Ana Perichon

Ana Perichón

En la pacata Buenos Aires colonial, los amores del viudo cincuentón que fue héroe de la Reconquista con la bella criolla-francesa Anita Périchon significó un auténtico escándalo que tuvo derivaciones políticas.

Un autor ha escrito sentenciosamente que: “La historia se enriquece en constantes rectificaciones”.  Las que intentaremos en este artículo, servirán para poner en claro los errores cometidos por el eminente biógrafo Paul Groussac, al ocuparse de Madama Pericón y su familia, en su clásico libro titulado: Santiago de Liniers, Conde de Buenos Aires (Bs. As. 1907).  Dice el crítico que “son escasísimos los datos auténticos que acerca de la seductora criolla (sic) y su familia he logrado encontrar”, habiendo utilizado los extraídos de muchos impresos y expedientes manuscritos.

¿Por qué Groussac habla de su oriundez criolla, cuando en verdad era connacional suya la madama Anita Perichon?.  Eso lo dejaremos para más adelante.

Groussac comienza refiriéndose, en primer lugar, al jefe de familia al que llama “Jean Baptiste Perichon”, pero cuyo verdadero nombre y apellido era el de Esteban Armando Périchon de Vandeuil.  Por supuesto que nada tiene que ver con Vandeul o Vandevil, según dieron en escribir su segundo apellido, y que Groussac utiliza para buscarle un parentesco que no necesitaba.

La familia de Périchon de Vandeuil, era originaria de la ciudad de París, y residió durante varios siglos en su “hotel” de la calle Saint Denis.  Camilo Périchon de Vandeuil, Señor de Vandeuil, una de las personalidades más importantes de la ciudad, por ser su Primer Regidor, casó con Demoiselle Anne de Barroy de Bligny, y tuvieron una hija llamada Marie Anne Périchon de Vandeuil, antecesora por lo tanto de la graciosa francesita que luego vino al Plata.  Camilo era hermano mayor de Esteban Guillermo, Caballero, Recaudador de los Dominios y Bosques de su Majestad en la Generalidad de Moulins, y contrajo nupcias tres veces.  Del segundo matrimonio con Avoye Constante Armando Montice nació Esteban Armando, París, 1746.

De esta manera, hemos ubicado en el emplazamiento familiar al jefe de la familia, un personaje tan escurridizo, que pronto tendría actuación en el Río de la Plata.  Con tan ilustres antecedentes, en 1770,  entró al servicio de la Compañía de Indias.  Mientras trabajaba conoció a la joven Jeanne Magdeleine Abeille, hija de un miembro influyente del Consejo de esa localidad, con la que casó, y cuya partida de matrimonio, dice textualmente:

“Hoy nueve de julio de mil setecientos setenta, yo el infrascripto certifico haber dado la bendición nupcial en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Angeles, de Pondichéry, al señor Esteban Armando Périchon de Vandeuil, Caballero, empleado de la Compañía, natural de París, parroquia de San Roque, hijo del señor Esteban Guillermo Périchon de Vandeuil, Caballero, Recaudador de los Dominios y Bosques de su Majestad en la Generalidad de Moulins, y de la señora Avoye Constanza Armanda Montice, su madre, de edad de veinticuatro años, y a la señorita Juana Magdalena Abeille, hija del señor Juan José Abeille, Caballero, Consejero en el Consejo Soberano de Pondichéry, de edad de dieciséis años, y después que las amonestaciones han sido publicadas en la Misa mayor de la parroquia, la primera el 1º de julio, y la segunda el 5, la tercera el 8 del mismo mes y año arriba mencionados, sin que exista ningún impedimento.  Fueron testigos los señores Simón Lagrenée de Meziere, Consejero en el Consejo Superior de Pondichéry y Segundo Jefe de la Plaza, natural de la Isla de Francia; Pedro Duplant de Laval, ex consejero, natural de París, Luis Pedro Tremolliéres, Secretario del Consejo de Pondichéry, natural de París, que han formado conmigo así como también el esposo y la esposa.  Firmado: Fray Sebastián de Nevers capuchino, Misionero Apostólico, Cura; Juana Abeille, Périchon de Vandeuil, Lagrenée de Meziére, Duplant de Laval y Tremolliéres”.

