Ignacio Fotheringham

General Ignacio Hamilton Fotheringham (1842-1925)

 

Nació en Southampton, Inglaterra, el 11 de setiembre de 1842, siendo su padre el coronel de ingenieros Roberto Hamilton Fotheringham, que estuvo a las órdenes de Wellington en la jornada inmortal de Waterloo, y había servido posteriormente mucho tiempo en la India.  Fue bautizado en la iglesia de San José, de su ciudad natal, a los cuatro días de nacido, con los nombres de Ignacio Hamilton.  Fotheringham perdió su progenitor cuando tenía 18 años de edad, el 19 de marzo de 1860.

 

Estudio dos años en una escuela de Southampton, pasando otro en el “Old Hall”, colegio católico de gran nombre en Ware, cerca de Londres.  Terminado los cursos en el último, se trasladó a Bélgica, siendo inscripto en el llamado “Le Petit Seminaire de Roulers”, situado en la ciudad de este nombre; completando sus estudios, en 1857, en el “Colegio de la Providence”, en Amiens.

 

Vuelto al hogar a principios de 1858, Fotheringham rindió pruebas para ser admitido en la escuadra de la India Oriental, de estación en Bombay, haciendo el viaje a mediados del mismo año en un buque a vela de 900 toneladas, “The Aerolite”, a cargo del capitán R. E. Alleyne.  Llegado a Bombay, se incorporó como guardiamarina al “Akbar”, pasando después a varios otros buques, permaneciendo año y medio a bordo del “Semiramis”.  En 1860, con otros compañeros, Fotheringham visitó una mezquita musulmana en Bushire, y por no haberse descalzado al entrar, como es práctica entre los mahometanos, fueron injuriados por los fieles, produciéndose un desorden mayúsculo.  Esta fue una de las causas por la cual Fotheringham debió abandonar el servicio naval en la India, cuya marina fue refundida en la británica, obteniendo pasaje para Inglaterra, viaje que realizó en la fragata “Royal Saxon”, llegando a su país a fines de 1861, siendo el puerto final de llegada Milford Haven, al Sud de Gales.

 

Después de permanecer un par de años en Inglaterra, quiso la casualidad que el futuro General estrechase relaciones con Manuelita Rosas de Terrero (Hija de Juan Manuel de Rosas) y su esposo, Máximo Terrero, cuya casa estaba cerca de la paterna de Fotheringham, denominada “Kingsbridge House”, rodeada de bosques y jardines, en Southampton.  Por intermedio de ambos logró conocer de cerca al Restaurador de las Leyes.

 

Lo que sigue es un fragmento de sus “Memorias”, en donde recuerda la personalidad del ilustre exiliado:

 

“Allá en mi tierra, en mi pueblo (Southampton) lo creíamos un general español desterrado por asuntos de alta política.  Un hermoso tipo, de aspecto varonil y enérgico.  Vivía en The Crescent, frente a la casa de familia de Lawe, muy amiga nuestra.  Una gran mansión de aspecto serio, silencioso y triste.  Nada de ruidos. Más tarde me han referido muchas anécdotas a su respecto.

 

“Al venirme, su “Doña Manuelita” me regaló una hermosa frazada, grande, abrigada, con un letrero central en bordado rojo: Federación o Muerte, Independencia. Rosas. Viva Manuelita.  La conservé por mucho tiempo.  Pero, resuelto a decir la verdad, aunque con vergüenza, confieso que la cambié en Paso de la Patria (durante la Guerra contra el Paraguay) por tableta mendocina… Más pudo el hambre que el venerado recuerdo.

 

“Tirano, déspota, sanguinario… No lo niego, pero no lo afirmo.  La pobreza en que vivía, demostraba, por lo menos, que era hombre honrado.  Y un hombre honrado no puede ser un hombre perverso…

 

“Años después, en 1885, me encontré en Southampton con mi mujer y dos hijos mayores, Inés y Roberto, de once y diez años, respectivamente.

 

“El primero que me vino a visitar al Hotel Radley, fue Mr. Mount, nuestro antiguo capellán, el viejo sacerdote que me bautizó y me bendijo al venirme, agregando: “Que tus ovejas, Ignacio, cubran las montañas del nuevo mundo…”.

