Pedro Luro

Pedro Luro (1820-1890)

Nació en la pequeña aldea vasco-francesa de Gamarthe, en los Bajos Pirineos, el 10 de marzo de 1820, siendo hijo de Pierre Luro Ithurriague y Dominga Oficialdegui Orgambide, de humilde condición. Cuando apenas contaba 17 años de edad, decidió venir a nuestro país, llegando a Buenos Aires en 1837. Buscó trabajo para poder subsistir e ingresó al poco tiempo en un saladero de Barracas, pero luego adquirió un carricoche con el que estableció un servicio de pasajeros desde la plaza Montserrat a Barracas. Poseía escasa instrucción, no obstante lo cual, su perspicacia e intuición le indicaron siempre el buen camino a seguir.

El 5 de diciembre de 1853, contrajo matrimonio con Juana Pradère, también de origen vasco. Con uno de sus cuñados, fundó un almacén en Dolores (Prov. de Buenos Aires), desde donde comenzó a obtener triunfos económicos.

Después se dedicó a recorrer la pampa comprando animales, lanas y cueros. Acepto la oferta que le hizo un estanciero vecino de plantar árboles en 200 hectáreas de tierra que puso a su disposición, estipulando el pago por este trabajo de 4 céntimos por árbol ordinario y 25 céntimos por frutales, y al cabo de tres años concluyó su labor. Luro se había dedicado por entero a ese trabajo, y el propietario conforme a lo convenido le debía una suma superior al valor de la tierra de toda su estancia. El vecino se resistió a pagar lo adeudado, entonces, Luro promovió un juicio que se falló a su favor, convirtiéndose así en propietario de más de 5.000 hectáreas donde años después fundó su establecimiento “Dos Talas” en Dolores. Realizado este negocio, regresó a su tierra natal.

En 1840, de vuelta al país, recorrió el centro y sur de la provincia de Buenos Aires, que aun se encontraba desierta. Adquirió entonces una tropa de carretas para el transporte de frutos y mercaderías, brillante negocio por aquellos años en que se cobraban buenos fletes.

Hacia 1860, abrió un saladero en el Tuyú, y al año siguiente, hizo una seria tentativa para poblar la Isla Verde y el Bajo Colorado, en la provincia de Buenos Aires. Trató de colonizar toda la zona del valle del Río Colorado entre Paso Alsina (antes Paso Chocory), el Rincón de la Escuela, Fortín Mercedes, Médano y Clemente López (La Horqueta), y la embocadura de los dos brazos del río.

En 1863, obtuvo una concesión de 150 leguas cuadradas, o sean, 375.000 hectáreas que iban a ser explotadas para la cría de los ganados mayor y menor, poniendo en práctica el plan colonizador que Juan Manuel de Rosas había preconizado y estudiado treinta años antes, precisamente, en ese mismo lugar donde estuvo acampado en 1833.

Luro escalonaba el transporte de sus haciendas desde el Tuyú a Bahía Blanca por el Fortín Romero y la Isla Verde, camino de la costa por el Fortín Cabeza de Buey, Algarrobo Clavado, y el Rincón de la Espuela.

Hacia 1865, llegó a las riberas del Colorando, portando 600 vacunos que dejó al cuidado de los reseros Juan Ortiz, Rufino Díaz, Pedro Zabala y otros, retirándose a la capital para gestionar ante el gobierno la posesión de esas tierras. Regresó al año siguiente, encontrando los peones asesinados por los indios y todas las haciendas robadas.

Desde entonces, pobló campos, estableció cabañas y saladeros, cultivó enormes zonas agrícolas y contribuyó a fundar pueblos. Entre las estancias más importantes que organizó figuran “Los Dos Talas”, “Las Piedritas”, “La Carolina”, “San Vicente”, “San Pascual del Moro”, “El Sermón”, “Monte de los Padres” y “Ojo de Agua”. Estableció los saladeros más grandes del país en Ajó.

Luego cooperó con entusiasmo a la fundación de Mar del Plata, la principal ciudad balnearia de Sudamérica. Allí se unió a Juan Barreiro y Jacinto Peralta Ramos, con los que contrató la construcción de un saladero en Mar del Plata, mejor dicho, la reparación y puesta nuevamente en funcionamiento, del que anteriormente fundara Coelho de Meyrelles, que se encontraba abandonado. Al poco tiempo, ya estaban los depósitos de la barraca, atestados de pilas de cueros y pipas de sebos.

Así fue como pronto estuvo en condiciones de comprar a Barreiro, la mitad del pueblo e hizo construir su casa de negocios “La Proveedora”, y otros edificios, como también un nuevo muelle de madera dura. Al año exportó a Europa 8.000 fardos de lana, 3.000 cueros y grandes partidas de cerda, huesos y sebos.

Adquirió nuevas embarcaciones que llamó “Pailebot Jueves”, “Viernes” y “Sábado”, y estableció un activo tráfico entre Mar del Plata y Buenos Aires. Se dedicó también a la agricultura, y en las afueras del pueblo, sembró trigo, lino, cebada y maíz. Levantó un molino hidráulico para la molienda de los granos, e introdujo las más modernas maquinarias agrícolas de la época.

Hacia 1888, este hombre que fue un verdadero sembrador de progreso en nuestro país, empezó a dar muestras de reblandecimiento cerebral e insania. Fue entonces cuando se nombró administrador general de la Sociedad “Pedro Luro e Hijos” al doctor José Luro, quien quedó al frente de todos los negocios. Fue llevado Luro a Buenos Aires por sus hijos, y luego a París para su tratamiento. Falleció en Cannes, el 28 de febrero de 1890, a los 70 años de edad. Sus restos descansan en Lacarre, Prov. de Navarra, a treinta kilómetros de la frontera.

Dejó a sus catorce hijos una fortuna valuada en más de cuarenta millones de pesos. Jules Huret (1863-1915) dijo que comprendía: 375.000 hectáreas de tierra; 550.000 ovinos y 150.000 vacunos, amén de instalaciones y útiles de trabajo.

El historiador marplatense Julio César Gascón (1877-1968) ha dicho que “con Luro desapareció uno de los tipos casi legendarios, y el colono más famoso, sin duda, del pasado épico de la emigración argentina”.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1975).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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