Pedro Andrés García

Coronel Pedro Andrés García (1758-1833)

Nació en Caranceja (España), siendo bautizado el 26 de abril de 1758. Era hijo de Esteban Juan García de Sobrecasa y Guerra y María Ana García de Bustamante. Abrazó la carrera militar, decidiéndose por el arma de infantería. A los dieciocho años se incorporó a la expedición del Virrey Pedro de Cevallos –con el grado de alférez del Real Cuerpo de Ingenieros, que vino al Río de la Plata, y que expulsó a los portugueses asentados en la Banda Oriental

Establecido en Buenos Aires, ascendió al grado de capitán de Milicias regladas de infantería, título que le expidió el Virrey Vértiz, en 1780. Al poco tiempo se retiró de la vida castrense, dedicándose a diversos menesteres gubernamentales.

El 16 de setiembre de de 1785, fue designado Receptor de Penas de Cámara, en la Real Audiencia de Buenos Aires, y en 1789, al cesar en el mando el Virrey Loreto, se le nombró Escribano de la residencia. El 23 de Julio de 1798, se le dio el título de Escribano interino de la Renta de Naipes y Tabacos.

Al producirse la primera invasión inglesa, le tocó conducir prisionero a Luján, al jefe de los invasores, general Guillermo Carr Beresford. El 23 de octubre de 1806, formó en el Tercio de Voluntarios Cántabros Montañeses, figurando como capitán de la cuarta compañía. Mucho se prodigó a sus soldados, llegando a vestirlos y a armarlos a sus expensas.

Participó activamente en la defensa de la ciudad de Buenos Aires por segunda vez, invadida por los británicos. Siendo teniente coronel se hizo cargo con el Tercio de Cántabros, de la defensa de la calle actualmente llamada Defensa, ocupando también las azoteas de esa zona, el 3 de julio de 1807. Al día siguiente, los Cántabros que comandaba, abrieron una profunda zanja destinada a la defensa de la Fortaleza, que a su vez, defendía la Plaza Mayor.

Cuando el día 5, el ejército inglés inició el asalto, el brigadier Crawfurd encabezaba las fuerzas que debían enfrentarse con los Cántabros, comandados por el teniente coronel García en ausencia del comandante de la Oyuela. El Tercio estaba integrado por 250 hombres, los que se hallaban estratégicamente distribuidos en las azoteas que circundaban el templo de Santo Domingo. Tras reñida lucha, las fuerzas invasoras al mando de Crawfurd lograron apoderarse del Convento, mas el Tercio comandado por García consiguió doblegar la defensa del Convento recién tomado, y permitió a la infantería avanzar y lanzarse al ataque. Todas las tropas que se hallaban en aquel sector convergieron sobre Santo Domingo, reforzadas por la artillería de la Fortaleza. Después de diez horas de terrible asedio. Se logró la rendición absoluta de Crawfurd que se entregó con 26 oficiales y 965 soldados.

Esta tremenda derrota, trajo la total de los invasores que se rindieron a la jornada siguiente. Apenas dos días consiguió el ejército del Reino Unido mantenerse dentro de la ciudad.

En aquella acción tuvo brillante desempeño García, por lo que Liniers en la comunicación que hizo al Rey, el 4 de junio de 1809, destacó la relevante conducta de los Cántabros, y en especial, la de su jefe. Ello le valió la designación de primer comandante del mismo cuerpo, el 1º de julio de 1808, ascenso confirmado por la Real Junta de Sevilla del 13 de enero de 1809, otorgándole el gobierno de la metrópoli, por decreto del 13 de junio del mismo año, las insignias de coronel de ejército. El Virrey Liniers le otorgó también un premio en tierras.

Con Saavedra hizo fracasar un movimiento subversivo contra Liniers, que debía estallar el 17 de octubre de 1808, y la insurrección de Alzaga y otros europeos, el 1º de enero de 1809. Desde ese momento quedó incorporado al movimiento criollo.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, votó por la destitución del Virrey Cisneros. Luego del triunfo patriota, la Junta por decreto del 9 de junio, lo ascendió a coronel del Regimiento Nº 4. El 15 de junio le fue acordada la función de inspeccionar la línea de frontera con los indios.

Su primera actuación geográfico-militar ocurrió cuando el 6 de setiembre, por comunicación firmada por Saavedra y Moreno, se le encomendó la expedición que en busca de sal, marcharía a las Salinas Grandes, región al oeste de Epecuén, entonces en pleno desierto y dominada por los indígenas.

El 21 de octubre de 1810, partió la expedición de la Guardia de Luján (Mercedes) provista de yerba mate, tabaco negro, vino, aguardiente, frenos, estribos y otros objetos de escaso valor para agasajar a los caciques de tribus que poblaban la zona.

