplo, en la reducción de Santos Cosme y Damián había un observatorio astronómico, fundado por Buenaventura Suárez, autor de unos estudios sobre los satélites de Júpiter.

En todas las reducciones hubo bibliotecas, algunas de ellas muy importantes, como la de Candelaria, que contaba con unas 4000 obras, muchas de ellas de varios volúmenes.  Así en las treinta bibliotecas había cerca de 13000 libros, entre los que destacaban los escritos en guaraní.  Algunos de los libros fueron impresos en la imprenta de las Reducciones fundada en 1700 por el P. Juan Bautista Neumann, natural de Viena, que entró en la Compañía de Jesús en la provincia de Bohemia, ayudado por el español José Serrano, el cual tradujo al guaraní varias de las primeras obras impresas allí.  La imprenta estuvo primero en Loreto, luego en Candelaria, San Javier y Santa María la Mayor, sin poder saber con certeza si era la misma que cambiaba del lugar o si había varias.  De todas formas, fue la primera imprenta de la región del Río de la Plata (7), y además destacaba por el hecho de estar fabricada localmente, mientras que todas las primeras imprentas americanas fueron importadas de España.  Con la imprenta se desarrolló también el arte del grabado, como testifica la versión en guaraní de la “Diferencia entre lo Temporal y lo Eterno”, de 1705, de Juan Eusebio Nieremberg, si bien con el contenido muy de la época, destaca con la perfección de la reproducción de los 110 grabados de Bouttats, una firmada por el guaraní Juan Yaparí.

Sin embargo, de todas las manifestaciones artísticas en las reducciones es la música la que más interés suele atraer, porque en ella es más patente el contraste entre lo que fue la experiencia original indígena y el modo de vivir importado, en este caso la música europea del momento.(8) A pesar de que la armonía europea tuvo que sonarles sumamente rara y que los instrumentos autóctonos, a diferencia de los europeos, servían sobre todo para marcar el ritmo en las ceremonias religiosas, como el mbaracá, maracas, el takuá, un bambú usado de bastón, y tambores de varios tipos, los guaraníes mostraron un enorme talento para aprender las melodías barrocas, como atestiguan varios jesuitas maravillados de sus capacidades.  Los guaraníes habían coincidido con los jesuitas en el papel primordial que daban a la música, sus cantos larguísimos fueron el eje de su cultura y de su comunicación.

A partir de la época del P. Antonio Sepp, que también fue, junto con el italiano Domenico Zípoli, uno de los mejores músicos que tuvieron las reducciones, el centro musical fue la reducción de Yapeyú, donde estaba en su época la fábrica de instrumentos musicales de todo tipo, “desde una sencilla flauta hasta un complicado órgano de pedales” (9), y cuyos productos, fabricados por los mismos guaraníes según los modelos traídos de Europa, a veces volvían allí como objetos de exportación.  El P. Sepp fundó allí un verdadero Conservatorio para las Reducciones, y en los talleres de música se enseñaba a tocar toda clase de instrumentos, igual que el canto, en que los guaraníes llegaron a ser verdaderos maestros.

“Para ser más preciso, había fundado en mi pueblo una escuela de música y enseñado con gran empeño…, no solamente a mis indios, sino también a los de otros pueblos.  Me los enviaban hasta de las más remotas reducciones para que los instruyera no sólo en el canto sino también en la música instrumental.  Les enseñaba a tocar el órgano, el arpa (la de dos coros de cuerdas), la tiorba, la guitarra, el violín, la chirimía y la trompeta.  Es más, los he familiarizado también con el dulce salterio, y no sólo aprendieron a tocarlo, sino al final también a construirlo, como también otros instrumentos”. (10)

La música influyó en la decoración misma de las iglesias, como muestran, por ejemplo, los relieves en los restos de la reducción de Trinidad, con ángeles tocando fagotes, flautas, órganos con fuelle, trompas, maracas, campanillas, clavicordios, arpas.

Otro interesante testimonio lo da el P. Antonio Sepp en una carta a casa: “Mi mayor descanso es practicar el arpa media hora cada día.  Hoy, sin embargo, he tenido que omitir esto porque he prometido a los indios enseñarles algunas danzas que aprendí en Innsbruck.  ¡Estos guaraníes llevan la danza en su sangre!” (11).  Los bailes, e incluso unas pequeñas representaciones entre baile y teatro, bien coordinadas, de las que, no obstante, estaban excluidas las mujeres, tuvieron su lugar en las grandes festividades y procesiones religiosas.

“… al fin de los oficios presentan diferentes bailes delante de la puerta de la iglesia: una danza de espadas, un baile de las cintas o una escaramuza troyana a pie o a caballo; arremeten sobre caballos hechos de cuero contra los enemigos, a veces en grupos cerrados, a veces dando media vuelta a la izquierda, ora en formación circular, ora en dos largas filas…”. (12)

Referencias

(1) Silvio Palacios, Gloria y tragedia de las Misiones Guaraníes, Historia de las Reducciones Jesuíticas durante los siglos XVII y XVIII en el Río de la Plata, Mensajero, Bilbao, 1991, p. 241–292.

(2) Felix Alfred Plattner, Deutsche Meister des Barok in Südamerika im 17. und 18. Jahrhundert, Herder, Freiburg, 1960.

(3) Hernán Busaniche, La arquitectura de las Misiones jesuíticas guaraníes, El Litoral, Santa Fe, 1955.

(4) Josefina Plá, El barroco hispano-guaraní, Editorial del Centenario, J. R. L., Asunción, 1975. 149.

(5) Arthur Rabuske, P. Antonio Sepp, S. J., O Genio das Reduçoes Guaranis, Unisinos, Sao Leopoldo, 1979.

(6) S. Palacios, Gloria y tragedia de las Misiones Guaraníes, cit., p. 281.

12J. C. Pablo Ballesteros, La educación jesuítica en las reducciones de Guaraníes, Entre Ríos, 1979, p. 23.

(7) J. C. Pablo Ballesteros, La educación jesuítica en las reducciones de Guaraníes, Entre Ríos, 1979, p. 23.

(8) Michael Sievernich y Gunter Switek (ed.), Ignatianisch: Eigenart und Methode der Gesellschaft Jesu, Herder, Freiburg, 1990, p. 381–384.

(9) S. Palacios, Gloria y tragedia de las Misiones Guaraníes, cit., p. 288.

(10) Antonio Sepp, S. J., Continuación de las labores apostólicas, edición crítica de las obras del Padre Antonio Sepp S.J., misionero en la Argentina desde 1691 hasta 1733, II, ed. Werner Hoffmann, EUDEBA, Buenos Aires, 1973, p. 137.

(11) En C. J. McNaspy, Las ciudades perdidas del Paraguay: arte y arquitectura de las reducciones jesuíticas, 1607–1767, cit., p. 125.

(12) A. Sepp, Continuación de las labores apostólicas, cit., p. 264.

Fuente

www.revisionistas.com.ar

Zajícová, Lenka – Algunos aspectos de las Reducciones Jesuíticas del Paraguay

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