Alessandro Malaspina

Alessandro Malaspina (1754-1810)

Nació en Mulazzo, un pequeño principado gobernado por su familia, hoy perteneciente a la Región Toscana, Italia, siendo bautizado el 5 de noviembre de 1754. Era hijo del marqués Marcelo Carlos Malaspina y de la princesa Catalina Melilupi. Desde 1762 a 1765 su familia vivió en Palermo (Sicilia), en casa de su tío, Giovanni Fogliani Sforza d’Aragona, el virrey de Sicilia. Recibió su educación en el Colegio Carolino de Palermo, y luego ingresó a la Orden religiosa y militar de los Caballeros de San Juan, escuela militar de la juventud de la nobleza europea en la isla de Malta.

El 24 de noviembre de 1774 se alistó como guardiamarina en la escuela naval de la Compañía de Cádiz. De allí, fue destinado a Cartagena y dos meses más tarde fue ascendido a alférez de fragata.

Interino en la guerra contra los moros, socorriendo la plaza de Melilla a bordo de la fragata “Santa Teresa”, y participó también en el ataque a Argel. Por su excelente comportamiento y valor, fue ascendido a alférez de navío, el 16 de marzo de 1776.

Continuando sus servicios, se lo promovió a teniente de fragata el 23 de mayo de 1778. Con este grado tomó parte a bordo del “San Julián” en la batalla que libraron la flota al mando de Juan de Lángara y la inglesa del almirante Rodney, en el cabo de Santa Maria, el 16 de enero de 1780. Su navío fue tomado prisionero y el teniente Malaspina y otros oficiales desembarcados en Gibraltar Ascendido a teniente de navío actuó posteriormente en el sitio de esa plaza, y en la victoria conseguida por la escuadra española.

Comandó la “Asunción” con la que realizó un largo viaje por Filipinas y la India, y la “Astrea” con la que dio la vuelta al mundo. Al regresar a Cádiz con el capitán de fragata Bustamante y Guerra, discutieron la posibilidad de efectuar una larga expedición y la propusieron al ministro Valdéz, quien el 14 de octubre de 1788 contestó que el Rey la había aprobado. Malaspina fue promovido a capitán de navío, el 21 de setiembre de 1789. Aunque de origen italiano, toda su carrera naval la realizó en la Real Armada hispana.

Carlos IV, le honró confiándole el mando de las corbetas de guerra que había hecho construir llamadas la “Descubierta” y “Atrevida”, con el objeto de rectificar la situación geográfica de las posesiones españolas de las Indias. En la plana mayor los oficiales que lo acompañaban se destacaban por sus conocimientos náuticos y eran entendidos en astronomía, cartografía e hidrografía, contándose entre ellos, especializados en historia natural y hasta pintores.

El tiempo del viaje se estimó en tres años; duró cinco. La expedición partió de Cádiz, el 30 de julio de 1789, y se dirigió al Río de la Plata, llegando el 20 de setiembre a Montevideo. Dos horas después de la partida arribó a Cádiz, el botánico Tadeo Haënke, y por orden del Rey consiguió pasaje en otra nave alcanzándolos, luego de muchas peripecias pasadas en Valparaíso. Durante su viaje realizó interesantes estudios botánicos en el Río de la Plata, en su travesía por tierra a Chile, como también tareas hidrográficas.

Las corbetas zarparon de Montevideo, el 15 de noviembre de ese año para la costa patagónica, llegando a Puerto Deseado y luego s Puerto Egmont, en las Malvinas. Atravesaron el temido Cabo de Hornos, tocaron tierra en San Carlos de Chiloé, Puerto Concepción, y a mediados de marzo de 1790, se encontraban fondeadas en Valparaíso, puerto desde donde varios oficiales se trasladaron a Santiago.

Posteriormente las corbetas marcharon hacia el norte tocando Coquimbo, y en el ínterin, realizaron varias excursiones de estudio, entre ellas, una a las minas de Andacollo y Punitaqui. Pasaron luego a Arica, donde llegaron el 14 de mayo, zarpando para el Callao. La permanencia en este puerto se prolongó casi por cinco meses, utilizados para realizar levantamientos hidrográficos y cartográficos, excursiones de los naturalistas, toma de apuntes o acuarelas hechas por los dibujantes. El 21 de setiembre de 1790, partieron las corbetas para proseguir su labor hacia Guayaquil, donde se repitieron las tareas náuticas, científicas y artísticas.