Continuó desempeñándose en la Compañía de Indias, hasta 1775, año en que abandonó el cargo al ser nombrado asesor en el Consejo Supremo de Pondichéry.  Para entonces, el matrimonio tuvo un hijo primogénito a quien llamaron “Jean Baptiste”, probablemente nacido hacia 1771, le siguió otro con los nombres de Esteban María, casi seguro, el que izo incurrir en error a Groussac.  Eugenio fue el tercer hijo; Luis el cuarto, y María Ana, la última, que vio la luz en la Isla de Borbón, según nuestros cálculos, hacia 1775.  Por lo tanto, no fue en la Isla Mauricio, como anota Groussac.

El progenitor de la familia se distinguió por su valor en la defensa de aquella colonia, en 1778, cuando fue sitiada por los ingleses.  Después pasó a la Isla de Borbón como miembro del Consejo Superior, cargo al que renunció el 13 de diciembre de 1789.  Dice el académico Raúl de Labougle, que sus ideas realistas le crearon una situación incómoda en la isla, de la que partió rumbo a las Islas Canarias en 1793.

Respecto del casamiento de Ana Périchon existe también confusión, pues a muchos autores les ha resultado difícil poner en claro si cuando vino a América era soltera, según lo cuenta Groussac.

En realidad, Anita contrajo nupcias en Ville de Port-Louis, en la Isla Borbón, el 12 de febrero de 1792, con Tomás –llamado también “Edmundo” por Groussac- según la partida de matrimonio que exhumamos:

“El 12 de febrero de mil setecientos noventa y dos, después de un buen anuncio por primera y última vez, en la plática de la Misa Parroquial de fecha 29 de enero último, sin que se haya encontrado ningún impedimento u oposición del futuro matrimonio entre Thomas O’Gorman, nativo de la Parroquia de San Miguel Arcángel de Enecif en Irlanda, Condado de Clare, Capitán del Regimiento de Walch, hijo mayor de Me. Juan O’Gorman y de la dama Helene  O`Gorman, son padre y madre, de esta parroquia, de una parte, y Dlle. Marie Anne Périchon de Vandeuil, nativa de Borbón, hija menor de Me. Armando Etienne Périchon de Vandeuil, antiguo Consejero del Superior Consejo de las Indias de Pondichéry y Borbón y de la Dame Jeanne Magdalaine Abeille, son padre y su madre, que habitan las llanuras de Winhen, de esta parroquia, de su parte: Vista la dispensa de otros términos de esponsales y de domicilio para los futuros esposos; Visto el consentimiento por escrito de Me. De Ferreud, Coronel de Regimiento de Walch, Nosotros, el abajo firmado, Prefecto Apostólico, hemos recibido el mutuo consentimiento de matrimonio de dichas partes, hemos dado la bendición nupcial; presentes y consintiendo por la futura esposa: Me. Armand Etienne Périchon de Vandeuil, su padre, en presencia de Me. Thomas Etienne, Juez de Paz de la Savinne y Me. Jean Baptiste Conve, comerciante, y Me. Nicolás Paul Alexis Chastol, vecino, y de Me. Jean Baptiste Gallet, oficial,  los cuales han firmado, con el esposo, la esposa y el padre de la esposa (aquí las firmas)”.

Anotemos que el contrayente de profesión militar, capitán del Regimiento de Walch, era sobrino del conocido protomédico de Buenos Aires, Miguel Gorman, tal como suena, pues algunos historiadores como Juan María Gutiérrez y Nicanor Albarellos han publicado el apellido, precediéndolo de la O’ apostrofada que usan los nobles de Irlanda (O’Gorman), pero éste es un error sobre el cual no se debe insistir, por cuanto no existe un documento oficial o privado que lo contenga.

