Estanislao Heredia

Pirámide con los restos del teniente coronel Estanislao Heredia y 20 soldados, en el cementerio de 9 de Julio

Es bueno levantar del olvido de cuando en cuando como ejemplo de abnegación y patriotismo, la figura luminosa de aquellos que cayeron como buenos en cumplimiento de un deber y para quienes la patria no ha guardado el menor recuerdo. Son figuras que se pierden detrás del sepulcro y nosotros cumplimos el grato deber de ir levantándolas una a una, para mostrarlas con todo el brillo, con todo el fulgor de que estuvieron rodeadas en su vida gloriosa. Toca ahora su turno al comandante Heredia, jefe del 5 de Caballería, cuya muerte trágica y desconocida nos conmueve todavía.

Estanislao Heredia nació en Catamarca en 1834 (1). El 1º de mayo de 1857 fue incorporado como alférez 2º agregado a la 1ª compañía del 2º escuadrón del Regimiento Nº 5 “Granaderos a Caballo”, en el Campo de Marte (Azul). El 24 de julio de 1858 fue ascendido a teniente graduado de su compañía (“en cumplimiento del Superior Decreto de 21 de mayo de 1858”); estando su cuerpo destacado en aquella fecha en Sauce Grande. El 1º de febrero de 1859 se hallaba acantonado en el Arroyo de la Ventana, y en Sauce Chico el 1º de marzo; pasando a Napostá Grande el 1º de mayo, y a Bahía Blanca el 1º de junio de 1859. Con motivo de la campaña que se abrió contra la Confederación, su cuerpo marchó hacia Buenos Aires, pero Heredia, que había recibido la efectividad de teniente 2º de su compañía el 7 de julio de 1859, obtuvo su baja del servicio.

Reincorporado al Ejército. El 1º de diciembre de 1859 se le encuentra como teniente 2º agregado a la 1ª compañía del 2º escuadrón del Regimiento 3º de Caballería en el Campo de Marte (Fuerte Azul); y el 1º de febrero de 1860 revista a cargo de la mencionada compañía; pasando el 1º del mes siguiente, a la 2ª compañía del 1er escuadrón de su cuerpo, de guarnición en el punto mencionado.

El 10de julio de 1860 ascendió a teniente 1º de la lª compañía del 2º escuadrón de su regimiento, a cargo de la misma desde el 1º de setiembre de igual año. Tomó parte en la campaña de Pavón, asistiendo a la acción de ese nombre, y posteriormente se le halla acampado con su cuerpo el 1º de enero de 1862 en la costa del Paraná, llegando en el curso del mismo mes al Rosario. Terminada la campaña, en febrero de aquel año marchó con su regimiento de guarnición a Rojas, siendo promovido a ayudante mayor el 26 de noviembre de 1862.

El 1º de abril de 1863 se hallaba destacado en el “Fortín Bellanca”, pasando nuevamente a Rojas en el mes de octubre. El 31 de diciembre de 1863 fue ascendido a capitán de la 1ª compañía del 1º escuadrón del Regimiento 3º de Caballería. Desde mayo de 1864 a abril de 1865 permaneció en dicho cuerpo, de guarnición en Junín. Marchó en la expedición contra los indios Ranqueles mandada por el coronel Julio de Vedia, asistiendo al combate de la “Guardia de la Esquina”, en la Frontera Sud de Santa Fe, el 3 de julio de 1863.

Al estallar la guerra del Paraguay marchó desde aquel punto a Rosario, donde se embarcó para incorporarse al ejercito de operaciones, pasando a formar parte del 2º Cuerpo del Ejército que mandaba el general Emilio Mitre.

Se halló acampado con el Ejército Aliado en las Ensenaditas desde enero a abril de 1866, participando en el curso de este último mes en las operaciones de pasaje del río Paraná y en la toma de la batería de Itapirú, el 16 y 17 del mismo. Participó en la acción del Estero Bellaco del Sud, el 2 de mayo de 1866, y en los combates que se libraron para el cruce del mencionado Estero el 20 de este último mes.

