Físico-naturalista y médico. Está probado que nació en Connecticut, cerca de Canadá (hoy Estados Unidos de América), hacia 1767, es decir, nueve años antes de haberse declarado la independencia de aquella nación. Sin embargo, arbitrariamente ha sido casi siempre tenido aquí como británico (escocés, inglés e inclusive irlandés), pese a la circunstancia especial de que él mismo dejó aclarada su antedicha condición de americano en un documento datado en la ciudad de Buenos Aires con fecha 17 de octubre de 1804, existente en el Archivo General de la Nación, y publicado por el historiador Emilio Ravignani en 1919. En razón de haberse omitido registrar esa fuente, la historiografía mostró falencia al respecto, no obstante existir además claras menciones indicadas primero por el propio general Belgrano en 1813, y posteriormente, en la obra de los historiadores Guillermo Furlong y Mario Belgrano, con la salvedad de que este último, siguiendo la información tradicional consignada por Mitre, lo considera escocés en la primera edición de su obra sobre Belgrano, impresa en 1927. Así lo dicen también Bernardo Frías y otros autores. Juan Canter, a su vez, sin conocer el documento publicado por Ravignani, acertó en considerarlo anglo-americano basándose en el testimonio de Belgrano. Con anterioridad, los viajeros ingleses Andrew y Temple lo consideraron connacional suyo. En medio de esa anarquía y confusión de datos fue, en 1943, cuando Romero Sosa, ahondó la investigación pertinente analizando los distintos materiales al respecto, dando a conocer sus conclusiones en un trabajo aclaratorio, y reproduciendo el documento dado por Ravignani. Desde entonces ya no existe duda acerca del verdadero origen americano del personaje.
Se lo supone hijo de padres irlandeses, católicos, que se radicaron en Escocia. Cursó entonces los estudios primarios y secundarios en el Real Colegio de Edimburgo. De acuerdo con los datos aportados por su amigo personal, el viajero y médico Juan Scrivener, siguió allí los cursos de medicina bajo la tutoría del afamado científico William Cullen (1710-90), el fundador de la hemapatología, discípulo a la vez, del hipocrático Herman Voerhaave. Ratificando la información de Scrivener, consta que el joven universitario se graduó de médico en Edimburgo en 1789, con una tesis titulada Dissertatis physiológico-médico inauguralis de adipe. También en base a la información de Scrivener se sabe que disciplinado Redhead en ciencias físico-naturales pasó a perfeccionarse en Alemania en la célebre Universidad de Göttingen donde fue compañero de Guillermo IV. Asimismo lo fue del propio Alejandro Humboldt, de acuerdo a la amistad que a ellos los unió más tarde. De todos modos, resulta un hecho tanto casual el de que Humboldt ingresara precisamente a dicha Universidad alemana en 1790, en época contemporánea a la permanencia de Redhead en Göttingen.
Hacia 1793, Redhead viajó por Italia y por Rusia, estableciéndose largo tiempo en París. En esa capital frecuentó su no menos famosa Universidad, donde Scrivener lo sitúa como alumno de Juan Nicolás Corvisar, uno de los facultativos de Napoleón Bonaparte, y el defensor de la percusión como método exploratorio clínico. Es evidente que, a través de Corvisar, llegó Redhead a frecuentar en Francia a mucha gente de estudio, a lo que parece al propio entonces joven Aimé Bonpland, siendo también orientado acerca de la flora del Perú por el naturalista y arqueólogo francés Eugenio Dombev. Se considera igualmente que, a través de Corvisar, pudo haber recibido la técnica, después por él usada con acierto, para la discreta administración del arsénico en los pacientes.
Tras larga permanencia de casi una década en Francia, y ya de regreso a Escocia, con un enorme aprendizaje adquirido, el gobierno de ese país, envió al Nuevo Mundo a dicho hijo adoptivo, a fin de que éste pudiese estudiar los secretos de la naturaleza, principalmente, sobre la base de la correspondencia que, al respecto, seguía manteniendo Redhead con el sabio francés Dombey.