Interesado el jefe de familia, por pasar al Río de la Plata, Olaguer Feliz, decidió obviarle los inconvenientes que se presentaban por ser extranjero y según el historiador Ezequiel C. Ortega, recurrió éste en varias oportunidades a la Corona y a sus mismos consejeros legales.  Aún cuando sólo consiguió un rechazo formal en sus primeras gestiones –dice-, luego se obtuvo el permiso solicitado.

Venía a radicarse con su familia, movido quizá, por asuntos políticos o económicos, aunque le había expresado a aquél, refiere Ortega “que la causa de su venida era por los males de que adolecía y por los deseos que tenía de criar a sus hijos en la Religión Católica”, lo que no creemos, pues de sus hijos, la menor Anita, ya era casada.  Se embarcó con su cónyuge, y tres hermanos a bordo de la fragata francesa “María Eugenia”, arribando al Río de la Plata en 1797.

La llegada de esta familia fue todo un acontecimiento para la sociedad porteña.  Destacábase principalmente don Esteban Armando por ser hombre de posición, que trajo algún capital, “una Fragata, veintisiete esclavos, quince fardos de Pañuelos….”, y tres pesados baúles con géneros.

Un documento de época señala que para diciembre de aquel año, ambas familias permanecieron en la capital durante una breve temporada.  Don Esteban Armando se estableció como comerciante provisoriamente, pero luego se trasladó con su familia a la provincia de Corrientes.

La bella Anita, desde su casamiento, había sido poco feliz porque en seguida comenzaron a relucir los defectos de su cónyuge debido a la vida desordenada que llevaba y a la incompatibilidad de caracteres.

Del tránsito del jefe de familia por Corrientes, diremos que consta en el Acuerdo del Cabildo de Itatí, el 22 de noviembre de 1800, que pidió se le proporcionara los auxilios necesarios para pasar al pueblo de Candelaria, en Misiones.  En los tres días que allí estuvieron se les dio todo lo necesario para mantenerse, y para el viaje le proporcionaron cincuenta caballos, veinticinco de la estancia de la Virgen, con treinta bueyes, doce de ellos para quedarse en Misiones.

Tres años más tarde, siendo vecino de Corrientes, se le permitió realizar un ensayo de plantación de tabaco negro a similitud del de Brasil.  El Cabildo en 1801, le concedió un terreno para labranzas y manufacturas.  Con el tiempo, esta chacra era “uno de los lugares más lindos que he visto en Sud-América” –dijo Parish Robertson- hallándose situada como a tres leguas de la ciudad.  Fue vendida años después por Perichon a don Jorge Washington Tuckerman, quien la denominó “Mont-Vernon”.  Luego regresó a Buenos Aires, donde puso casa e negocio, y al poco tiempo, falleció dejando algunos bienes.

En cuanto a que Groussac no conoció el estado civil de Anita es innegable.  Dice que por estos mundos, cayó allá por 1804, el joven irlandés “Edmundo” –mejor dicho Tomás- que traía “real licencia de seis meses para arreglar asuntos de familia”, y que prendado de ella contrajo nupcias.  Sarcásticamente Groussac agrega: “Así arregló el infeliz sus asuntos de familia!

La verdad sería que, habría intentado reconciliarse con su mujer siendo probable que lo consiguiera, porque fueron los padres de Tomás y de Adolfo cuyas fechas de nacimiento ignoramos.  De todas maneras poca suerte le cupo en su papel marital.  Su nombre como tal, apenas figura, porque habiendo abandonado el ejército irlandés, era una persona muy desprestigiada, tanto como hombre, como en sus negocios, ocupándose especialmente del contrabando.  En 1805, efectuó un viaje a Europa llevando dos buques cargados de frutos del país a Inglaterra, vía Portugal, y aunque en verdad, pertenecían a otras personas, los entregó a su hermano, comerciante en Londres, quien los vendió para pagar deudas que tenía Tomás con él.  De este viaje regresó acompañado del espía inglés James Florence Burke, que fue sindicado por la maledicencia popular como amante de Anita.  En 1806, se hizo amigo de Beresford quien le dio el cargo de cobrador del ramo de Tabacos y Filipinas.  Puso tanto celo en su nuevo trabajo que al producirse la capitulación debió embarcarse en un buque de Popham, sin rendir cuentas a los vencidos.  Después de la Reconquista se sabe que se fugó a Río Grande (Brasil).