 

“Nunca pudo suponer el final dramático de mi tentativa de estanciero ni que mis ovejas desaparecerían substituidas por…una espada.  Vino, pues, y nos invitó a comer. Fuimos. Sobre la chimenea de su modesto comedor había una hermosa talladura de flores en marfil, bajo gran fanal de cristal.

 

“-Qué hermoso- dije.

 

“-Ah, si -contestó-, me la regaló el general Rosas…

 

“Y yo:

 

“-Un tirano sanguinario y criminal y…

 

“-Cállese, cállese… -replicó-.  No hable usted así del mejor hombre que haya yo conocido: caritativo, bondadoso, lleno de todas las virtudes cristianas.

 

“Pues, ¿en qué quedamos?… Todavía está uno por saber qué es la historia.  “Cobarde, tú dormías”…le dice Mármol en su tremenda oda…

 

“Y conozco otro cuento al caso… Todos mis cuentos son fidedignos y garantidos.  En plena batalla de Caseros, el éxito era aún dudoso.  Rosas hablando con un jefe principal: “Mire, mire, esa caballería que avanza allá por la izquierda nos va a j…” (¡Perdón por la mala letra!).  En ese momento pasa un bizarro soldado de caballería, gorra de manga, lanza, lazo y boleadoras. “Párese, amigo…”, dice Rosas.  Bajóse el centauro.  “Traiga las boleadoras (Las midió con los brazos abiertos).  Un poco cortas -dijo-.  A caballo y dispare” -le gritó al soldado-.  De un brinco en la silla y a todo escape…”.  Pero no hubo escape, pues con la habilidad suma sorprendente de que estaba dotado “el primer jinete”, el “primer gaucho argentino”, revoleando las boleadoras las lanzó con mano certera por encima del cráneo del jinete y boleando el caballo de las manos, lo hizo rodar; pero el paisano, sonriéndose, salió al pie, las riendas empuñadas… “Por lo menos -dijo Rosas- todavía tengo el pulso bueno”.

 

“Y a mí me parece que ningún “cobarde” haría tal hazaña.

 

“Afuera de Southampton, en Shirley, tenía Rosas un pequeño farm o estancia.  Cuatro vacas, algunas ovejas, pocos caballos: Los Cerrillos en miniatura, como para recordar, acaso, a la patria.  En su salón, allá en la casa de The Crescent, tenía dos grandes sillones rojos; él ocupaba uno, el mismo de siempre y a la visita que intentaba sentarse en el otro, la detenía con un… “Dispense, no se siente en ese sillón, pues espero al general Urquiza…”

 

“En las carrerías o cacerías del zorro, en Inglaterra, montaba en soberbios caballos que le prestaba lord Palmerston.  Una vez rodó y salió corriendo… Asombro general.  En otra ocasión enlazó un ciervo por las astas.  Otra vez asombro.  Nunca, jamás, iba a la iglesia, la única iglesia católica que había en Southampton y, sin embargo, el viejo cura lo calificaba de “hombre lo más bueno”.  Habrá que escribir sin pasión la historia de Rosas”.

 

Poco después, Fotheringham se trasladó a Buenos Aires a bordo del “Oneida”, del R. M. S. P., con representaciones para los Terrero, los Mulhall y los Keen.

 

Permaneció un tiempo en la famosa estancia “Los Cerrillos”, la antigua de Rosas, que estaba en poder de Juan Nepomuceno Terrero e hijos.  También ocupó el puesto “La Carolina”, en la estancia “Baigorria”, de la misma firma social, con 2.000 ovejas.  Se hallaba ocupado en estas tareas ganaderiles, cuando estalló la guerra del Paraguay.

 

Junto con sus compañeros, Gerónimo Pizarro y Severo Sánchez, Ignacio Fotheringham se trasladó a Chascomús, donde se presentaron al comandante militar, coronel Juan Antonio Cascallares, el cual le dio al último una carta de presentación para el presidente Mitre.  Este les dio una orden para que el general Gelly y Obes les diese de alta como subteniente en el Batallón 5º de la 2ª División “Buenos Aires”, “La División Conesa”, que se estaba formando en la Capital.