Su meta fue entonces el Virreinato del Río de la Plata, para lo cual emprendió viaje hacia estas playas. Aquí arribó cuando menos en 1803, o algo antes, en fecha incierta, pero nunca a fines del siglo XVIII, como dice Mitre, sino siempre en el primer trienio del siglo XIX. Según la documentación publicada en la Historia del Protomedicato, por Juan Ramón Beltrán, fue en el año de referencia cuando el Real Protomedicato de Buenos Aires lo habilitó para ejercer su profesión en todo el territorio del virreinato. Encabezaba la nómina de profesionales médicos habilitados al efecto, los doctores Miguel Gorman, Cosme Argerich y Joseph Redhead.
En 1804 en el Cuartel Nº 13 de esta capital, con fecha 10 de octubre, y en virtud de un bando dictado por el virrey Sobremonte, declaró su nacionalidad ante el respectivo Alcalde de Barrio. En esa declaración informa además ser soltero, profesar la religión católica apostólica romana, ejercer la medicina y no tener más bienes “que los cortos muebles de su arte y decencia de persona”.
Inquieto siempre, desde Buenos Aires partió hasta Potosí en 1806, acompañando a Francisco Muñoz y San Clemente, a quien el rey de España había promovido a la presidencia de Cuzco. Mitre asegura, sin embargo, que en ese viaje Redhead acompañó al doctor Moro quien había sido promovido a la presidencia de Charcas; pero es el propio Redhead quien dio testimonio en contrario a esta última afirmación en una Memoria que le pertenece y que corre impresa.
De las investigaciones del Dr. Aníbal Ruiz Moreno acerca de la vacunación antivariólica en el Río de la Plata, puede deducirse que ese viaje de Redhead hacia Cuzco, se pudo llevar a cabo como modo de lograr la experimentación de los resultados del valioso y hoy bien conocido descubrimiento de Jenner. A su vez, Osvaldo Loudet informa que fue nada menos que Humboldt quien dio a Redhead “un itinerario para explorar especialmente las hoy provincias del norte argentino”. De todas maneras, fue entonces cuando Redhead logró conocer por primera vez el dilatado ámbito de la Intendencia de Salta, ámbito que mucho le interesó y en el cual estaba llamado a cumplir observaciones sobre la flora y fauna argentinas, sobre todo en la puna jujeña; para estudiar allí sus cactáceas, para tomar anotaciones de carácter geográfico y geológico, llegando incluso a medir la altura del Cerro de Potosí, y también ampliar estudios en el Illimani.
Enterado sin duda de la obra de la obra científica del sabio sudamericano Juan Llano de Zapata, fue al mismo tiempo un precursor de las investigaciones del geógrafo francés Martín de Moussy. Además, prosiguió las labores de estudio del famoso Tadeo Haenke, y de los sabios naturalistas jesuitas como Falkner, Sánchez Labrador, Montenegro y Ausperger.
Tras esas afanosas investigaciones botánicas y geográficas, el doctor Redhead se estableció en la capital de la Intendencia de Salta dedicándose al estudio intensivo y sistemático de la botánica y del medio local, como así también incluso del folklore médico, principalmente en lo referente a la herborística y a la terapéutica populares.
Redactó estudios sobre sinanterias, quinas y cassias, interesándose asimismo por la investigación de algunos de los flagelos endémicos, como el paludismo y la disentería, o epidémicos como el tifus. Fue partidario de la terapéutica familiar, y enseñaba la preparación de los medicamentos.
Según Juan María Gutiérrez en sus apuntes autógrafos que se conservan en su colección de la Biblioteca del Congreso de la Nación, pasaba largas temporadas en Rosario de Lerma, en la campaña salteña. Desde allí, era oculto propagandista de los principios que nutrieron la Revolución de Mayo, gozando de notorio predicamento en el medio local. Al conocerse las noticias del pronunciamiento de Mayo, el gobernador Nicolás Severo de Isasmendi le encomendó informar acerca del estado físico de los cabildantes patriotas reunidos “en el propio Cabildo”. Poco después el gobernador Chiclana le pidió también certificar la salud del depuesto mandatario Isasmendi.
