Fotógrafos argentinos

El porteño Juan L. Camaña (1795-1877), era también pintor y comerciante. Tenía una tienda en la calle Chacabuco Nº 60 esquina Potosí (hoy Alsina) donde en noviembre de 1853 hacía “retratos fotográficos sobre papel coloreado o sin colores, y daguerrotipos estereoscópicos”. Se le considera uno de los introductores de la fotografía sobre papel en Buenos Aires.

Camaña era profesor de dibujo y fue profesor de francés de Manuelita Rosas. Era sobrino del educador Juan Andrés de la Peña. De su obra como pintor conocemos “Soldados de la época de Rosas” (Museo Histórico Nacional), una litografía de su ilustre tío, una serie de acuarelas, etc. En 1845 era profesor de dibujo en el Colegio Republicano Federal y allí fue alumno suyo, entre otros, Martín Boneo. Publicó varias litografías en “El Correo del Domingo”, en 1864 y 1866 (frontis de la Catedral, el Teatro Coliseum). Los “retratos estereoscópicos” fueron una novedad para Buenos Aires y el diario “El Pueblo” le dedicó un extenso artículo, el 31 de diciembre de 1853: “La perfección de los retratos llamados estereoscópicos nos causó una agradable sorpresa ya que no es una superficie plana la que se contempla, es la naturaleza con todos sus relieves, con toda su admirable verdad”.

En 1855 otro porteño, Carlos Descalzo (1813-1879), pintor y dibujante, se dedicó a la fotografía al daguerrotipo en su tienda de la calle de la Merced Nº 35, “lujosa sastrería al estilo europeo”. En 1861 está asociado con Benza y hace fotos sobre papel, cobre y vidrio. En la “Guía del Comercio” de 1870 aparece “Descalzo e Hijos, Fotografías, calle Artes 10”.

Varios jóvenes argentinos aprendieron el arte del daguerrotipo y la fotografía desde la llegada de Bennet en 1845 y North en 1848. Especialmente aquellos que tenían negocio de mercería, sastrería o taller de pintura, el practicar el daguerrotipo y la fotografía les representaba un trabajo adicional muy rentable. Hilario Ascasubi, quien estaba en París para reclutar mercenarios para el ejército, escribía a Mitre con fecha 24 de noviembre de 1864, que su hijo Américo estaba aprendiendo “teórica y prácticamente la fotografía” y le enviaba media docena de copias del retrato que Mitre le había regalado, agregando que su hijo haría la reproducción del mismo en porcelana “último descubrimiento bellísimo, sistema que no hay sino dos o tres fotógrafos que lo conocen en París” (carta en el archivo del general Mitre).

El sanjuanino Desiderio Aguiar (1830-1896), quien conoció y trabajó con Matthew Brady en Nueva York hacia 1860, documentó el terrible terremoto de Mendoza de 1861 y en mayo del mismo año expuso esas fotos en Buenos Aires en el Café Republicano de la calle Victoria 308. Después exhibió esas fotos en Montevideo, Río de Janeiro, Londres y París. En 1863 realizó una foto de Sarmiento con galera, bastón y gran bufanda, en San Juan, durante la guerra del Chacho. También le tomó otra foto, con uniforme militar en el taller del pintor mendocino Gregorio Torres, en San Juan.

Un conocido fotógrafo de esos años fue el porteño Saturnino Masoni (1826.1892), a quien recuerda Miguel Cané en su libro “Juvenilla” diciendo que era pariente político suyo, quien le relató sus comienzos como fotógrafo junto con el profesor francés Amadeo Jacques en Montevideo en 1852: “En esa época llegaron en un diario europeo noticias de las maravillas del daguerrotipo y la fotografía. Jacques se asoció a Masoni para hacer retratos. Al cabo de un mes de tanteos, pruebas y ensayos, Masoni que dirigía el aparato como más práctico, lleno de júbilo le mostró a Jacques, que servía de objetivo, sus propios cuellos blancos, única imagen que la luz caprichosa había dejado en el papel…”.

En “La Tribuna” del 8 de abril de 1869 se afirma: “El señor Masoni fue el pionero en sacar retratos en papel en 1854 y el primero que hizo fue el del profesor Amadeo Jacques. Trabajó muchos años en Montevideo y ahora piensa establecerse en Buenos Aires, su tierra natal…”.

Masoni era hijo del famoso violinista y director de orquesta del mismo apellido que vino a Buenos Aires en 1825 estrenando en el Coliseo “El Barbero de Sevilla” y estaba emparentado con las familias Warnes y Ribot de Paysandú. Ver: Augusto I. Schulkin, “Historia de Paysandú” (Buenos Aires, 1958).

Masoni trabajó asociado con Fredricks y Penabert y en 1848 vendieron el negocio de daguerrotipos que tenían en Piedad (hoy Bartolomé Mitre), entre Florida y San Martín, frente a la famosa Confitería Los Suizos. Realizó con sus socios un extenso viaje por el litoral, a fines de 1850, visitando Concordia, Gualeguay hasta el campamento de Urquiza en Arroyo Grande donde le tomaron daguerrotipos a Urquiza, a su familia en el Palacio de San José, al general Garzón, etc.

