Combate de La Herradura

Brigadier Gral. Estanislao López (1786-1838)

 

Ante el fracaso de la expedición de 1818, llevada a cabo por el Juan Ramón Balcarce contra el caudillo santafecino Estanislao López, el gobierno de Buenos Aires dispuso que Balcarce fuese relavado por el general Belgrano, al que ordenó bajar con el Ejército Auxiliar del Perú, para hacerse cargo de las operaciones en el litoral.  Pero, hasta tanto llegase dicho jefe, el Ejército de Observación fue puesto a órdenes del general Juan José Viamonte y reforzado en hombres y material de guerra.  Igualmente, se reforzó el contingente de Córdoba con dos escuadrones de caballería al mando de los coroneles Paz y Lamadrid.

 

De modo que, al asumir el mando de las fuerzas, en febrero de 1819, el general Viamonte disponía de 2.500 hombres concentrados en San Nicolás y de 800 hombres al mando de Bustos en Córdoba.

 

Ese mismo mes Viamonte abrió la campaña y avanzó hacia Rosario con la intención de combinar sus movimientos con un avance que, desde Córdoba, debía realizar simultáneamente el coronel Bustos.

 

Al mismo tiempo, el Ejército del Alto Perú se ponía en marcha desde Tucumán hacia Córdoba para concurrir a la guerra del litoral.  En esta forma iban a converger sobre Santa Fe alrededor de 7.000 hombres.

 

En esos días López había recibido un refuerzo de 800 hombres, procedentes de Entre Ríos, los que sumados a los anteriores y a sus fuerzas propias le permitieron disponer de un ejército de poco más de 2.000 hombres.

 

El problema estratégico que esta nueva campaña planteaba al gobernador de Santa Fe era muy semejante al del año anterior, con la diferencia que, inicialmente sus enemigos estaban divididos en tres núcleos separados por grandes distancias.

 

Tan pronto como Viamonte abrió la campaña, López pudo advertir el error cometido por éste.  En efecto: el jefe enemigo, en lugar de esperar la llegada de las fuerzas de Belgrano para combinar recién los movimientos del Sur y del Oeste contra Santa Fe, se aventura imprudentemente, no obstante la seria advertencia que significaba el fracaso de la expedición de 1818.  Por su parte, Bustos, que después de la acción de Fraile Muerto se había replegado sobre la Villa de los Ranchos, al ser reforzado por Paz y Lamadrid, que sólo le aportaron 300 hombres, avanzó hasta La Herradura, aumentando así la distancia que le separaba del ejército de Belgrano.

 

López comprendió que le era preciso resolver la situación con las fuerzas que amenazaban cercarlo en ese momento y antes de que se operase la reunión de Belgrano y Bustos, pues de lo contrario la superioridad enemiga sería aplastante.

 

Sin pérdida de tiempo, dejó frente a Viamonte una fuerte partida para que lo retardase en su avance y, a la cabeza de 1.500 hombres, se desplazó rápidamente por el norte del Carcarañá hacia Córdoba, repitiendo la maniobra del año anterior.

 

Bustos, que había instalado su campamento en la margen sur del Río Tercero, en un lugar en que, por describir este una curva pronunciada ha recibido la denominación de La Herradura, había situado sus tropas en forma de que no podían ser atacadas por los flancos ni por retaguardia, pues el río, a nado, constituía en ese sentido una excelente protección.  Además, a ambos lados del emplazamiento elegido se extendían montes espesos.  El frente fue cubierto por una empalizada, en la que se abrieron tres portones para permitir la oportuna salida de la caballería en caso necesario.

 

El 18 de febrero López apareció inesperadamente frente a La Herradura sorprendiendo a Bustos, quien apenas tuvo tiempo de formar su infantería parapetándola en la empalizada y abriendo el fuego.

 

El combate se inició con la aproximación de fuertes y numerosas guerrillas santafecinas, que avanzaron en todo el frente de la posición de Bustos, que era la única parte accesible a un ataque.

 

Después de un nutrido tiroteo, los atacantes se lanzaron a la carga; pero fueron rechazados por el vivísimo fuego de la infantería enemiga, siempre protegida por la empalizada.

 

Al replegarse los montoneros, Paz y Lamadrid salieron en su persecución, al frente de sus escuadrones (300 hombres); pero, una vez fuera del alcance de los fuegos de la infantería, las guerrillas santafesinas fueron reforzadas y volvieron rápidamente a la carga, obligando a la caballería de Bustos a ganar nuevamente el campamento.

