Nazario Benavídez

General Nazario Benavídez (1805-1858)

Nació en San Juan en 1805, hijo de padre chileno y de madre argentina de tradición social en aquella ciudad.  En su primera juventud ejerció los oficios de podar y tapiar, siendo posteriormente arriero y llegó hasta desempeñar las funciones de director de una destilería de aguardientes.  Cuando Juan Facundo Quiroga organizó las fuerzas con las cuales se iba a lanzar en la guerra civil argentina, Benavídez, que era oficial de milicias, sentó plaza en sus filas el 14 de mayo de 1829, en calidad de alférez de caballería.  “Hombre sencillo y sin educación”, dice Larrain en su obra El País de Cuyo, “adquirió en la vida pública esa tintura del trato de gentes cultas de sociedad, y su buen sentido y fina perspicacia hicieron pronto lo que restaba al hombre nacido para caudillo manso y salvaguardia de su pueblo en la tremenda época del terror”.

Acompañó a Quiroga en su campaña de 1831 sobre Tucumán y Salta, formando parte Benavídez de la vanguardia.  Conjuntamente con el comandante Julián Cuenca, el 23 de setiembre de aquel año derrotaban en Capayán, al coronel unitario Alejandro Herrero; y el día 27 del mismo mes, batían al sargento mayor Juan J. Guesi, en Miraflores,  tomando a este último prisionero, el que fue pasado por las armas, el 30 de setiembre.  Se halló en la batalla de la Ciudadela, el 4 de noviembre de 1831, bajo el superior comando del general Quiroga, donde el comandante Benavídez se destacó por su pericia y por su valor a la consideración de la Superioridad.  Se revelaba ya un hombre de calidades distinguidas para la carrera de las armas.

Al frente del Regimiento de caballería Nº 2 de “Auxiliares de San Juan”, fuerte de 200 plazas, el comandante Benavídez participó en la campaña al desierto formando parte de la “División Derecha” mandada por el general Felipe Aldao; el 31 de marzo y el 1º de abril de 1833, Benavídez batía a los salvajes en el Arroyo del Rosario y en las tolderías de Yanquetruz, obteniendo una completa victoria, no sin experimentar muchas pérdidas por su parte.  El 7 de setiembre de aquel año, el general Quiroga, que tenía el mando en jefe de las operaciones ejecutadas por las tres Divisiones que participaron en aquella campaña, ordenaba el regreso de las fuerzas de Aldao, las que llegaron a Mendoza a mediados de octubre.

En 1835, durante el gobierno del coronel Yanzón, Benavídez desempeñó las funciones de mayor de la plaza de San Juan, cargo que ejercía en agosto de aquel año, en la época en que fue procesado y ejecutado el coronel Barcala; como el primero de los nombrados había vencido a Benavídez en la posesión del mando de la Provincia, éste no le perdonó y se lanzó con el propósito de derribarlo.  Yanzón tuvo aviso de la conspiración que se tramaba, y para desbaratarla, sin ruido, ni efusión de sangre, sigilosamente, fue a dormir al cuartel que pensaba asaltar Benavídez, donde organizó la defensa y efectivamente, a media noche se llevó a cabo el ataque, que fue completamente rechazado, huyendo el jefe rebelde a Buenos Aires, donde fue bien recibido por Juan Manuel de Rosas.  El 22 de setiembre de 1835, fue declarado fuera de la ley por Yanzón.

Pero la derrota sufrida el 5 de enero de 1836, en el lugar llamado Pango, muy inmediato a la ciudad de La Rioja, por las fuerzas combinadas, de San Juan y de los Llanos, mandadas por Yanzón y Peñaloza, respectivamente,  por los riojanos a las órdenes del general Tomás Brizuela, dio por tierra con el gobierno del primero, que fue reemplazado el mismo 9 de enero por José Luciano Fernández, en carácter de interino, el cual, el día 28 del mismo mes derogaba el decreto del 22 de setiembre anterior, declarando fuera de la ley a Benavídez.  Este fue elegido gobernador interino de San Juan, el 26 de febrero de 1836, y en propiedad,  el 8 de mayo del mismo año, ya con el cargo de brigadier general.  Fueron sus ministros sucesivamente: Amán Rawson, Timoteo Maradona, Saturnino Manuel de Laspiur, Dr. Saturnino de la Presilla y el coronel Juan Antonio Durán, en los 19 años que rigió los destinos de aquella Provincia.  Salvo las interrupciones que le impuso la larga lucha civil, el general Nazario Benavídez ejerció el mando en San Juan hasta el 11 de enero de 1854.

