Mamerto Esquiú

Fray Mamerto Esquiú (1826-1883)

Nació en La Callecita, departamento de Piedra Blanca (Catamarca), el 11 de mayo de 1826, siendo hijo de Santiago Esquiú, español, y María de las Nieves Medina, de prosapia criolla. Dada la endeblez de su salud, requirieron la presencia del cura sustituto de la parroquia, fray Francisco Cortés, para que bautizara al pequeño imponiéndole el nombre de Mamerto de la Ascensión.

A los cinco años, por un voto de su madre, vistió el sayal franciscano, y al siguiente, aprendió a leer y escribir; a los nueve se inició en el estudio del latín, y a los diez ingresó en el Convento de San Francisco de Catamarca, asistiendo a la clase de latinidad de fray Ramón de la Quintana. Dio pruebas de singular memoria y lúcida inteligencia. Más adelante, probaría ser un avezado latinista al traducir al latín para sus alumnos la Filosofía Elemental, de Jaime Balmes.

Cursó filosofía desde 1830 a 1840. Por esa época estudió, además Derecho Civil bajo la dirección del doctor Tadeo Acuña. También se dedicó al aprendizaje de las matemáticas, historia, ciencias naturales e idiomas extranjeros, especialmente francés e italiano.

Desde 1841 a 1843, cursó teología. Concluidos sus estudios en este último año, los superiores le confiaron la dirección de la escuela primaria del Convento, en la que introdujo notables mejoras.

De 1845 hasta 1848, desempeñó en el convento las cátedras de filosofía y teología. El 18 de octubre de este último año, con dispensa de edad, fue ordenado de sacerdote, en San Juan de Cuyo por el Obispo Manuel Eufrasio de Quiroga Sarmiento.

El 15 de mayo de 1849, cumplidos los 23 años, ofició su primera misa en Catamarca. Allí retomó las cátedras de filosofía y teología en el Convento de San Francisco, materias que también dictó en el Colegio Seminario de la Merced.

El 9 de julio de 1853, pronunció su célebre sermón “laetamur de gloria vestra” (nos alegramos de vuestra gloria), con motivo de la jura de la Constitución Nacional en la Iglesia Matriz de Catamarca.

Hacia 1855, figuró como vicepresidente de la Convención provincial, que dictó la segunda Constitución de Catamarca. En 1856 se incorporó a la Legislatura, en calidad de diputado, cargo que desempeñó hasta 1859; integró además en ese año, el Consejo de Gobierno.

Colaboró en el primer periódico catamarqueño, El Ambato, en 1857, con algunos artículos de crítica general, titulados Revistas. En diciembre de 1859, acompañó al primer Obispo de Paraná, Mons. Luis Gabriel Segura, en carácter de secretario. Regresó a Catamarca, y nuevamente desempeñó cátedras de ciencias sagradas en el Convento, al par que ejerció las funciones de bibliotecario del mismo.

En 1862, buscando la mayor perfección de su vida, viajó a Bolivia, para incorporarse al Convento franciscano de misioneros de Tarija. En el Seminario de esa ciudad enseñó teología. Dos años después, se trasladó a Sucre, por orden superior, donde se encargó de la enseñanza de la teología, en el Seminario Conciliar Metropolitano. Allí fundó también el periódico El Cruzado, que redactó por espacio de cuatro años. En él publicó artículos importantes para sostener la causa del catolicismo en América, como el titulado Roma y el Papa, admirable por la erudición de la doctrina, la elevación y profundidad del pensamiento y la belleza de la forma. Sus artículos solían ser comentados por gran parte de la prensa americana.

Fue designado por el gobierno nacional Arzobispo de Buenos Aires, en 1872, cargo que no aceptó. Al año siguiente, se dirigió al Perú, y después al Ecuador. En 1875, regresó a Catamarca y fue elegido convencional constituyente. Con motivo de la instalación de la Convención Constituyente, pronunció el sermón del 24 de octubre de ese año, en el que defendió con sólido acopio de doctrina la posición de la Iglesia frente al Estado. El mismo motivo le hizo publicar un estudio muy importante sobre el famoso artículo de José Manuel Estrada, La Iglesia y el Estado.

En 1876, viajó a Roma, siendo recibido en dos oportunidades por el Papa Pío IX. Al año siguiente, visitó Tierra Santa. Hacia 1878, regresó al país, y a fines de junio de ese mismo año, llegó a Catamarca.

El 8 de diciembre de 1880, pronunció en la Catedral de Buenos Aires su último sermón patriótico, con motivo de la capitalización de Buenos Aires. Cuatro días después, fue consagrado Obispo de Córdoba, cargo que aceptó por obediencia de la Santa Sede.