 

Se presentaron al teniente coronel Carlos Keen, y 8 días después, Fotheringham era ascendido a teniente 2º de la compañía de granaderos de su batallón, el 1º de setiembre de 1865.  Poco después marcharon a Concordia, de donde prosiguieron el avance con todo el ejército hacia el Norte de Corrientes.  En diciembre de aquel año, estando acampados frente al “Rincón de Zeballos”, Fotheringham fue herido casualmente de un balazo en una pierna por su amigo, el capitán Calderón, por lo que debió pasar a curarse al Hospital de sangre en Corrientes.  Convaleciente, regresó al campamento de Ensenaditas, donde estaba todo el Ejército Aliado.

 

Asistió al combate de Pehuajó, el 31 de enero de 1866, en él cayó muerto de un balazo un poco más abajo del corazón, el teniente coronel Keen, y en el que se distinguió por su bizarría el mayor Dardo Rocha.  Se encontró en la acción del Paso de la Patria, el 16 de abril del mismo año, después de haber regresado de Buenos Aires poco antes, ciudad a donde debió trasladarse a curarse de sus dolencias, por no haber sanado completamente de la herida mencionada; restablecido, se había reincorporado al Ejército poco antes de iniciarse las operaciones para el cruce del Paraná.

 

Participó en el combate de Estero Bellaco, el 2 de mayo; en la batalla de Tuyutí, el día 24 del mismo mes; en los combates de Yataytí-Corá, Boquerón y Sauce, los días 10, 11, 16 17 y 18 de julio de 1866.  El 4 de setiembre del mismo año ascendió a teniente 1º de Guardias Nacionales de la 1ª compañía de su batallón; asistiendo al terrible asalto de Curupaytí, el 22 de aquel mes, distinguiéndose por su valor.  En la “Vida de un soldado”, el general Fotheringham narra el magnífico desfile que precedió a aquel sangriento hecho de armas; al pasar el joven capitán Domingo Fidel Sarmiento (”Dominguito”), se abrazó con aquél y le dijo: “Hasta luego, inglesito”.

 

A comienzos de 1867 bajó del Paraguay con su cuerpo para incorporarse al ejército que organizaba el general Paunero, que se hallaba acampado en marzo de aquel año en Fraile Muerto (hoy Bellville), punto terminal entonces del F.C.C.A., que aún no llegaba a Córdoba.  El 1º de abril, Arredondo deshizo el ejército rebelde del general Juan Saá, en el paso de San Ignacio, sobre el Río V.  Reunida la vanguardia vencedora, el mismo día con el resto del ejército de Paunero, marcharon después a Mendoza, donde permaneció Fotheringham desde abril a diciembre de 1867, alternando con la ciudad de San Juan.  El 23 de noviembre ascendió a capitán de Guardias Nacionales.

 

Pasó un tiempo agregado al 6 de Línea con Luis María Campos de jefe, obteniendo su baja del servicio el 31 de marzo de 1868.  El Gobierno de Mendoza lo nombró sargento mayor de la Guardia Nacional, e Inspector General de Armas de la misma Provincia, pero por haber pretendido el gobernador Nicolás Villanueva de que la Guardia Nacional se mezclase en apoyo de la candidatura oficial de su propio sucesor, Fotheringham renunció a su cargo y se trasladó a San Juan.  En tales circunstancias, el general Arredondo, comandante en jefe de las Fronteras Sur y Sudeste de Córdoba, Sud de San Luis y de Mendoza, lo llamó para que fuese a Córdoba a desempeñar la Inspección General de Armas de la Provincia; siendo dado de alta en el Ejército Nacional, en aquella Frontera, el 1º de setiembre de 1870.

 

Poco después llegaba a Córdoba el Batallón 7º de Infantería al mando de Julio A. Roca, que marchaba para Entre Ríos, donde vencería en la batalla de Ñaembé.  El Remington y el cañón modernos vencieron a las tacuaras gauchas de Ricardo López Jordán.