Hostilizado por el elemento adverso a la revolución que lo consideraba un espía, cuando el general Pío Tristán ocupó Salta después de la batalla del 20 de febrero de 1813, Redhead logró huir a tiempo a Tucumán amparándose en las filas del ejército patriota, donde por intermedio del Dr. José Ignacio de Gorriti se vinculó muy estrechamente con el jefe de dicho ejército, general Manuel Belgrano. Erróneamente se ha consignado en otras noticias biográficas que, con anterioridad participó en la batalla de Tucumán, desempeñándose como médico, lo cual es inexacto.
Secundó a Belgrano eficazmente en la traducción de la Despedida de Washington al pueblo de los Estados Unidos, en enero de 1813. Belgrano destaca con elogio la colaboración que le prestó, refiriéndose a ella en el prólogo de dicho trabajo, publicado en ese año en Buenos Aires en la prensa de los Niños Expósitos.
Redhead acompañó la marcha del ejército patriota hasta la ciudad de Salta donde se encontró en la batalla epónima, y prestó atención a los heridos de ambos bandos en lucha. Osvaldo Loudet informa que incluso colaboró con los doctores Castellanos y Navarro para aliviar al propio Belgrano de sus graves dolencias de entonces. Llevado des su lealtad y consecuencia hacia Belgrano cuya resentida salud requería continuos servicios profesionales, lo siguió en su campaña del Norte regresando con él hasta Tucumán tras la derrota de Vilcapugio y Ayohuma.
Desde mediados de 1815, fue uno de los confidentes y hombre de confianza del gobernador de Salta, Martín Miguel de Güemes acerca de cuya persona y acción, redactó una interesante carta semblanza, dirigida al comerciante inglés radicado en Buenos Aires, G. Bowles, y fechada en Salta a 16 de marzo de 1817. En ese gobierno fue miembro de la asamblea electoral, sufragando para la elección de los diputados Moldes, Gorriti y Boedo, nombrados para incorporarse al Congreso General que debía sancionar la independencia.
A través de la amistad mantenida con Belgrano y Güemes, hizo también fraterna relación con el militar alsaciano al servicio de la causa americana Jorge Enrique Vidt, amistad que se continuó hasta mucho después de 1821, cuando éste se trasladó nuevamente a Europa desde donde escribía a Redhead cartas llenas de recuerdos y remembranzas argentinas.
No dejará de ser importante destacar también que, en marzo de 1819, desde Salta el gobernador Güemes envió a Tucumán al doctor Redhead con expresas recomendaciones a fin de que éste se preocupase por atender la quebrantada salud del común amigo Belgrano. Desde entonces fue su médico de cabecera, y cuya vida salvó cuando el motín del capitán Abraham González, evitando que se le remachara una barra de grillos en la pierna de Manuel Belgrano. Mitre ha destacado la energía con la que actuó este médico en la emergencia, y pidiendo un acto de deshonor para las armas argentinas y de humillación para el vencedor de Tucumán y Salta.
Tras ese suceso, acompañó a Belgrano hasta Buenos Aires atendiéndolo con toda solicitud en su viaje de enfermo y dispensándole cuidados hasta el momento de su muerte. Según refiere Mitre, el enfermo poco antes de morir le entregó su reloj de oro de bolsillo, diciéndole: “Esto es todo cuanto tengo para entregar a este hombre bueno y generoso”.
En Buenos Aires, concluyó Redhead de redactar su Memoria sobre la dilatación progresiva del aire atmosférico, trabajo científico que se imprimió en Buenos Aires, en 1819, por la Imprenta de la Independencia. Se halla dedicado a Belgrano “como un testimonio de los sentimientos que me ha inspirado la constante amistad con que me ha honrado desde muchos años”, y contiene un prólogo a modo de apunte autobiográfico. Por otra parte, el trabajo en sí demuestra que Redhead estaba al tanto de los avanzados estudios del físico y químico inglés Enrique Cavendish (1731-1810), quien analizó el aire atmosférico, determinó la densidad media del planeta; descubrió la composición del agua y dio a conocer las propiedades del hidrógeno.