Al regresar de La Rioja a su sede de Córdoba, después de una misión pastoral, falleció en la posta de El Suncho (Departamento de La Paz), de su provincia, el 10 de enero de 1883. No se había repuesto totalmente de una crisis asmática, que lo había postrado por un mes, en la cama. Los médicos le prohibieron viajar. Pero él sacerdote desobedeció. La posta se llama actualmente Estación Esquiú.

Su muerte conmovió a todo el pueblo argentino, y fue recibida con profundo pesar por los que, dentro y fuera del país, habían conocido las gracias de su apostolado. El gobierno le tributó los honores correspondientes a los grandes servidores de la patria, y los periódicos más importantes elogiaron sus virtudes.

Mientras sus restos descansaban en la Catedral de Córdoba, el corazón “incorrupto” del religioso permaneció custodiado en el Convento Franciscano de Catamarca, considerado una reliquia (1). Poco tiempo después de su fallecimiento, se le realizó una autopsia de su cuerpo debido a que se sospechaba que podría haber sido envenenado (2).

En su vida múltiple y fecunda, fue un catedrático esclarecido, orador cuya palabra encendida de fe y de civismo, descendió como un reguero de luz sobre la patria atribulada y ensombrecida; periodista meduloso y combativo, legislador talentoso y sereno; consejero sabio y prudente, misionero inflamado de celo por la salvación de las almas, obispo abnegado, humilde y santo”, ha escrito el historiador presbítero Ramón Rosa Olmos.

Lleva su nombre una escuela secundaria de la Ciudad de Buenos Aires. En la plazoleta del convento franciscano de la ciudad de Catamarca, se levanta la estatua de fray Esquiú, donde el orador recibiera la instrucción que le permitió brillar en la cátedra sagrada.

El gobierno de Bolivia dio el 14 de mayo de 1960, un decreto por el que se declara monumento nacional el Convento de Tarija donde vivió el prócer. Un óleo del orador de la Constitución, realizado por Antonio Alice, se encuentra en la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación.

El Papa Francisco autorizó a promulgar el decreto que establece la beatificación de Fray Mamerto Esquiú. En la audiencia con el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Angelo Becciu, el Santo Padre autorizó el decreto sobre el milagro atribuido al religioso.

Expresa el Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede: “El viernes 19 de junio de 2020, el papa Francisco autorizó a la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano a “promulgar el Decreto sobre el milagro, atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Mamerto Esquiú, de la Orden de los Frailes Menores, Obispo de Córdoba (Argentina); nacido el 11 de mayo de 1826 en San José de Piedra Blanca (Argentina) y fallecido el 10 de enero de 1883 en La Posta de El Suncho (Argentina)“.

El Papa por medio de la Bula Pontificia, determinará la fecha y el lugar en donde se celebrará la beatificación.

Referencias

(1) El 23 de enero de 2008, el corazón de Fray Mamerto Esquiú fue robado; el ladrón, identificado como Gamil Casini, de 20 años, era oriundo de Mendoza y admitió haber entrado al Convento de San Francisco el 22 de enero, haber roto la urna de vidrio y haberse apoderado de la reliquia, la cual luego arrojó en un cesto de basura, en el centro de la capital catamarqueña. El corazón de Esquiú ya había sido sustraído el 30 de octubre de 1990, por un ex alumno del Colegio Quintana, quien levantó la cubierta de vidrio y lo extrajo, aprovechando que una gran concurrencia recibía la visita de la imagen de Jesús Nazareno que llegaba desde Chile. En esa oportunidad, el órgano apareció una semana después en el techo del convento de San Francisco.
(2) El padre Luis Cano dice que: “Al conocerse la noticia de la muerte del padre Esquiú, corrió el infundado rumor de que había sido envenenado (…) Ocho días después de la muerte, y habiendo estado cuarenta y ocho horas sepultado el cadáver directamente en tierra sin ataúd, se hizo la autopsia en el Hospital San Roque, de Córdoba, bajo la dirección y responsabilidad del Dr. Antonio Seara. El cuerpo ofrecía todos los síntomas de la descomposición. En sus vísceras no se encontró ninguna sustancia extraña. En cambio, el corazón estaba intacto”.

Fuente
Cano, Luis – El Padre Esquiú, Catamarca (1958)
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, Buenos Aires (1969).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Rosa Olmos, Ramón – Historia de Catamarca, Catamarca (1957)
Vera, Mario Daniel – El corazón de Esquiú, Diario El Esquiú, Catamarca, enero (2019)

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