En la gran batalla de Tuyutí, el 24 del mismo mes y año, cupo al 3º de Caballería, del que formaba parte el capitán Heredia, una actuación sobresaliente; junto con el 1º de la misma arma, mandado por el coronel Ignacio Miguel Segovia, salvaron del desastre a que expusieron a todo el Ejército Aliado las fuerzas de Guardias Nacionales correntina mandadas por los generales Manuel Hornos y Nicanor Cáceres, que cubrían el flanco derecho. Estas tropas de G. N. fueron batidas y arrolladas por la caballería paraguaya del general Resquín, y su desbande era inminente, sino hubiera sido por la pronta intervención de los regimientos mencionados, produciéndose un terrible choque al arma blanca, en el cual, jefes, oficiales y soldados se destacaron por su intrepidez y bravura; consiguiendo quebrantar el empuje de los más audaces, que momentos antes habían sableado a la caballería correntina y que pretendían flanquear al Ejército Aliado, para efectuar una reunión con el cuerpo mandado por el general paraguayo Barrios, a espaldas del enemigo. Finalmente, los laureles de la victoria coronaron los estandartes de los valientes regimientos 1º y 3º de Caballería, premiando el esfuerzo gigantesco de aquellos heroicos hombres.

Con su regimiento, Heredia formó parte de las fuerzas de caballería a las órdenes del general Venancio Flores, que amagaron por el punto llamado “San Solano” a las posiciones fortificadas de Curupaytí, en el violento asalto ordenado por Mitre en la luctuosa jornada del 22 de setiembre de 1866.

Permaneció acampado en Itapirú el resto de aquel año y el primer semestre del siguiente, siendo promovido a sargento mayor graduado el 27 de julio de 1867, pero quedando siempre a cargo de la 1ª compañía del 1º escuadrón de su regimiento. En aquel mismo año el Ejército Aliado marchó para ejecutar el movimiento envolvente sobre Tuyú-Cué, participando Heredia en algunas expediciones sobre los paraguayos. El 3 de noviembre de 1867, 8.000 paraguayos a las órdenes del general Barrios, sorprendieron y atacaron a los aliados en su campamento de Tuyutí, consiguiendo un triunfo momentáneo; pero después de tomar algunos cañones, se entregaron al saqueo de las ambulancias, siendo derrotados y casi exterminados por la caballería argentina al mando del general Hornos, entre la cual se encontraba el 3º de aquella arma y el Regimiento “General San Martín”, que con tanto valor se condujeron en aquella gloriosa jornada. Heredia, que había disfrutado poco antes de una breve licencia que se le concedió el 4 de enero de aquel año para bajar a Buenos Aires, se halló en aquel tremendo combate.

Al año siguiente pasó a Corrientes con su cuerpo, incorporado a la división del general Emilio Mitre, que fue encargada de dominar la rebelión encabezada por el general Nicanor Cáceres, que se había alzado en armas en el mes de mayo. Sofocada aquélla, regresó a Paraguay; pero antes de atravesar el Paraná, desde Goya el 16 de diciembre de 1868, el jefe del 3º de Caballería, coronel Emilio Vidal, propuso a la Superioridad, al ya sargento mayor graduado, Estanislao Heredia, para la efectividad del empleo y la comandancia del 1º escuadrón del cuerpo; agregando el coronel Vidal, que el propuesto había acreditado sus buenas calidades en la campaña del Paraguay, “en cuyos combates se hizo siempre acreedor a las recompensas de la Superioridad”. El 13 de febrero de 1869 se le otorgó la efectividad solicitada. El mes anterior, el 3º de Caballería bajó a la Frontera Norte de la provincia de Buenos Aires, acampando en Cabeza de la Vaca el 1º de abril de 1869, después de hacerlo en Junín desde el principio del año de referencia.

Posteriormente, Heredia solicitó ser separado del 3º de Caballería, por que regenteaba la Mayoría del mismo, el sargento mayor Lorenzo Vintter, de menor antigüedad que aquél, causa ésta que le hacía imposible continuar en aquel cuerpo. Esta solicitud presentada en junio de 1869, fue resuelta el 16 de setiembre del mismo año, fecha en la cual, el coronel Rufino Victorica, comunicaba al comandante Charras, jefe de la Frontera Oeste, con asiento en Junín, de que con fecha 4 del mismo mes, el Gobierno había dispuesto que el sargento mayor Heredia, del 3º de Caballería, pasase a órdenes del de la provincia de Buenos Aires. Por esta causa, el 27 de octubre del mismo año pasó a revistar en la P. M. A.