Luego de la muerte de Belgrano, su médico colaboró con el doctor Juan Sullivan en practicar la autopsia del cadáver, cobrando honorarios por su trabajo a la sucesión del prócer. Una vez efectuada, Redhead permaneció un tiempo más en esta ciudad donde fue médico del Hospital de la Residencia, en el barrio de San Telmo.
A fines de 1821, luego de ocurrida la muerte de Güemes, se reintegró a Salta en el carruaje que le regaló Belgrano, y que era el mismo con el que viajaron antes, los dos, desde Tucumán a Buenos Aires. En sus Memorias póstumas, sin embargo, el general Paz lo atribuye apriorísticamente al hecho de haber sido médico de Güemes, lo cual no está consignado en documento alguno, del mismo modo que tampoco existe documentado en otra fuente el presunto pronóstico fatal que el mismo Paz le atribuye al respecto, estando hoy comprobado por lo demás que Güemes era hombre de excelente salud, no afectado de mal crónico alguno, siendo sólo leyenda maliciosa incluso la supuesta hemofilia que se le adjudica.
Fue el doctor Redhead un colaborador de la política de Güemes y amigo y médico de la familia en especial de la hermana del prócer Macacha Güemes de Tejada. Por su amistad con Güemes lo califica el general Tomás Iriarte como “primer confidente de aquél”. Lo considera un espía al servicio de Güemes, y lo trata con dureza y desagrado. Sucesivamente, fue médico particular del coronel Manuel Puch, cuñado de Güemes, y del general Juan Alvarez de Arenales, de los doctores José I. de Gorriti y Facundo Zuviría, de la mística Javiera Molina y Gallo de Dávalos, y de otras figuras conocidas de la vida nacional, colaborando en el orden local, en forma directa con el gobernador unitario de Salta, general Arenales, a cuyo servicio redactó a su pedido, un Informe sobre sanidad de Salta, destinado a Rivadavia. Se vinculó también con el diplomático norteamericano acreditado en nuestro país César Augusto Rodney.
Miembro de la Sala de Representantes se opuso entonces, a la concesión de privilegio del monopolio de la explotación minera de la provincia solicitada por Manuel Dorrego. Además, fueron notorias sus gestiones para apoyar la propuesta inglesa del capitán Andrew al respecto. En esa misma época estuvo relacionado con la Sociedad Literaria de Buenos Aires y con el periódico “El Argos”.
En 1825, en oportunidad de la visita del general Miller a Salta, Redhead elogió a San Martín y se mostró partidario de haber apoyado sus planes políticos en Lima.
En 1829, redactó un informe técnico relativo al cementerio de Jujuy. La investigación de historia médica lo coloca también entre los precursores de la asepsia. Coleccionó los primeros documentos para elaborar la historia de Güemes por encargo de su amigo Manuel Puch, cuñado del prócer. Publicó opúsculos biográficos sobre Belgrano y Arenales.
En las diversas revoluciones que enlutaron a la provincia de Salta, el historiador Bernardo Frías refiere que se lo vio junto a Francisco de Gurruchaga atender humanitariamente a los heridos entre los años 1825 a 1840.
Con el grado de coronel que le había otorgado el gobernador general Gorriti actuó a comienzos de la época de Juan Manuel de Rosas como partidario del gobernador Miguel Otero en 1841. Al componer su Memoria descriptiva de Tucumán, en 1834, y refiriéndose al carácter de sus comprovincianos –los tucumanos- Alberdi escribió el siguiente comentario “Yo he tenido el gusto de ver confirmadas mis conclusiones especulativas por el testimonio verbal del doctor Redeac (sic), cuya autoridad –agrega- no desdeñó respetar el célebre Humboldt”. En efecto, fue Redhead asiduo corresponsal de dicho hombre de ciencia, quien tuvo el honor de aprobarle un nuevo sistema de calcular las tablas barométricas, además de un informe de la altura de los principales picos de los Andes.
