Hacienda de Figueroa

Es un lugar histórico de trascendencia nacional que se encuentra ubicado en el camino real al Alto Perú – hoy camino de tierra entre San Antonio de Areco y Luján -, próxima a la localidad de Azcuénaga y en las cercanías de la confluencia de los arroyos de Suero y Giles.  La “Posta o Hacienda de Figueroa”, lugar conocido como estancia “La Merced”, tiene su emplazamiento dentro de la jurisdicción del Partido de San Andrés de Giles desde el dictado de la Ley Nº 541 del 24 de octubre de 1864, reglamentada al año siguiente, por la cual se fijó la delimitación territorial de los distritos bonaerenses de la campaña, situados al norte del río Salado.

 

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Hubo continuas confusiones originadas desde siempre en cuanto a situar a la Hacienda de Figueroa en San Antonio de Areco.  En cierto modo, los equívocos han sido producidos por documentos donde se menciona a la estancia como ubicada en Areco. Tal es lo ocurrido en numerosos oficios y cartas de la época de Rosas.


La importancia de la Hacienda de Figueroa, desde el punto de vista de nuestra Historia, radica en la existencia de una serie de episodios que la tuvieron como epicentro.

 

Entre dichos sucesos podemos mencionar la estada del general José María Paz cuando era traído, en calidad de prisionero, desde Santa Fe hacia Luján; la presencia de Juan Manuel de Rosas en diversas oportunidades; la de Juan Facundo Quiroga; la del gobernador de Santa Fe, general Estanislao López y la del Coronel Antonio Ramírez, custodio de Paz en su viaje hacia la prisión hechos que están documentados tanto en las cartas que esos personajes de enorme gravitación histórica escribieron desde el lugar como en las Memorias póstumas del nombrado Paz y en otros documentos fidedignos.

 

La Hacienda de Figueroa cumplió 266 en manos de la misma familia, caso único en toda la provincia de Buenos Aires.  Originariamente poseía 20.000 hectáreas, pero las sucesivas ventas y divisiones producidas a lo largo de tantas generaciones han hecho que los actuales propietarios, Julio Figueroa Castex y su esposa Amelia Tapia, solamente posean 6 hectáreas, en donde desarrollan sus actividades rurales, junto a su numerosa familia.

 

Pese a que la “Posta de Figueroa” es el único monumento histórico municipal reconocido a nivel Provincial, la desidia y el desinterés de las autoridades locales es notoria y preocupante.  Pues nada aportan para la conservación y difusión de tan valioso patrimonio histórico; todos los gastos de mantenimiento deben ser afrontados indefectiblemente por las flacas arcas de los dueños del predio.  Todo un ejemplo (un mal ejemplo) de cómo se protege nuestra tradición y la gloriosa historia de nuestra Patria.

 

Pero a pesar de todo la Hacienda de Figueroa sigue de pie, orgullosa, hermosa, custodiada y cuidada por don Julio Figueroa y su maravillosa familia. 

 

Presidio del general José María Paz

 

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Aún se conserva el calabozo en donde estuvo alojado el “manco” Paz, que actualmente es el dormitorio que utilizan las hijas de don Julio.  Viendo los sólidos y herrumbrados barrotes de la ventana uno no puede más que recordar el relato que el general José María Paz hace constar en sus Memorias:

 

“Esa tarde llegamos a casa de un Figueroa, gran amigo de Rosas, según supe después, e inmediatamente me alojaron en una pieza aislada, donde se colocaron centinelas dobles, y se tomaron todas las precauciones.  Ramírez entraba a cada momento en mi alojamiento, que fue también el suyo, y viendo llegar una carreta con mujeres, me dijo que esa noche había baile en la casa, pero eso, ¿con qué motivo particular?  Creo que el verdadero fue mi venida, y el deseo innoble de mortificarme.  Al estar cenando vinieron a cantar a la puerta una canción de esas que acostumbran, en que no se respira sino sangre y carnicería; al concluir dieron las vivas y mueras de regla, lo que tomé y tengo hasta ahora por un verdadero insulto, que quiso hacérseme.  Ramírez se disculpó como pudo y al día siguiente continuamos….”

 

Carta de la Hacienda de Figueroa

 

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El 17 de diciembre de 1834, el general Facundo Quiroga, que ha partido esa mañana de Buenos Aires, llega en su galera a San José de Flores.  Se detiene en la quinta de Terrero, en donde se encuentra con Rosas y con Maza. Todo ese día y parte del siguiente duran las conversaciones.  El 18, Quiroga emprende su largo viaje hacia el norte con la misión de apaciguar a las provincias de Salta y Tucumán.  Rosas lo hace subir a su galera.  En Luján se detienen un rato y al oscurecer llegan a la estancia de Figueroa, próxima a San Antonio de Areco.  Allí conversan los dos generales por última vez. Quedan en que Quiroga partirá a la madrugada y en que Rosas le enviará un chasque con una carta política.

 

Durante esa noche y parte de la mañana siguiente, Rosas dicta a su secretario Antonio Reyes su famosa carta de la hacienda de Figueroa.  Es un notable documento doctrinario, que basta para mostrar el gran estadista que hay en Rosas.  Sus enemigos, y los escritores e historiadores que le son adversos, han negado que él pudiera haberlo escrito.  Pero la afirmación de Reyes, muchos años más tarde, treinta después de la caída de Rosas, no permite dudar de que es obra de don Juan Manuel.

 

Placas conmemorativas

 

Sobre la pared que fuera de la pulpería-calabozo, aún se conservan cinco antigua placas de bronce, la última de las cuales fue colocada en 1994.  Estos son los únicos reconocimientos que recibiera la hacienda en sus 266 años de existencia. 

 

Alguien dijo en una oportunidad: “Perder los vínculos con nuestra esencia, desgarrar los lazos con el pasado, marcan el comienzo de la pérdida irremediable de la identidad propia”.  Está en nosotros que eso no nos suceda.

 

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¡Muchas gracias don Julio por su hospitalidad!

 

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Paz, José María – Memorias póstumas

Periódico La Libertad – San Andrés de Giles

Turone, Oscar A. – La Hacienda de Figueroa

 

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