Fuerte Federación

Mojón que señala la ubicación del reducto norte del gran potrero del Fuerte Federación, Plaza Alem, Junín.

Para cumplimentar el plan previsto acerca de la construcción de nuevos fuertes en la frontera, en setiembre de 1827 comenzaron los preparativos que tuvieron como corolario la fundación del Fuerte Federación.

Juan Manuel de Rosas, en su carácter de comisionado para el establecimiento de dichos fuertes, elevó el 10 de setiembre al gobierno el presupuesto de los gastos que demandaría la construcción del primero de ellos. De los 97.600 pesos calculados le fueron concedidos 91.004. El resto fue facilitado por los estancieros de Arrecifes, Baradero, San Pedro, San Nicolás y Salto, quienes también entregaron novillos, reses y caballos.

Rosas y el inspector general de milicias, José Rondeau, se encargaron de recolectar personalmente esos aportes.

Al mismo tiempo Rosas informó al gobierno acerca de la utilidad de ponerse de acuerdo con los coroneles Federico Rauch y Juan Izquierdo para emprender la obra constructiva.

Desde el Ministerio de Guerra se le informó que el 3 de setiembre se había impartido a dichos jefes la orden de presentarse en la ciudad de Buenos Aires haciendo la salvedad de que debía tenerse todo dispuesto para que su permanencia no se prolongara demasiado, debido a que era muy necesaria su presencia a la cabeza de sus cuerpos.

Pero cuando esta orden debía concretarse, Rosas tuvo que marchar sobre la boca del Salado, que en esos momentos se creía amenazada. Por tal motivo la conferencia quedó diferida.

Posteriormente, y debido a una indisposición del coronel Rauch, bajó a Buenos Aires por orden del gobierno, el teniente coronel Bernardino Escribano, segundo jefe el Regimiento Nº 5 de Caballería, con asiento en la guardia de Salto.

Rosas conversó con él, y lo consideró la persona más adecuada para plantificar la guardia y el fuerte del Potroso, propuso entonces el 29 de noviembre de 1827 al Ministro de Guerra y Marina, Juan Ramón Balcarce, que Escribano:

“Sea autorizado, como parece debe serlo por nombramiento especial, que se le imparta la orden correspondiente a fin de que proceda a recibirse de los útiles destinados a la plantificación de aquel establecimiento, y pueda partir luego con su fuerza a la empresa, con sujeción a las instrucciones al efecto que llevará consigo, y el comisionado se hará un deber comunicarle, según lo acordare el gobierno”.

Con respecto a los elementos necesarios para la realización de las tareas, Juan Manuel de Rosas agregaba que:

“Las carretas y útiles están prontos a marchar; diferir su viaje sería en extremo perjudicial por los gastos que ocasionaría y por lo que apura ya la estación; cree por lo tanto el que suscribe que el gobierno hará lugar a estas consideraciones al tiempo de resolver para lo que el comisionado ruega se tenga presente que dada la autorización referida, y depositada en el Teniente Coronel de Húsares la facultad suficiente para expedirse, el comisionado consigue verse en posesión más cómoda para reducir sus atenciones a los otros puntos de la comisión, y obrar con más rapidez sobre ellos”.

El 2 de diciembre de 1827 Rosas despachó el primer convoy de 24 carretas cargadas hacia el Potroso, y expidió instrucciones muy minuciosas al comandante Mariano Acha, a Francisco Javier Acevedo y a Juan Francisco Ullúa, encargados de reconocer el terreno en el que se levantaría la nueva guardia.

Realizada la prospección, fue modificado el lugar originariamente designado para la erección del fuerte. Así en vez de hacerlo en la zona del Potroso, se eligió un lugar ubicado 15 km más al sur, por presentar condiciones de situación y posición más adecuadas. Así se lo hizo saber Acevedo a Rosas en una nota que le envió el 6 de diciembre:

“Hoy hemos vuelto a la guardia del Salto dejando demarcado el nuevo fuerte, como a 14 cuadras del “Cerrito Colorado”. Acha a su vez informó: “Fijamos el mojón en el Cerrito Colorado. Al hacer el mojón hemos tenido en cuenta las indicaciones que Ud. nos hace sobre el particular, estableciéndolo junto al mismo arroyo, en un pasaje alto, que forma lomada en bastante extensión, propia para la población”.