El 7 de marzo de 1870, el coronel Antonio Benavides, desde Fuerte “Coronel Gainza”, Frontera Sud de Santa Fe y Córdoba, solicitó que los sargentos mayores Estanislao Heredia y Máximo Bedoya pasaran a sus órdenes en aquella frontera. Accediendo a lo solicitado, el día 17 del mismo mes, Heredia pasó a órdenes del coronel Benavídez.

El 20 de agosto de 1870 fue destinado a la P. M. A., y el 26 de mayo de 1871 fue nombrado jefe del Regimiento 5º de Caballería, otorgándosele despachos de teniente coronel graduado el día 29 del mismo mes. Dicho cuerpo, que pertenecía a la guarnición del Fuerte General Paz, junto con el Regimiento “Coronda” de G. N. formó una brigada a las órdenes de Heredia en la primera campaña contra López Jordán, en el año 1870, asistiendo a varios hechos de armas. En mayo de 1871 se hizo cargo del cuerpo en la fecha precitada, acampando en una isla frente a Gualeguaychú; de donde lo condujo al Fuerte General Paz.

En julio de 1871 marchó con su regimiento a sofocar la sublevación de la indiada del cacique Manuel Grande, lo que verificó. En junio de 1872 supo que una invasión de indios había pasado por la izquierda de aquel Fuerte; el valiente comandante Heredia se puso en marcha con su regimiento, pero después de andar más de dos leguas, no encontraron rastros de los salvajes, y con el fin de no fatigar a toda su tropa, y en la creencia de que fuera un a invasión poco numerosa, ordenó a su 2º que hiciera alto, o marchase más despacio, mientras él se adelantaba con 50 hombres, con sus correspondientes oficiales y el baqueano Peralta. Apenas se había adelantado una legua, cuando Heredia alcanzó a ver una punta como de 20 o 30 indios, que al verlos, huyeron rápidamente.

Heredia sin vacilación se puso en su seguimiento a gran galope, suponiendo que era la gran invasión que le había sido anunciada; a poca distancia salieron de detrás de un médano otra cantidad de salvajes. Lo que decidió al bravo comandante a apurar la marcha, trepando rápidamente aquel obstáculo, detrás el cual apareció una columna de 300 a 400 salvajes, hábilmente emboscados para atacar a la pequeña fuerza que se aproximaba. Aquellos indios estaban mandados por el célebre cacique Pincén.

Sin vacilar un momento, Heredia hizo desmontar su tropa y formar cuadro, movimiento que fue ejecutado con toda rapidez, y mientras se disponía a repeler el inminente ataque, desprendió a su ayudante, para que ordenara a su segundo que a marchas forzadas se dirigiese al punto donde iban a combatir. El ayudante cumplió la orden, que mal trasmitida o mal interpretada, no fue inmediatamente ejecutada, regresando al lado de Heredia cuando ya se había iniciado la lucha.

Esta tomaba contornos trágicos, pues las carabinas de fulminante erraban fuego con suma repetición, que fue lo que sucedió entonces, siendo en este caso muy grande el número de las que fallaron y muy pocos los tiros que salieron, circunstancia que envalentonó a los salvajes; fue necesario recurrir al arma blanca para defender sus vidas en un terrible cuerpo a cuerpo. Los indios blandiendo enormes lanzas abrían profundos claros en aquel pequeño cuadro. Heredia, magníficamente bravo, exhortaba a sus soldados a mantenerse firmes mientras llegaba el resto del Regimiento. Ya se habían producido como 20 bajas.

Viendo que no aparecía el resto de su cuerpo destacó nuevamente al ayudante con la orden de hacer acelerar la marcha al mayor encargado; regresando aquél una vez cumplida la misión encomendada. Sin embargo, continuaban raleando las magras filas del comandante Heredia y el tan esperado socorro no llegaba nunca. Por tercera vez partió el veloz ayudante, pero esta vez no encontró al resto del regimiento y el digno oficial, único que sobrevivía aún, volvió al lado de su Jefe, pero éste ya no se hallaba a caballo: ¡era demasiado tarde! El ayudante se volvió loco.