El 28 de octubre llegaron a Cruz de Guerra, donde comenzaron a aparecer los indios, habiendo sufrido el piquete expedicionario numerosas deserciones. El 1º de noviembre se internó en el desierto, y el 13 del mismo mes llegó a destino, donde cargó numerosas carretas con el susodicho condimento, volviendo al lugar de partida el 22 de diciembre.

Esta empresa tuvo la importancia de ser la primera incursión argentina a los baluartes de los indígenas del sur. García observó detenidamente los escenarios inmensos de la pampa que atravesó. Trabó relación con distintas tribus y sus caciques; escribió un Diario o relato de esta marcha, en el que describió al pasar las tierras visitadas, con sus continuas lagunas, a la vera de algunas de las cuales hoy se hallan importantes centros urbanos como Guaminí y Carhué (Adolfo Alsina). El coronel García dejó, con esta reseña, una buena descripción topográfica y excelentes apuntamientos etnológicos, que forman una preciosa pieza geográfica. En la tarea matemática contó con la colaboración del agrimensor Francisco Mesura. La memoria fue presentada al gobierno el 26 de noviembre de 1811, y en ella insistió en la necesidad de ocupar las líneas de los ríos Colorado y Negro, y de establecer el cuartel general en Salinas Grandes, para luego poblar las tierras de Guaminí, de la Ventana y del Volcán, y de trasladar más al sud las fronteras de Córdoba y Cuyo.

Tuvo la primera inspiración de cómo se lograría la definitiva dominación de los salvajes, que en una incursión llevada hasta Luján, habían arrasado todo a su paso.

Mientras tanto, el gobierno organizó nuevas expediciones en los años sucesivos, que se esperaba fuesen de grandes proyecciones, las que debieron ser suspendidas debido a la situación política y al estado de guerra imperante que las hicieron irrealizables.

El 26 de julio de 1813, presentó nuevos informes geográficos al gobierno, en los que trató de la canalización del Río Tercero y Carcarañá. Algunos autores le hacen realizar un imaginario viaje de exploración al Río Bermejo. En ese año, practicó por orden de la Junta, el estudio y replanteo de las suertes dadas por Juan de Garay sobre la costa norte de Buenos Aires, para restablecer los pasos de los pobladores hacia el río. Mientras se realizaban aquellas tramitaciones, se produjo el motín de Fontezuelas y la caída de Alvear. Fue entonces arrestado en Morón y traído a los calabozos de esta capital, donde permaneció hasta el 1º de marzo de 1816, tras nueve meses de prisión, en que logró salir en libertad exento de culpa y cargo.

Nuevamente, volvió a ofrecerse al gobierno, proponiendo un “Nuevo plan de fronteras”, donde se ocupó de los indios de las pampas y de los procedimientos para pacificarlos y civilizarlos.

En setiembre de 1818, concurrió a una Junta extraordinaria presidida por el general Rondeau, para tratar sobre la defensa de la Frontera Sud. El 15 de julio de 1819, desde Luján remitió al Delegado directorial, un “Informe sobre la necesidad de establecer una guardia en los manantiales de Casco o laguna de Palantelén”, pero se tropezaba con la inestabilidad y pobreza del erario.

Recién el 15 de noviembre de 1821, y tras de haberse sufrido grandes pérdidas ocasionadas por los frecuentes malones de indios que cada vez se aproximaban más a Buenos Aires, el gobierno le pidió “que a la mayor brevedad presentara un plan” que a su juicio fuera el más expeditivo para precaverse de tales incursiones. Once días después, presentó el plan solicitado, preparado en combinación con su compatriota José de la Peña, y que resultó otra magnífica pieza geográfica-social.

Se le encomendó el mando de una comisión científica que debía examinar sobre el terreno las posibilidades de adelantar la línea de frontera. Deseaba predisponer a los indios a favor de las nuevas poblaciones que debían prosperar en las ricas tierras del sur.

Partió la expedición de Buenos Aires, el 6 de marzo de 1822, de la cual formaba parte el ayudante mayor de artillería e ingeniero José María de los Reyes y una treintena de hombres. El 19 de abril, la expedición divisó las tierras de Olavarría, y el 23 comenzaron las visitas de los caciques y comisionados, mientras los infieles los escoltaban y precedían en la marcha.