 

De enero a octubre de 1871, permaneció destacado en Villa Mercedes, obteniendo Fotheringham, con fecha 10 de este último mes, los despachos de sargenti mayor de infantería de línea; mandando en aquel punto el Batallón “San Luis”.  El reconocimiento de Fotheringham como jefe del ejército de línea fue a propuesta del propio general Arredondo.  En febrero de 1872 pasó a servir en la Frontera de Córdoba, como Jefe del Detall, con asiento en Río IV, donde permaneció hasta el 1º de diciembre del mismo año, fecha en que fue nombrado 2º jefe del Batallón 12 de Infantería.

 

En aquella frontera debió hallarse constantemente en lucha contra los indios invasores, habiendo estado un tiempo acantonado en Fuerte “3 de Febrero”, desde febrero a julio de 1872.  De enero a mayo del año siguiente, permaneció en su batallón en Río IV, marchando en esta última fecha a la provincia de Entre Ríos, con motivo de la rebelión de López Jordán; asistiendo a la campaña realizada en el curso de 1873 contra el indómito caudillo.  Se halló en la defensa de la ciudad de Paraná, desde mayo a setiembre, asistiendo al combate del 30 de agosto contra Leiva, y después marchó para Nogoyá, donde permaneció hasta el 1º de febrero de 1874, en que fue designado 2º jefe del Batallón 10 de Infantería, de guarnición en Río IV, destino en el cual quedó hasta el 28 de julio del mismo año, en que pasó a la Plana Mayor de la comandancia de las Fronteras Sud y Sudeste de Córdoba, por haber solicitado el 2 del mismo mes su separación del batallón a que pertenecía, por hallarse enfermo.  Fotheringham asistió a la batalla de Don Gonzalo, el 9 de diciembre de 1873, a las órdenes del general Gainza.

 

Acompañó al general Roca en su campaña contra el general Arredondo, asistiendo a la batalla de Santa Rosa, el 7 de diciembre de 1874, siendo promovido por su heroico desempeño a teniente coronel efectivo sobre el mismo campo de batalla.  Quedó destacado en Mendoza hasta marzo de 1875, en que regresó a Río IV, revistando en la Plana Mayor de las fronteras mencionadas.  El 25 de abril de 1877 desempeñaba las funciones de secretario del general Julio A. Roca, que ejercía las funciones de comandante en jefe de aquella frontera, pasando el teniente coronel Fotheringham en aquella fecha, a revistar en la “Lista Especial”, por superior resolución, pero continuando en el puesto mencionado.

 

El 16 de agosto de 1878 el batallón 7º de Infantería, destacado en Trenque Lauquen, cuerpo con el cual tuvo participación activa en la campaña del Río Negro, actuando en todas las operaciones formando parte de la vanguardia mandada por Levalle, comportándose con reconocido valor y especiales aptitudes de organización y mando, según expresa este último en informe del 28 de febrero de 1895.

 

Desde mayo de 1879 permaneció de guarnición en Choele-Choel, bajando a Buenos Aires con su batallón, en diciembre del mismo año.  En febrero del siguiente, marchó al Azul, de donde pasó en marzo a Guaminí.  Los sucesos revolucionarios del mes de junio impusieron su regreso a la Capital, incorporándose al ejército de la Chacarita.  Asistió a los combates de Puente Barracas, Puente Alsina y Los Corrales, el 20 y 21 de junio de 1880.

 

Por su comportamiento en esta campaña, el 9 de julio de aquel año fue promovido a coronel graduado, permaneciendo con su batallón de guarnición en la Capital hasta el 31 de enero de 1883, en que por decreto de la fecha se dispuso la formación de 6 regimientos de infantería, de a dos batallones cada uno; el Regimiento 5º constituido por los antiguos batallones 6º y 7º, fue puesto a las órdenes del coronel Ignacio H. Fotheringham, que había recibido la efectividad de su empleo el 30 de setiembre de 1882.  Quedó de guarnición en esta Capital.

 

El 3 de octubre de 1883 fue nombrado gobernador del territorio del Chaco en reemplazo del coronel Francisco B. Bosch, con residencia en Formosa.  El 25 de noviembre del año siguiente, después de tomar parte en la campaña mandada por el ministro Victorica, Fotheringham fue designado gobernador del territorio de este último nombre, y en el ejercicio de este cargo ascendió a general de brigada el 5 de agosto de 1886, fecha en que dejó de comandar el 5º de Infantería, jefatura que había retenido al ser nombrado gobernador, como queda dicho.  El 17 de marzo de 1885, Fotheringham se embarcó con su familia en el “Tagus”, realizando un viaje por Europa, Nueva York (Estados Unidos), regresando después a Inglaterra para salir de nuevo en el mismo buque, con el que llegaron a Buenos Aires el 5 de setiembre del mismo año.