El cerrito Colorado está situado en la margen izquierda del río del mismo nombre, paraje que se conocía con la denominación de Rincón del Carpincho.

Al tomar conocimiento de estos informes, Rosas ordenó a Escribano que se dirigiera al paraje elegido, pero éste, el 23 de diciembre de 1827 envió desde Salto una nota al ministro de guerra y marina, Juan Ramón Balcarce, en la que expresaba sus temores de no poder cumplir con las órdenes recibidas, ya que estimaba muy exiguo el material con el que contaba para iniciar la tarea. Disponía de su regimiento, de 32 prisioneros de guerra brasileños y de las carretas con los útiles para la población, pero consideraba que al llegar no podría hacer nada si no contaba con artesanos capaces de dirigir cualquier trabajo, sin el comisario encargado de cumplir con las tareas administrativas y, lo que juzgaba más importante, careciendo de dinero con qué pagar no solamente a los trabajadores, sino también a la tropa y a la oficialidad. Estos últimos debían recibir su salario antes de partir de Salto, ya que tenían que pagar las deudas contraídas con los vivanderos del lugar, y contar con dinero para hacer frente a los gastos que contrajeran de ahí en adelante. Estas razones las exponía para justificar su demora en partir, y para salvar su responsabilidad ante el público y el gobierno.

Balcarce envió copia de esta nota a Rosas, quien se apresuró a rebatir los argumentos de Escribano.

Así manifestó al ministro que, dado que se comenzaría por levantar ramadas provisionales antes de emprender las obras permanentes, sería mucho más cómodo para el jefe de la expedición manejarse con los elementos indispensables para iniciar la tarea, en vez de enviar de una sola vez todo el cargamento.

“Por esto fue que remitió lo que era principalmente necesario, a fin de que marchase el encargado, eligiese local, hiciese preparar con los 32 prisioneros y con los expedicionarios ese abrigo provisional contra la intemperie, sirviéndose al efecto de las maderas cargadas en las primeras cerretas de que ya había recibido”.

Para estas tareas preliminares, pensaba Rosas que no era necesaria la presencia de todos los hombres que intervendrían en la construcción ni de toda la carga, la que tampoco podría ser remitida en bloque, pero calculaba que cuando Escribano hubiera terminado las operaciones preparatorias, ya estarían en el lugar las últimas remesas de útiles, el maestro de ranchos, el carpintero, el comisario que se encargaría de llevar el dinero necesario para pagar los jornales y el botiquín.

Por todo esto estimaba que Escribano podía haber marchado para la zona donde levantaría el fuerte sin ninguna dificultad.

Además puntualiza que el 24 de diciembre, o sea un día después que Escribano presentara su queja al ministro, ya habían quedado todos los elementos listos para partir al día siguiente hacia el lugar del establecimiento del fuerte.

“y salió en efecto con las últimas carretas cuando había que remitirse para dicho Fuerte; y en ellas el botiquín, Maestro de ranchos, carpintero y el comisario con el dinero: de modo que estando ya al lado del Sr. Escribano el Piloto con su comitiva, y también habiéndosele incorporado el ayudante del comisario, Dn. N. Campaña, nada esencial, ni conveniente ha quedado, que no haya marchado”.

De la lectura de ambas notas se desprende que Juan Manuel de Rosas no comparte el criterio de Escribano, apreciando la existencia de un apresurado e inoportuno reclamo por parte de éste ante el ministro, ya que al mismo tiempo que él se preocupaba por justificar su demora en la iniciación de la marcha eludiendo responsabilidades, Rosas tomaba todas las providencias del caso para que los hombres, el material, y el dinero que necesitara Escribano llegaran cuanto antes a su destino.

En la misma nota también se ocupa Rosas de informar a Balcarce sobre la forma en que debe ser conducido el ganado necesario para la expedición fundadora.