Producido ese acontecimiento salvador para ella comienza la desavenida Anita una aventura amorosa que conmovió a la ciudad.  Cuenta Groussac que mientras avanzaba Liniers al frente de su columna, el 12 de agosto de 1806, al llegar a la calle de San Nicolás (hoy Corrientes), desde los balcones Anita arrojó a sus pies un pañuelo bordado y perfumado en señal de admiración al vencedor.  Liniers lo recogió con la punta de su espada, y con el pañuelo en alto, contestó el saludo con un marcial movimiento.  Viudo dos veces y cincuentón enamorado, pronto tuvo relaciones con ella.

Durante la defensa de la ciudad, la casa de los Périchon, estuvo protegida por una bandera francesa, no obstante lo cual, el mayor King, del regimiento 5, trató de posesionarse de ella, pero sin éxito.  El teniente coronel Kington, jefe del 6º de Dragones, que fue mortalmente herido por los Patricios, el 5 de julio, fue llevado por Liniers, a la casa de Anita para ser atendido, y aunque se le prodigó grandes cuidados falleció.  Luego Liniers vivió abiertamente con la “Perichona” en su casa esquina Reconquista y Corrientes, la que vino a ser el centro de reunión, y donde se conseguían favores oficiales como ascensos, puestos y concesiones de toda clase por su intermedio.

La gente del pueblo entonces le aplicó un apodo que se repitió comúnmente, designándola como la “Perichona”, y en esto, conforme a su apellido, la identificó con Mariquita Villegas, por sus amores con el virrey del Perú, don Manuel de Amat y Juniet, Caballero de la Orden de San Juan.  La famosa limeña mereció todos los favores y obsequios de su amante, pero cuando se producían las reyertas que algunas veces fueron violentísimas, el catalán la llamaba “Perricholi”, de “perra chola”, nombre que producía escozor, porque significaba desprecio por su sangre y conducta pecaminosa, que lo pronunciaba sin mover las mandíbulas.

Nuestra Anita, la Perichona según la familiaridad española, era una mujer muy bonita “cuya elegancia estrepitosa daba realce a su belleza, ardiente y volcánica”, al decir de Groussac.  De estatura menuda, su galante protector la llamaba “la petaquita”.  Por un tiempo, tuvo un ascendiente enorme sobre su amigo, quien por falta de carácter, nada le negaba.  De ella, se dijo –antes y después de su arrimo virreinal-, que era muy “ligera de cascos”.

El alcalde Alzaga, acérrimo enemigo de Liniers, en carta al gobierno español le manifestaba: “Esa mujer, con quien el virrey mantiene una amistad que es el escándalo del pueblo, no sale sin escolta, tiene guardia en su casa, emplea las tropas del servicio en las labores de su hacienda de campo.  Las caballadas y atalajes del tren volante, costeados a expensas del erario real, se mantienen en la ciudad, con solo el destino de ocuparse durante sus caravanas y paseos, en aquella casa frecuentada por el virrey”.  Y cerca de “La Madama” –como también se la llamaba-, Alzaga agregaba: “que ha sido almacén y depósito de innumerables negociaciones fraudulentas; la que abrió huellas al extranjero para posesionarse de la ciudad e imponernos el dominio británico en las comarcas rioplatenses; la que ha servido de hospedaje y refugio a los verdaderos espías”.  Su gravitación era manifiesta.

La pintura de Groussac describe a esta singular mujer, “como persona de avería, que poseyó algunos bienes y nada se probó que traficara con sus encantos.  Tenía talento –agrega- bastarían para demostrarlo sus cartas de letra elegante y de giro tan suelto, a pesar de sus galicismos… Era, desde luego, una buena frescachona, bastante voluntariosa y malcriada”, dispuesta a aprovechar cualquier ocasional preponderancia para encaramarse.

Ezequiel César Ortega escribió que era picaresca, ocurrente, mundana, atractiva, y que convirtiese en la piedra del escándalo del momento según las tétricas descripciones que hacían los miembros del Cabildo.