El 27, se celebró una reunión convocada para tratar la paz con algunos caciques pampas y huiliches; sólo los ranqueles se mostraron adversos a toda conciliación. Finalmente, el 18 de mayo la expedición inició el regreso. En el acto de despedida, los cacique Lincon y Quirisepe exteriorizaron su simpatía por quien consideraban como amigo, habiéndose pasado por situaciones verdaderamente trágicas, salvadas merced al ingenio, a las dotes persuasivas y al conocimiento que de los nativos poseía García. En un momento dado (27 de abril) llegaron a encontrarse rodeados de 2.590 guerreros indígenas, amén de la “chusma” entre los que actuaban prófugos de la justicia y del ejército.

Pasaron por momentos sumamente patéticos al encontrar a numerosos cautivos blancos de ambos sexos, a los que no pudieron liberar. De regreso llegaron a la Sierra de la Ventana el 26 a la madrugada, y a las cinco de la tarde, tras atravesar penosamente bañados y juncales, al Río Salado. El 1º de junio se hallaba en la capital. Los resultados positivos de la empresa quedaron reducidos a lo geográfico.

Según lo destaca Pedro de Angelis, el coronel García redujo el problema a un postulado, a saber, que “la mejor línea de defensa es la que, siendo más corta, abrace y guarde la mayor extensión de terreno posible”, y se decidió por la ocupación de las Sierras, aguardando una época más favorable para avanzar hasta el Colorado y el Río Negro. Esa fue una de las últimas campañas geográficas del coronel García.

Rivadavia le profesó gran estima y lo autorizó por oficio del 15 de noviembre de 1821, para levantar “La Carta Esférica de la Provincia de Buenos Aires y Pampas del Sud hasta el establecimiento del Río Negro en la Costa Patagónica”. Está fechada en 1822, y dedicada por su autor y encargado de los trabajos topográficos y geodésicos, el ingeniero José María de los Reyes, que la suscribe con sus tres iniciales, al jefe de la expedición coronel García “como amante de las ciencias y su prosperidad”. Los datos de la “carta levantada” fueron de gran utilidad al coronel Arenales en 1833, para construir la encargada por Juan Manuel de Rosas en su expedición al Río Negro.

Otros de los trabajos de García fueron el levantamiento de una estadística de los partidos de campaña, con los terrenos baldíos y poblados, plan de contribuciones para el sostenimiento de un ejército de 6.000 hombres; memorias histórico-estadísticas de los partidos de las Conchas, San Isidro y Morón con sus respectivos planos; reconocimiento y nivelación del río de las Conchas, para establecer la fábrica de armas, estudio sobre la navegación del Río Tercero y otros afluentes del Paraná. También construyó el mapa topográfico de Tucumán hasta el Desaguadero, y otro que abarca el antiguo virreinato hasta el Apurimac, incluyendo Chile, y en fin, cientos de trabajos más.

Como un premio a sus dilatados y calificados servicios militares, el coronel García obtuvo su reforma, el 28 de febrero de 1822. Posteriormente, en 1826, actuó como agente de casas europeas para la compra de minas, realizando la operación de adquirir todas las minas pertenecientes al Estado de lo que es actualmente Bolivia.

Viajero incansable, sus diarios e itinerarios, son una fuente inagotable de detalles descriptivos de valor, cuyas ideas fueron retomadas años más tarde para realizar la batida general contra los indios. Una última expedición realizó hasta Sierra de la Ventana en 1832.

Falleció en Buenos Aires, el 21 de abril de 1833, época en que Juan Manuel de Rosas realizaba su campaña hasta los ríos Colorado y Negro, sobre la base de sus consejos. No tuvo la satisfacción de ver cómo por primera vez se hacía retroceder a la indiada sobre su obsesionante línea de frontera.

Se había casado con María Ferreyra de Lima y Freire de Landieu el 24 de diciembre de 1783, en la Iglesia Nuestra Señora de Monserrat. Descendientes suyos fueron los doctores Manuel José y Rafael García, por lo que ha dicho con razón Vicente F. López, que “es padre y abuelo de una generación que ha llegado, distinguida siempre, hasta estos días”.

Fue el primer militar geógrafo del país. En el Archivo General de la Nación se encuentran muchos de sus papeles que permanecen inéditos vinculados a la situación política de Buenos Aires, especialmente, de la época de la anarquía. La posteridad aún le debe un monumento junto con su colaborador José María de los Reyes, para ser levantado en las faldas de la Sierra de la Ventana, en el lugar exacto donde la “Carta Esférica de las Pampas del Sud”, del año 1822, señala el lugar de las tolderías. En 1934, se le tributaron en su pueblo natal varios homenajes.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, Buenos Aires (1971).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
García, Pedro Andrés – Diario de un viaje a Salinas Grandes en los campos del sud de Buenos Aires, Guardia de Luján (1810).
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Roulet, Florencia – De la diplomacia a la acción militar, Pedro Andrés García en la frontera bonaerense, UBA (2015).

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