 

Por R. S. de 28 de marzo de 1887 pasó a revistar en “Lista de Oficiales Superiores”.  El 21 de junio del año siguiente fue reelegido para un nuevo período de gobernador del territorio de Formosa, y el 10 de enero de 1889 fue designado jefe de la guarnición del Chaco Central.

 

El 27 de noviembre de 1888, ejerciendo el cargo de gobernador, se le hizo revistar en la 2ª Brigada de la 1ª División del 1er Cuerpo de Ejército, situación de revista que conservó hasta el 8 de julio de 1891, en que se le aceptó la renuncia que presentó del puesto de gobernador de Formosa, pasando a “Lista de Oficiales Superiores”.

 

El 1º de enero de 1894 se le hizo revistar en “Lista de Oficiales Generales”, y el 15 de marzo del mismo año se le nombró jefe de la 1ª Brigada de la 1ª División del 3er Cuerpo de Ejército.

 

Por decreto del 30 de abril de 1895 fue designado el general Fotheringham Director Interino del Arsenal y Talleres de Guerra, en esta ciudad, por hallarse enfermo el titular, general Napoleón Uriburu.  Ejerciendo este puesto, el 10 de julio del mismo año, se terminó la instalación de la cartuchería Mauser.

 

El 20 de setiembre de igual año se le concedió la exoneración que solicitó de aquel puesto, y con fecha 19 de octubre del mismo, fue nombrado vocal de la Junta Superior de Guerra.  Poco después, se ausentó a Río IV por asuntos personales.

 

El 14 de marzo de 1896 pasó a comandar la Brigada de “Córdoba”, con motivo de la movilización de la Guardia Nacional en toda la República, la que se hallaba acampada en Santa Catalina.  En el desempeño de este puesto, el general Fotheringham tuvo una vez más la oportunidad de demostrar sus excepcionales calidades de soldado recto y pundonoroso; por nota Nº 138 “reservada”, de 14 de abril de aquel año, formuló algunas observaciones al Estado Mayor General sobre el proceder del agente de la Intendencia de Río IV, a quien Fotheringham impuso un castigo disciplinario por no cumplir con sus deberes.  Pero el Jefe del E. M. G. dio equivocada interpretación a la nota de aquél, en un párrafo en que decía: “Seré el único responsable de mis actos ante la Superioridad de quien he merecido la confianza al ser nombrado Jefe de la Brigada; que siempre procederé en aquel concepto del más exacto cumplimiento de mis deberes, teniendo siempre presente el mejor servicio para el honor de su país y para el propio decoro, cumpliendo las órdenes recibidas”.

 

El Jefe del E. M. G. contestó por nota del 16 del mismo mes, Nº 58 “reservada”, la cual motivó la de fecha 20 de abril, Nº 144 “reservada”, del general Fotheringham, la que termina con el siguiente párrafo, revelador del concepto exacto de altivez militar que poseía su autor: “Siendo tan recta mi intención, pido a V. S. con el respeto debido, se sirva retirar el apercibimiento que encierra su nota fecha 16, o exonerarme del cargo de Jefe de la Brigada de Córdoba, que no puedo desempeñar a su completa confianza”.  Fotheringham permaneció en su puesto hasta la terminación de la movilización general, que era sólo por el término de 60 días.

 

Volvió nuevamente a la vocalía de la Junta Superior de Guerra hasta el 1º de agosto de 1897, en que fue nombrado comandante en jefe de la División “Cuyo”, compuesta de dos brigadas, con asiento en Mendoza.  Tal designación, en momentos en que se obscurecía el horizonte occidental de la República con grandes nubarrones de tormenta internacional, es una prueba acabada del elevado concepto que merecía al Gobierno el general Fotheringham por sus condiciones de mando y capacidad militar.

 

Permaneció en aquel puesto, que desempeñó con singular eficiencia, hasta el 14 de noviembre de 1899, en que se le concedió el relevo que había solicitado, pasando a revistar en “Lista de Oficiales Generales”.