Después de la Defensa, Groussac no volvió a encontrar –dice- más vestigios del marido.  Sería cuando Anita tomó posesión de su trono o del “tálamo conyugal” siendo la amante del Virrey.  No dejemos de agregar que la Perichona era una mujer inquietante.  Sus aterciopelados ojos revelaban pasiones violentas.  Con mucha ciencia galante, poseía una intuición especial para descubrir los efectos de su espontánea coquetería.

Mientras Anita quedaba en buenas manos y mejor servida, el O’Gorman de marras viajaba por el Pacífico a bordo de la fragata portuguesa “Bons Irunaos” con una carga de azogue, papel sellado y otras mercaderías.  El 22 de marzo de 1808 se presentó ante un escribano de Valparaíso para denunciar un temporal del que fue víctima dejando constancia de la pérdida de alguna carga, que había contribuido mucho a su fortuna.  Luego el Virrey Liniers le permitió regresar.  ¿Estaría por entonces cansado de su amante?.

Hemos mencionado al espía Burke, quien se vinculó con el grupo que se reunía en la tertulia de la Perichona, siendo posible que esa fuese la Logia “Independencia”.  Entre los allegados a la casa, aparte de Liniers, deben citarse a Castelli y Pueyrredón.

La reaparición de Burke a mediados de 1808, como emisario del almirante Sir Sydney Smith, comandante en jefe de la escuadra inglesa de estación en Río de Janeiro, sirvió para favorecer las aspiraciones de la infanta Carlota.  Esta supuso a Liniers contrario a su utópica regencia por influencia de la Perichona, y Burke le prometió que iba a procurar sacarla del medio.  Viendo su fracaso, antes de partir, le mandó a Liniers una carta denunciando a la Perichona, de la que seguramente conocía secretos, a tal punto que la reacción de aquél no se hizo esperar.  La desterró en Río de Janeiro.  El historiador Vicente Sierra con buen sentido, considera que Burke le probó a Liniers que la Perichona trabajaba desde años atrás por la independencia.

En la capital carioca, su casa se convirtió en refugio de los argentinos expatriados que trabajaban por esa causa (Pueyrredón, Rodríguez Peña, etc.), lejos de las autoridades españolas.  Se supo que Anita continuó con sus conquistas; entre ellas, figuró el embajador inglés Lord Strangford.  Ello reavivó los celos de Carlota, quién consiguió a través del embajador español, marqués de Casa de Irujo, que de nuevo fuera deportada la Perichona, esta vez, de regreso a Buenos Aires.  Volvió a bordo de “Essex”, en diciembre de 1809.  Como el Virrey Cisneros no quiso recibirla, regresó en abril de 1810 a Río junto con dos hermanos.  Fue entonces cuando dirigió a la Audiencia una extensa nota patrocinada por el Dr. Martín José de Segovia.  Allí clamaba por “El deshonor de verse arrojada de un Pueblo en que tuvo siempre un distinguido rango que no ha desmerecido; el interés de los crecidos bienes que tiene en esta Ciudad, y que deben desaparecer entre las manos intermediarias”.  Alude al origen y calidades de su familia, emparentada con la de Liniers, a raíz del casamiento de su hermano Juan Bautista –que había sido edecán- con Carmen, hija de aquél, por lo que,  según decía era acreedora a ciertas consideraciones.  Y, para terminar con las calumnias, pedía se abriera un proceso, el que no tuvo lugar.

Carlota, mientras tanto insistía en sus propósitos vengativos contra Anita, hasta que fue devuelta a Buenos Aires, donde arribó en noviembre del mismo año.  Por último, a pedido del capitán Ramsay, del “Mistletoe”, el buque que la condujo, la Primera Junta le concedió autorización para radicarse en la Capital, siempre que “guarde circunspección y retiro que le encarga el gobierno y que observará por sí misma”, instalándose entonces la Perichona en su casa-quinta de las afueras de Buenos Aires.