Fue también informante sobre Salta del viajero Woodbine Parish para su conocido libro “Buenos Ayres and the Provinces of the Rio de la Plata”, editado en Londres, en 1839, y traducido al castellano por Justo Maeso en Buenos Aires, en 1852. Le llamó la atención sobre los restos fósiles encontrados en Tarija y el hierro meteórico de Atacama, y una serie de observaciones barométricas hechas con motivo de haber viajado repetidas veces de Buenos Aires a Potosí. Fue miembro de varias sociedades científicas europeas y amigo de los distintos viajeros extranjeros que, como Andrews, Temple y Scrivener, dejaron sobre él recuerdos honrosos.
Rodeado de gran respeto, falleció sumido en la pobreza en su residencia de la Quinta Grande (1), en la ciudad de Salta, el 28 de junio de 1847. Le asistieron sus amigos, el médico salteño Vicente Arias y Arias y el presbítero Toribio Tedín. Fue sepultado en su propia quinta, en la bóveda que él mismo mandó levantar en su jardín. En su testamento hecho en 1844, expresó sus deseos de dejar sus bienes consistentes en una valiosa biblioteca, los instrumentos de matemáticas y de física, etcétera, a Luciano Tejada, esposo de Magdalena Güemes “Macacha”.
De los escritos personales del doctor Redhead han llegado al archivo del doctor Luis Güemes en forma directa la carta Nº 379 del Epistolario, y unas “apuntaciones” manuscritas en inglés, tituladas “Algunas observaciones generales acerca de la influencia del sol y de la atmósfera sobre los animales y vegetales”, y en forma indirecta, las también manuscritas, pero en castellano sobre la primera disidencia entre Rondeau y Güemes, fechadas el 29 de febrero de 1816.
El centenario de su muerte fue ampliamente conmemorado en Buenos Aires, en especial en la cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad de Buenos Aires en un acto que contó con la presencia de autoridades universitarias y académicas, y también con el auspicio de la Embajada de los Estados Unidos.
En 1944, la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos sugirió a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires la designación de una calle con el nombre de este benemérito médico. Tal iniciativa justiciera continúa sin cristalizarse hasta el presente.
El eminente historiador Arnaldo J. Tonybee en su visita a Salta en setiembre de 1966, formuló a su vez conceptos de recordación para el insigne médico norteamericano que sirvió a la causa de la emancipación de Sud América. Omitida cualquier referencia a su persona por parte de Nicolás Albarellos y Pedro Mallo, pero elogiado por Eliseo Cantón en sus respectivas obras señeras sobre la historia de la medicina en el Río de la Plata es muy nutrida la biografía que desde antiguo existe sobre él, en lo referente sobre todo a consignar sus muchas vinculaciones con los próceres Belgrano y Güemes. También Alberdi lo recuerda con aprecio aduciendo a su sabiduría. Fue Redhead uno de los primeros y más conocidos ciudadanos norteamericanos que actuaron en nuestro país.
Referencia
(1)Se trata de la Quinta Grande, emplazada en los terrenos donde hoy se halla el Convento de San Bernardo (Carmelitas) de Salta, en las calles Tucumán y Florida. Era un solar histórico que había pertenecido a la familia Arias Rengel, descendiente de los primeros habitantes españoles de Salta. La vieja e histórica sala de la Quinta Grande permaneció en pie hasta 1956. Ese año se resolvió la demolición del viejo solar para levantar allí un nuevo convento y demás dependencias parroquiales. Un proyecto de Ley (Expte. Nº 91-48.121/2023 – 27/07/23 – Honrar la memoria de Joseph James Thomas Redhead – Ley 1111) propone que los restos del doctor Jospeh James Thomas Redhead sean depositados en el Panteón de las Glorias del Norte de la República erigido en la Catedral Basílica de Salta.
Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1988).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).
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