 

El 1º de enero de 1902 fue nombrado Jefe de la 5ª Región Militar “Cuyo”, con asiento en Mendoza, teniendo destacamentos de la misma en el Challar, el Marquesado y Uspallata.  Nuevamente esta designación fue hecha por el presidente Roca en los momentos en que parecía inminente una guerra internacional, de modo que en este caso el general Fotheringham hubiera tenido el honor de mandar en jefe las primeras tropas que se empeñaran contra el adversario.  Afortunadamente, los pactos ajustados poco después, restablecieron la buena armonía en esta parte de la América del Sud.

 

El 23 de enero de 1904 ascendió a general de división, y ejercía el comando de la Región Militar de Cuyo, cuando tuvo lugar el movimiento subversivo del 4 de febrero de 1905, fecha en que se sublevaron varios cuerpos de la división que mandaba Fotheringham, el cual se hallaba en esos momentos en Río IV.  Tomó inmediatamente las medidas militares más convenientes para reprimir el movimiento, con tanto éxito, que el lunes 6 de febrero entraba en la ciudad de Mendoza, sin disparar un tiro, pues los rebeldes se habían desbandado la noche anterior.

 

Pero molestado el General por la intervención que había tenido en el movimiento algunos cuerpos de su División, el 9 de febrero elevó su renuncia a la Superioridad, la que fue aceptada el día 22 por el Presidente de la República.  Destinado a la “Lista de Oficiales Generales”, el 25 dirigió una Orden del Día, fechada en Mendoza, despidiéndose de sus compañeros de armas.  El mismo día partió para Río IV, desde donde elevó una nota a la Superioridad el 1º de noviembre de 1905, acusando recibo del decreto del P. E. por el cual pasaba a situación de retiro por edad, de acuerdo a la nueva Ley 4707, con un total de 40 años de servicios corridos, que con el cómputo de campañas, sumaban 58 años, 9 meses y 18 días de servicios aprobados.

 

Vivió en Río IV el resto de su existencia, falleciendo allí, a las 10.30hs de la mañana del 14 de octubre de 1925, de un ataque de uremia.  Había contraído enlace en aquella ciudad el 8 de mayo de 1873, con Adela Ordóñez, natural del lugar, de 17 años, hija de Proto Ordóñez y de Belisaria Ordónez.  En igual fecha de 1923, los esposos Ordóñez-Fotheringham festejaron jubilosamente sus bodas de oro, reuniendo a sus hijos y nietos, que llegaron entonces a sumar cuarenta personas.  La esposa del General le sobrevivió, obteniendo el 30 de noviembre de 1925 la pensión militar correspondiente con sus hijas solteras.  Teresa de Jesús y María Rosa.  Adela Ordóñez de Fotheringham falleció en Buenos Aires, el 17 de setiembre de 1938, a la edad de 83 años.

 

El general Fotheringham recibió las siguientes condecoraciones: cordón de plata de Tuyutí; escudo del mismo metal por el asalto de Curupaytí; medalla por la terminación de la guerra del Paraguay, y las otorgadas por el Brasil y el Uruguay por la misma causa; medalla de oro por la campaña del Río Negro y otra del mismo metal por la del Chaco.  El 31 de enero de 1891, el presidente del Brasil, mariscal Deodoro da Fonseca, le otorgó la Orden de Caballero del Cruzeiro, de oro y esmalte.  Por la campaña del Río Negro, el 2 de setiembre de 1885, se le otorgó un premio en tierras, consistente en 5.100 hectáreas, y  un solar.  Fotheringham poseyó un establecimiento de campo y otros intereses en Río IV.  Tenía 80 años cuando se le pidió que tomara el juramento de fidelidad a los reclutas del 14 de Infantería, un día de indecible felicidad para el veterano General.  Cuando quiso arengar a la tropa, la emoción le impidió hablar, apenas dichas unas palabras, y besó la enseña patria con ternura filial.  Tal era el corazón y el temple magnífico de este insigne soldado de la República Argentina.

 

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Fotheringham, Ignacio H – La vida de un soldado.

Portal www.revisionistas.com.ar

Yaben, jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

 

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