Otros puertos que tocaron fueron Panamá y Realejo, con fructíferas excursiones. Las corbetas separadas desde el 6 de enero de 1791, volvieron a reunirse en Acapulco, de donde zarparon para Cabo Engaño. El viaje continuó por América del Norte repitiéndose las observaciones hechas en el sud. El 21 de diciembre de ese año, las naves iniciaron una nueva etapa, pues se lanzaron por el Pacífico arribando a las Filipinas, Australia e islas de Vavao, retornando al Callao el 23 de julio de 1793.

Esta comisión llevó a cabo numerosas observaciones científicas, además del examen y corrección de cartas marítimas de la Patagonia y otras partes. Midió diferentes alturas, levantó planos de los puertos, sondeó los fondeaderos, y practicó otras operaciones. Reunió noticias geográficas y estadísticas, y muchos datos sobre el comercio, agricultura y minería del Perú y Chile. En el Callao, el jefe de la expedición, en previsión de un nuevo cruce del Cabo de Hornos, dispuso que se separase, Haënke iría por tierra a Buenos Aires pasando por Huancavélica, Cuzco y Potosí, como asimismo el teniente de navío José Espinosa Tello de Portugal y el alférez de navío Felipe Bauzá.

Las corbetas recalaron en Talcahuano el 8 de noviembre, desembarcaron a Luis Neé y volvieron a zarpar, tocando las Malvinas y Santa Elena, en la costa patagónica, llegando a Montevideo el 14 de febrero. Por último, dichas naves estuvieron de regreso en Cádiz, el 21 de setiembre de 1794, y el Rey Carlos IV manifestó su agrado por la empresa realizada.

Malaspina preparó el plan y facilitó los materiales para la confección de una gran memoria, que daría a conocer los resultados científicos obtenidos. Pero la fatalidad quiso que el marino no pudiese ver publicado el fruto de tantos desvelos. Su llegada a la corte fue aprovechada para fraguar una intriga palaciega destinada a reemplazar al primer ministro Godoy por él, circunstancialmente distanciado de la reina, pero descubierta la conjura, Malaspina fue encarcelado el 23 de noviembre de 1795, en el cuartel de Guardias de Corps y enviado al Castillo de San Antón, en La Coruña.

La persecución de Godoy, se hizo entonces más obstinada y se le destituyó de grados y empleos, ganados con méritos y hazañas, evitándose de esta manera la publicación de los resultados del viaje. Se llegó hasta encarcelar al padre Gil, encargado de la memoria.

La prisión de Malaspina fue mantenida rigurosamente a pesar de las gestiones hechas en su favor. Después de un año de prisión, dirigió una carta al Rey en la que le solicitaba lo liberase o desterrase, pero sin resultado. Así pasaron seis años y en 1802, el vicepresidente de la República Italiana el conde Melzi, amigo de Malaspina y de su familia, consiguió por fin su libertad. Como Godoy continuaba influenciando, Malaspina marchó a su tierra natal en Lunnegiana, dedicándose a atender los bienes familiares.

En 1804, dirigió un movimiento social-sanitario para combatir la fiebre amarilla en Liorna. Falleció en Petrémoli, población sobre el río Magra (Italia), el 9 de abril de 1810, a los 55 años de edad.

El ministro Antonio Valdéz al conferirle el mando de la expedición había expresado el siguiente juicio sobre él, al decir “que por sus conocimientos, cuna, nobleza y elegancia de la persona y maneras, arrogante presencia, afabilidad, firmeza de carácter y talento de sociedad, era Malaspina el primero de nuestra Armada, y el único para aquel cargo, alma de la culta y distinguida sociedad que nuestros marinos debían representar en los países americanos, para influir favorablemente en el ánimo de los criollos y ayudar a la política y fines que la expedición llevaba”.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1975).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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