 

Al no poder conseguir atraer a Bustos a campo abierto, volvía a presentarse a López una situación análoga a la del año anterior. Carecía de elementos apropiados para atacar a un enemigo atrincherado, y ahora las circunstancias eran más apremiantes, pues, a medida que transcurría el tiempo, se aproximaban las fuerzas de Belgrano.

 

Obligado a decidir las operaciones en Córdoba lo más rápidamente posible, López intentó varias veces provocar una salida de Bustos simulando retirarse, sin poder lograrlo.

 

Finalmente y esperando, tal vez, que Bustos se decidiese a abandonar de cualquier manera su posición, López abandonó La Herradura y se dirigió hacia el noroeste, amenazando incursionar sobre Córdoba.

 

Al alcanzar la Villa de los Ranchos, llegaron al campamento santafecino noticias muy alarmantes sobre el avance del ejército de Viamonte, lo que decidió a López a abandonar las operaciones contra Bustos y dirigirse inmediatamente a Santa Fe.

 

Durante ese tiempo, Viamonte, que se había apercibido de la poca fuerza que tenía a su frente, dispuso que el coronel Hortiguera, con 400 hombres, efectuase un reconocimiento ofensivo hacia el norte.

 

Batalla de Las Barrancas

 

A principios de marzo, Hortiguera cruzó el Carcarañá y se adelantó hasta Coronda, avanzando paralelamente a la costa del Paraná.  Al llegar a dicha población se apoderó de numeroso ganado y rechazó a varias partidas de montoneros que intentaron atacarlo.  A continuación, Hortiguera  retrocedió al encuentro de Viamonte, llevándose el botín recogido.  El 10 de marzo Hortiguera alcanzó el lugar denominado Las Barrancas.  En ese punto, apareció de improviso una fuerza superior que, sin darle tiempo a reaccionar, lo cargó destrozándolo completamente.  Era López, que de regreso a Córdoba, reaparecía inesperadamente en la escena, asestando al ejército de Buenos Aires este primer golpe abrumador.

 

Viamonte quedó anonadado al conocer lo ocurrido.  Con sus efectivos disminuidos y desgastados por los combates afrontados contra las guerrillas enemigas, con el ganado casi agotado no se sintió en condiciones de proseguir la ofensiva emprendida y retrocedió a Rosario, donde las fuerzas de López lo sitiaron, exactamente igual que lo habían hecho con Balcarce el año anterior.

 

Mientras tanto, Belgrano, había llegado el 28 de febrero a Córdoba, con más de 3.000 hombres y avanzaba ahora sobre Santa Fe.  Su caballería, muy superior a las montoneras santafecinas, sableaba a éstas arrollándolas a su paso.

 

Además, una división del Ejército de los Andes, de más de 1.000 hombres había repasado los Andes y se aprestaba en Mendoza a marchar al litoral, de acuerdo con las órdenes impartidas por el gobierno de Buenos Aires.

 

El futuro no dejaba de ser angustioso para López; pero impuesto de las dificultades con que tropezaba el general San Martín para proseguir su campaña continental y de la resistencia de éste a enviar tropas al litoral, restándolas de los efectivos con que expedicionaría sobre Perú, allanó las dificultades y llegó a un entendimiento con Viamonte, para negociar la paz.  El 5 de abril se firmó un armisticio, que fue ratificado por Belgrano, a su llegada a Rosario.

 

De acuerdo con lo pactado, el ejército de Buenos Aires retrocedió a San Nicolás y el del Alto Perú a Cruz Alta.  Por su parte, López se replegó hacia el Salado y despidió a sus aliados de Corrientes y Entre Ríos.

 

La campaña de 1819 terminaba, prácticamente, con un nuevo fracaso para el gobierno de Buenos Aires y la situación militar volvía a su punto de partida.

 

Frente al mismo problema estratégico del año anterior, López adopta la misma resolución y repite su maniobra estratégica de 1818, anulando nuevamente a Bustos, a pesar de que no logró batir a éste en un combate decisivo.

 

Al regresar a Santa Fe, no elude el encuentro con el ejército de Buenos Aires, dado que ahora dispone de mayores fuerzas que en la campaña anterior.  Y al hallar a su adversario dividido, aprovecha el error de éste para batir a Hortiguera separadamente, con lo que queda en superioridad de condiciones sobre Viamonte.  Tan es así, que éste no puede proseguir la ofensiva ni mucho menos aceptar una batalla y decide retirarse.

 

En dos campañas sucesivas López alcanza el éxito, con sólo sus maniobras y su guerra de recursos.

 

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Ornstein, Cnl. Leopoldo R. – López Militar – Jornadas de Est. Históricos – Santa Fe (1938).

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