Masoni y sus socios también tuvieron un local en la calle Cuyo Nº 81 (hoy calle Sarmiento), donde hacía “retratos sobre plancha de cobre con máquinas experimentadas y tan rápidas que por mucho que se mueva un niño se le estampa perfectamente…”. A fines de 1855 era socio del litógrafo alemán Rudolf Kratzenstein (1823-1880), en San Martín 48, frente a la Casa de Moneda.

En 1856 Antonio Aldanondo (1821-1891), aparece asociado con Bártoli y Sulzman en los altos de la Recova Nueva 56, el mismo local de Elliot en 1843, donde “Practicaban la bella arte de los retratos en fotografía y ampliaciones al óleo”. Sulzman había sido pintor y fotógrafo de la reina de España y en febrero de 1855 lo trajo al país Bartolomé Bossi, el genovés que fue capitán del vapor “América” que se hundió en viaje a Montevideo en 1871. Aldanondo fue entre 1850 y 1890 uno de los mejores fotógrafos de la ciudad con taller en Florida 129. En “El Nacional” de agosto de 1864, leemos esta noticia: “El fotógrafo Aldanondo. Este inteligente artista y químico que ha elevado la fotografía al grado más alto, se va a Europa en el próximo paquete para estudiar los adelantos y traer todas las máquinas y útiles más modernos. Su acreditada casa de la calle Florida quedará a cargo de personas inteligentes en su ausencia”.

En 1883 está instalado en Esmeralda 518 y anuncia en los diarios sus servicios. Un anuncio de la época dice que es fotógrafo desde 1849.

El más destacado fotógrafo argentino de esa época fue sin duda, Antonio Pozzo (1829-1910), hijo de José Pozzo y de Victoria Muratorio. Creemos que aprendió el oficio con el norteamericano John Bennet en 1845, o quizás, con Henry North, quien en 1848 enseñaba el arte del daguerrotipo por 800 pesos y vendía dos cámaras oscuras a mil y mil quinientos pesos cada una. Cuando Urquiza entró en Buenos Aires después de Caseros, en febrero de 1852, Pozzo obtuvo, en la residencia de Palermo, el famoso daguerrotipo que muestra al caudillo con galera y poncho. Cuando se inauguró el Ferrocarril del Oeste, en 1857, Pozzo tomó las fotos oficiales en la estación del Parque con las dos locomotoras, “La Porteña” y “La Argentina”. Pastor Obligado en sus “Tradiciones Argentinas” recuerda la escena que él presenció: “Se asentaban sobre aquel punto los lentes de cuatro daguerrotipos, y el clisé conservado por el hábil fotógrafo Pozzo fijó con fidelidad la viva escena de aquel instante solemne y conmovedor…” En esos años los membretes de sus fotos llevaban la dirección, calle de la Piedad 131 con la leyenda: “Fotógrafo Municipal y del Ferrocarril Oeste”. En 1982 se realizó en el Museo Ferroviario una exposición con 23 grandes fotografías de Pozzo con escenas de trenes, estaciones, etc.

El 23 de mayo de 1864 todo Buenos Aires miraba asombrado cómo se elevaba en la Plaza de la Victoria el globo del norteamericano R. Gibbon Wells, con él subió Pozzo para intentar tomar foto aéreas de la ciudad.

Acompañó la expedición al desierto de Roca en 1879 como fotógrafo oficial de la misma, costeándose los gastos del viaje de su peculio y en un carruaje cubierto de su propiedad que después regaló al general Villegas. También había participado en las campañas de Alsina en 1876. Realizó centenares de fotos de gran valor documental e histórico. Su ayudante era Alfonso Braco y en una foto de la plaza de Puán se puede observar la sombra de Pozzo y su ayudante y la máquina de fotos. En una ocasión, en mayo de 1879, quiso sacar una foto de todo el ejército en el río Colorado y Roca le dio un trompa de órdenes y Pozzo tuvo durante varias horas el ejército a su mando, para ordenar la tropa y las carretas en forma favorable para las fotos. El 15 de junio del mismo año de 1879 se adelantó a la vanguardia del ejército y una partida de indios le robó el carruaje y las máquinas al sur del Neuquén y el Limay. Regresó a pie con su ayudante, dos días después.

En 1896 su hijo donó al Museo Histórico Nacional las famosas vistas de Buenos Aires realizadas en 1852 por el norteamericano Fredricks. Cuando murió, en su quinta de Flores, a los 81 años de edad, el 29 de agosto de 1910 hacía tiempo que estaba alejado de la fotografía. El periódico “El Social” de Flores publicó su retrato y una extensa crónica de su personalidad, pero sin ninguna mención a su profesión de fotógrafo. Estaban presentes en su sepelio el general Fraga, el Dr. Benjamín Victorica, el capitán de fragata Jones Brown, el Dr. Marco Avellaneda, Pastor Lacasa, que habló, etc. Asistieron a su sepelio más de doscientas personas.

La revista “Caras y Caretas” publicó el 2 de setiembre de 1905 su fotografía diciendo “que era fotógrafo desde 1851”, con motivo de su muerte publicó en setiembre de 1910 un artículo: “La muerte de don Antonio Pozzo”, con varias fotos del muerto y de la campaña del desierto.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Gesualdo, Vicente – Enciclopedia del Arte en América, Ed. Omeba, Buenos Aires (1968)
Portal www.revisionistas.com.ar
Todo es Historia, Nº 198, Buenos Aires, Noviembre de 1983.

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Miguel Otero

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