Combatió en Arroyo del Rosario, Saladillo de los Colorados, Sañogasta, Tulcum, Punta del Monte, Chacarilla, San Juan, Rodeo del Medio, Cuesta de Miranda, Los Manantiales, Bañados de Ilisca y Leoncito, y participó en muchos otros combates de menor importancia como hechos de armas.

Ejerció su mandato con cordura, en forma completamente distinta a casi todos sus demás colegas en aquella época turbulenta.  Cuando estalló la guerra civil en las provincias del interior, en 1840, Benavídez ocupó el cargo de 2º jefe de las fuerzas federales y en el ejercicio de este puesto iba a aquilatar excepcionales condiciones de hombre de guerra, especialmente, como se verá, en su famosa reacción contra Acha después de Angaco, su digno rival.  El 24 de abril de 1841, Benavídez derrotaba a Brizuela en Tulcum, y el 7 de junio, volvió a obtener un nuevo triunfo sobre éste en Sañogasta, quedando muerto sobre el campo de batalla el propio Brizuela.

Al salir a campaña, en abril de 1841, Benavídez delegó el mando en el coronel José María de Oyuela, hasta agosto del mismo año.  Mientras Lamadrid se dirigía a La Rioja, ciudad que ocupó el 22 de julio de aquel año, destacó al coronel Acha con su vanguardia, el cual después de dispersar las guerrillas que bajo el mando del gobernador delegado de Oyuela, le salieron al encuentro, ocupó la ciudad de San Juan el 13 de agosto de 1841.  Tres días después, habiendo reunido Acha todos los elementos posibles para el ejército de Lamadrid, se pudo en marcha con el objeto de realizar su incorporación a éste, pero se le cruzó en el camino, en los campos de Angaco, todo el ejército del general José Félix Aldao, del cual formaba parte el general Benavídez con las fuerzas sanjuaninas.  Después de una terrible pelea que duró desde la salida del sol hasta el caer de la tarde de aquel día y no obstante la desproporción enorme entre las tropas beligerantes: 600 hombres de Acha contra 2.200 de Aldao, la suerte de las armas favoreció a los primeros, huyendo el segundo, que sufrió pérdidas considerables, en relación a su enemigo, pues los federales tuvieron más muertos que el total de los efectivos unitarios.  El general Benavídez se retiró furioso del campo de batalla, y en el camino, en las inmediaciones de la Cañada Honda, se encontró con el coronel José Santos Ramírez, que conducía desde Mendoza una fuerza de 500 hombres para reforzar a Aldao.  Reunido aquel jefe a Benavídez pudo éste contar con una fuerza de 800 plazas y con ella tomó la resolución de atacar al general Acha, al que sorprendió el 19 de agosto en la Chacarilla, punto distante media legua al sur de la ciudad, logrando dispersarle la caballería.  Acha a la cabeza de su infantería, se puso en marcha sobre San Juan, que estaba ocupada por las fuerzas de Benavídez, y abriéndose paso a través de los enemigos, se apoderó de la plaza, donde estableció un círculo de cantones, y en la torre de la iglesia, resistió durante 3 días a las furiosas embestidas de las tropas de Benavídez.  El día 22 capituló Acha y Benavídez, con los prisioneros, se puso en marcha para incorporarse a Aldao, lo que verificó el 15 de setiembre en el Desaguadero, retomando el caudillo mendocino el comando superior.  La ejecución del general Acha al día siguiente, fue un acto ordenado por Aldao sin ninguna intervención de Benavídez, el cual seguramente se hubiera opuesto a aquel acto.  Benavídez mientras estuvo Acha en su poder, le dispensó atenciones caballerescas, compartiendo con él su propio alojamiento, y según afirma el historiador Adolfo Saldías, llegó hasta el punto de contribuir a facilitar su evasión, la que había fracasado a causa de la actitud del capitán Ciriaco Lamadrid, que desbarató la combinación.

La destrucción del general Acha agravó considerablemente la situación del general Lamadrid, el cual ocupó la ciudad de Mendoza, mientras el general Pacheco avanzaba sobre esta ciudad.  El 23 de setiembre, Lamadrid avanzó hasta la Vuelta de la Ciénaga, donde escaramuceó aquel día contra la vanguardia federal del coronel Velazco.  El día 24 se libra en el Rodeo del Medio una gran batalla, en la cual fueron completamente  derrotadas las fuerzas del general unitario, que se vio obligado a emigrar a Chile.  Con esta batalla quedó prácticamente terminada la campaña de Cuyo.  Benavídez volvió a ocupar la gobernación de San Juan el 8 de octubre de 1841, hasta el mes de diciembre en que volvió a delegarla en el coronel Oyuela.  Altamente elogioso es el parte de Pacheco sobre la actuación de Benavídez en la batalla de Rodeo el Medio.