Cuando sólo quedaban 8 o 10 hombres de pie, el baqueano Peralta se acercó a Heredia a invitarle a montar en su caballo parejero, para huir ambos; pero aquel valiente soldado se negó terminantemente, expresando que no podía abandonar a aquel puñado de bravos que había obedecido su voz de mando hasta el último momento. Antes que pudiera insistir el baqueano, una nueva arremetida de los salvajes sólo dejó tres soldados en pie. Heredia castigó su caballo, y haciendo fuego con su revólver se puso al lado de aquellos tres leones. Dos minutos después todo había concluido; el valiente comandante había recibido el postrer lanzazo, rodando sonriente y valeroso entre aquellos 80 cadáveres, pues los salvajes tenían 30 muertos.

Peralta, aprovechando la confusión producida entre los salvajes por la muerte del heroico comandante Heredia, y la precipitación con que se lanzaron para desnudarlo, fugó dirigiéndose al Fuerte General Paz, donde se hallaba el resto del regimiento, afirmando el mayor que la orden que había recibido era la de retirarse.

Cuando al día siguiente llegaron al lugar de la terrible tragedia, que había tenido lugar el 27 de junio de 1872, encontraron a Heredia y sus 50 valientes, desnudos y horriblemente mutilados, rodeados de trozos de sables y carabinas.

El 17 de julio de aquel año, recibían piadosa sepultura en esta Capital, aquellos despojos gloriosos. Su viuda, Mercedes Cari de Heredia, recibió el 30 de junio de 1873 la pensión del medio sueldo asignado a su valiente esposo.

Las listas de revista del mes de julio de 1872 señalan a la posteridad el nombre de los que murieron gloriosamente en la triste jornada del 27 de junio de aquel año. Ellos fueron:

1ª compañía del 1º escuadrón: sargentos Juan S. Herrera y José Molina; cabo Hermógenes Bustamante; y soldados Rufino Maldonado, Ramón Gómez y Narciso Rearte.

2ª compañía del 1º escuadrón: sargento 2º Nicasio Rodríguez; soldados Silvestre Maciel, Tomás Ibáñez, Néstor Rosales, Dalmacio Ramos, Ramón Rodríguez, Juan Castro y Gregorio Borsala.

1ª compañía del 2º escuadrón: cabo 2º Domingo Contreras; soldados Juan Martínez, Ezequiel Caldez e Hilario Lasarte.

2ª compañía del 2º escuadrón: aspirantes Juan Barquita y soldado Crescencio Ortega.

En la nota de baja del teniente coronel Heredia se lee textualmente en las listas mencionadas: “El teniente coronel graduado sargento mayor D. Estanislao Heredia, con fecha 27 de ppdo. por haber muerto en la pelea con los indios”.

Era segundo jefe del Regimiento 5º de Caballería el sargento mayor graduado José Díez. Muerto Heredia, tomó el mando del cuerpo el teniente coronel Hilario Lagos, quien ya figura en tal carácter en las listas del 1º de julio de 1872.

El 27 de diciembre de 1963, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio sancionó una ordenanza designado “con el nombre de Teniente Coronel Estanislao Heredia, la calle de la ciudad de Nueve de Julio, que corre paralela a la Ricardo Gutiérrez hacia el lado oeste”. El proyecto había sido presentado por el bloque de ediles de la Unión Conservadora, a fines de octubre del mismo año; habiendo recibido el pedido de aprobación, por parte de las comisiones de Vialidad y Obras Públicas y de Presupuesto y Hacienda, el 10 de diciembre.

El 13 de julio de 1982 es declarado Monumento Histórico Nacional el monolito que guarda los restos del comandante Estanislao Heredia y sus 20 soldados, muertos en junio de 1872.

Referencia

(1) Según Héctor José Laconis – Diccionario histórico y biográfico sobre la historia de 9 de Julio. Jacinto R. Yaben, en su obra “Biografías argentinas y sudamericanas” lo menciona como natural de Buenos Aires sin especificar su fecha de nacimiento.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Gutiérrez, Eduardo – Croquis y siluetas militares – Edivérn – Buenos Aires (2005)
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939)

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