Tras la ejecución de Liniers en Cabeza del Tigre, comprendió la Perichona que los acontecimientos políticos que sobrevendrían iban a cambiar la fisonomía el país.

No sabemos si su cónyuge regresó a Buenos Aires, aunque somos de opinión que la Perichona vivió sola en su quinta con sus hijos y esclavos, dedicada a la educación de auqllos.

Mujer práctica, debió encarar el futuro seriamente.  Así los años fueron transcurriendo en medio de la paz y de guerra.  Era un mausoleo viviente y parlante de los tiempos del Virreinato.  Habían pasado los días agitados de la Revolución de Mayo, del Triunvirato, del Congreso de Tucumán y de la anarquía.

Fue a mediados de 1819, cuando se enteró de la muerte de su cuasi-homónima: la Perricholi –aquella mujer y artista de larga fama- que asombró y deleitó a Lima.  Dejó el mundo a los 70 años.

Luego vino la época del gobierno de Rivadavia, dónde se sintió a gusto con la entrada al país de muchos extranjeros que contribuyeron al afrancesamiento de la sociedad.  Mientras tanto el recuerdo de sus amores comenzaban a entrar en el olvido.

Con Juan Manuel de Rosas volvió a ubicarse mejor en la “haute societé” por las relaciones de sus hijos.  Recién en 1832 reapareció en esta ciudad, como testigo en el juicio de reivindicación de su esclavo Juan de la Cruz, soldado en el Cuerpo de Cazadores Río de la Plata.  Fueron tantos los que tuvo su familia, que como en este caso, comprendió que los años deterioran a las gentes y casas y hasta los esclavos.  Prestó declaración ante la justicia, y el 26 de abril se resolvió la demanda a favor de su hijo Tomás.  Por entonces, éste se había casado con Concepción Riglos y Lezica, en la que prolongó descendencia, y Adolfo O’Gorman casó con Joaquina Ximénez Pinto, padres, entre seis hijos, de la desventurada Camila O`Gorman.

Así rodaba la vida.  Pero en el ambiente algo quedó flotando de aquel pasado chamuscado, cuando le decían: “esa vieja fue la amante del Virrey”.  Como una reacción súbita se operaba ante ella, el espectro de la juventud.  Después cayó enferma, los hijos y nietos la rodearon.  En su cama de madera jacarandá se exhibía la Perichona, ya no triunfante, sino vencida, cargada de años y sinsabores, pero protagonista al fin de su intransferible drama.

En sus últimos años, habrá pensado recordando a Shakespeare, que la vida no es más que una sombra que cruza, revuelve durante su hora en la escena del mundo y que pasa luego al olvido.

La Perichona expiró sin trabajo ni gloria, en esta ciudad, el 1º de diciembre de 1847, a los 72 años, extendiéndole el certificado de defunción el Dr. Antonio Argerich, amigo de la familia.

Como la Perricholi, se la vistió de blanco sayal, entre cuatro blandotas “la querida del Virrey” recibió el homenaje que la curiosidad y la leyenda suelen armar en tales casos.  Al día siguiente fue sepultada.

De la Perichona que tanto dio que hablar en su tiempo, pocos son, los que pueden recordar que sus huesos descansan en tierra argentina.  Así pasó por la vida esta mujer cuyo renombre quedó inmarchitable para la Historia..

Fuente

Cutolo, Vicente Osvaldo – Madama Périchon y su familia.

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Groussac, Paul – Santiago de Liniers, Conde de Buenos Aires – Buenos Aires (1907).

Labougle, Raúl de – Perichon de Vandeuil, en Máxima Perichon de Vandeuil de Martínez (1856-1918).

Palma, Federico – El Correo de Corrientes durante la época colonial – Resistencia,, Chaco (1966).

Pessagno Espora, Mario A. – Ana Perichon –Boletín del Centro Naval – Buenos Aires (1971).

Portal www.revisionistas.com.ar

Pradel de Lamase, Martial de – Les parisiens aux colonies,(1921).

Sanchez, Luis Alberto – La Perricholi – Santiago de Chile (1955).

Todo es Historia – Año IX – Nº 103 – Diciembre 1975.

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