Al año siguiente salió nuevamente a campaña el general Benavídez para batir a las montoneras levantadas por el coronel Peñaloza, al que derrotó completamente el 18 de julio de 1842 en los campos el Manantial de Tucumán.  El 15 de enero de 1843 lo volvió a derrotar en el Bañado de Ilisca, y el 17 del mismo mes, en Saquilán y en Leoncito.

En mayo de 1843 fue reelegido para el cargo de gobernador de San Juan.  En setiembre del año siguiente tuvo lugar en aquella provincia una intentona revolucionaria qye fue ahogada en sangre.  El 4 de diciembre de 1846 mandó Benavídez que se levantara un censo o enumeración de las fincas y posesiones de todos los pueblos y lugares de la provincia, especificándose la extensión de cada finca en plantíos de viñas o arboledas frutales, en alfalfares o rastrojos de sembradíos que hicieran uso de riego.  En enero de 1847 expidió un decreto relativo al tráfico mercantil por la Cordillera, en vista de las modificaciones introducidas por el gobierno de Chile, restableciendo el comercio con la Argentina por aquella vía.

En marzo de 1848 Benavídez delegó el gobierno en su ministro general Saturnino M. de Laspiur, para salir a campaña a la provincia de Mendoza, habiendo sido nombrado por el gobernador de aquella provincia, general en jefe de las fuerzas mendocinas, con el fin de batir al comandante del fuerte San Rafael, Juan Antonio Rodríguez, que se había sublevado contra la autoridad.  Aquella campaña quedó terminada en poco tiempo, regresando Benavídez a San Juan, a ocupar la silla de su gobierno.  En 1849 fue nuevamente reelegido para continuar administrando su provincia.

Cuando se produjo el pronunciamiento del general Urquiza contra Rosas, Benavídez manifestó su adhesión al Restaurador de las Leyes, el que lo premió con la designación de comandante militar del Oeste.  Después de la batalla de Caseros, el general Benavídez se adhirió a la política del general Urquiza, concurriendo al acuerdo de San Nicolás de los Arroyos celebrado el 31 de mayo de 1852.  Su ausencia de San Juan le ofreció una gran oportunidad a sus enemigos, quienes el 6 de junio lo destituyeron del gobierno que ejercía, y le quitaron el título de capitán general.  Pero comunicado este acto al Director Provisorio de la Confederación, éste lo reprobó y ordenó a los gobernadores de Mendoza y San Luis, generales Pedro Segura y Pablo Lucero, para que pusiesen a las órdenes de Benavídez todas las fuerzas de que podían disponer en aquellos momentos.  Ante esta actitud del Jefe del Estado, el gobernador interino Yanzi dictó un decreto el 9 de agosto de 1852, reconociendo al general Benavídez como gobernador titular de la provincia, con todas las prerrogativas inherentes a tan elevado cargo.  El 13 de agosto verificaba Benavídez su entrada a San Juan.  El 13 de noviembre estalló otro movimiento encabezado por el coronel Santiago Albarracín, el que dominó la situación de la capital por 6 días, aprovechando la ausencia de Benavídez, el cual el día 19 de aquel mes reocupaba la ciudad de San Juan.  En ambos casos, el general Benavídez ejerció severas puniciones contra los alteradores del orden.

El 29 de agosto de 1853 delegó el mando de la provincia en Juan Luis Riveros “por fuertes razones de Estado que a ello le impulsaron”.  Habiendo desaparecido las causas que le obligaron a delegar, el 21 de abril de 1854 reasumió el gobierno, en cuyo ejercicio continuó hasta el 30 de octubre del mismo año, en que se vio obligado a ausentarse de la capital para organizar en los departamentos de campaña los cuerpos de milicias provinciales y guardias nacionales mandados crear por decreto del gobierno de la Confederación, de fecha 22 de abril de aquel año; y por llamarle, además, a dichos departamentos otras atenciones de “interés público” y de  preferencia a las ocupaciones ordinarias de gobierno.  Durante esta ausencia delegó el mando en su ministro Durán.

El 13 de diciembre de 1854 presentó su renuncia del cargo de gobernador de la provincia, la que le fue aceptada el 5 de enero del año siguiente, siendo designado en su reemplazo el coronel Francisco Domingo Díaz, a quien puso en posesión del mando el 11 del referido mes.  Durante su largo gobierno, la obra más importante realizada fue la construcción de un dique de piedra para resguardar la ciudad contra las irrupciones del río, obra muy sólida y bien trabajada.  

Benavídez no se ensañó contra sus enemigos persiguiéndolos más allá de lo que requería su propia conservación.  Si algunas veces impuso contribuciones de guerra, las limitaba a las necesidades del momento, y aun hizo devoluciones parciales.  Toleraba sin inquietarse la oposición de sus contrarios y sólo tomaba medidas de precaución cuando llegaba a temer un movimiento de opinión que le derrocase el poder.  En momentos difíciles sabía sacudir su habitual apatía y demostraba una entereza de carácter notable dominando pronto a sus enemigos por el acierto de sus resoluciones por una tranquilidad de ánimo superior a las dificultades.

El 18 de marzo de 1857 fue derrocado el gobernador coronel Díaz por medio de una revolución asumiendo Benavídez al P. E. de la provincia en calidad de comandante en jefe de la circunscripción militar del Oeste, creada para este caso y otros análogos por decreto del gobierno nacional de Paraná del 26 de febrero de 1855, con ampliación de facultades por circular del 5 de junio del propio año; y en consecuencia de un nuevo trastorno ocurrido en la ciudad, fue nombrado provisorio en su mismo carácter de comandante de la circunscripción.  Al día siguiente, 19 de marzo,  fue mandado reconocer de todos los habitantes de la provincia como gobernador provisorio, ordenándose diese cumplimiento a la voluntad del pueblo y librase a los departamentos de las órdenes conducentes a la promulgación del acta popular.

Posteriormente su ministro liberal Saturnino Laspiur, apoyado a través de Sarmiento por los liberales de Buenos Aires, derroca al por entonces gobernador Gómez y encarcela a Benavídez.  “La Tribuna” y “El Nacional” (redactado por Sarmiento) instigan la eliminación del “tirano” y en la noche del 22 al 23 de octubre de 1858 es asesinado.  Esa noche un grupo de sus partidarios intentó liberarlo asaltando el edificio donde Benavídez se hallaba preso y logrando penetrar hasta las habitaciones donde se hallaba.  Tres de los hombres de la guardia del Cabildo que habían resistido al grupo que intentaba liberarlo, se dirigieron a la celda donde estaba el caudillo sanjuanino, trabado por una pesada barra de grillos en sus pies.  Uno de ellos cayó muerto por el astuto Benavídez, quien se defendió a puño limpio porque sabía que iban a liquidarlo.  Pero nada pudo hacer desde el suelo ante la espada que lo atravesó.  Y el tercer hombre en cuestión decidió rematarlo con dos tiros en el pecho.  La crónica de Benjamín Victorica da cuenta que “El general Benavídez medio muerto fue enseguida arrastrado con sus grillos y casi desnudo precipitado desde los altos del Cabildo a la balaustrada de la plaza donde algunos oficiales se complacieron en teñir sus espadas con su sangre atravesando repetidas veces el cadáver, profanándolo, hasta escupirle y pisotearlo”.  Sarmiento dirá “es acción santa sobre un notorio malvado.  ¡Dios sea loado!” (El Nacional, 23/10/1858).

El 23 de octubre su cadáver fue entregado a su esposa Telésfora Borrego de Benavídez, a pedido de la misma,  para darle sepultura.

Actualmente sus cenizas y las de su mujer están en una misma urna de mármol travertino, que tiene unos 50 centímetros de alto por 60 de largo.  Se hallan en el mausoleo de Alejandro Quiroga, ubicado frente al monumento de los padres de Sarmiento, en la calle principal del cementerio de la Recoleta.  Según Alejandro Largacha, chosnonieto de Benavides, “ese mausoleo es de los más antiguos, y era de la nieta de Benavides, Englantina Sánchez Benavides de Quiroga.

Fuente

Bataller, Juan Carlos – La muerte del caudillo manso (1858).

Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970).

Diccionario Biográfico Nacional – Buenos Aires (1877).

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Martínez, Gustavo – Un poco de luz al misterio de la tumba de Benevídez – Diario de Cuyo.

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Yaben, Jacinto R – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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