Opina que no es conveniente llevarlo de una sola vez, sino que debe hacerse poco a poco, según se fuese necesitando, bastando para el arreo del mismo y para las rondas, veinte o treinta hombres a lo sumo, cantidad que no obstaculizaría el desarrollo de las tareas específicas de la construcción del fuerte, y sugiere al ministro que, de considerarlo conveniente, encargue este servicio a la milicia del cantón.

El 28 de diciembre, después de haber analizado y aprobado los argumentos expuestos por Rosas, Balcarce contestó a Escribano poniéndolo en conocimiento de los mismos, e informándole que tres días antes se había puesto todo en marcha:

“El gobierno cree salvadas en esta contestación todos los inconvenientes que tocaba para su marcha el Jefe a quien se dirige y espera que luego que haya sido pagada la tropa de su mando procederá a desempeñar la comisión a que ha sido destinado, teniendo presente cuanto se indica en la presente nota”.

En esta actitud de escribano de tratar de entenderse directamente con el ministro pasando por encima de la autoridad del comisionado, podría verse el germen de futuras desavenencias.

El 3 de enero de 1828 el comisario Eugenio Perichon informó a Rosas que:

“En esta fecha hemos llegado a este destino, en la que también han arribado los agrimensores o pilotos para la delineación de este fuerte, cuya obra se trata de empezar con aquella actividad que demanda la naturaleza de tal obra… El mismo día llegó la división, se construyó el corral para seguridad del ganado por los prisioneros portugueses, mientras la tropa se ocupaba de la formación de los toldos para su alojamiento”.

El 14 de enero de 1828 apareció el primer documento fechado en el nuevo fuerte, que tomó el nombre de Federación. Se trata de un pedido de Escribano al gobierno de 400 caballos para reemplazar a los que habían quedado inutilizados por las sabandijas. Pocos días después, el 21 de enero de 1828 Rosas elevó al gobierno un legajo con 110 copias relativas a la nueva frontera y al fuerte Federación.

En el mismo rinde cuentas de lo que ha hecho desde el momento en que aceptó su designación como comisionado.

Algunos datos resultan muy ilustrativos, sobre todo para comprobar que el fuerte Federación tuvo, entre los tres previstos, la prioridad en ser construido:

“El punto para el Fuerte de la Federación ha sido el primero que ha visto arribar a él la expedición encargada al Teniente Coronel del Nº 5 de Caballería de línea Don Bernardino Escribano. Por consiguiente es el adonde primero se ha dado principio a los trabajos del establecimiento, después de los nuevos reconocimientos… que dieron por resultado la preferencia del local del Cerrito Colorado sobre el del Potroso”.

Realiza además en esta nota un inventario de todas las comunicaciones especiales y oficiales relativas al fuerte que había recibido, y de las contestaciones que él enviara. Considera concluida su misión respecto del Fuerte Federación, y hace la salvedad que tratará de adelantar en la capital y la campaña las recaudaciones de hacienda y moneda, pero como no podrá completarse con la celeridad necesaria para ser utilizadas en la plantificación de las guardias, opina que podían ser empleadas para la conservación y los auxilios posteriores. Como en esos momentos debía vigilar personalmente las zonas más expuestas a las depredaciones indígenas, Rosas sugirió que se designase a una persona que se encargara de continuar recaudando las contribuciones de los hacendados.

El mismo prometía ponerla al tanto del estado en que se encontraban esas gestiones, para que:

“pudiese esa misma persona, al paso que servir en la capital de conducto intermedio entre el gobierno y el jefe del establecimiento y los hacendados del Norte, entender en lo pendiente y ser al propio tiempo constituido un órgano que bien dispuesto sobre todo lo relativo a lo trabajado y sus objetos, pudiese salvar las dudas y absorberlas toda vez que se suscitaran”.

Propuso para cumplir esta tarea al capitán Jorge Pacheco, por considerar que reunía las condiciones exigidas para desempeñarla eficazmente.

A instancias de esta proposición, el 26 de enero de 1828, el gobierno nombró a Pacheco nuevo comisionado.

De la lectura de este documento se desprende una vez más el empeño con que Rosas encaró su misión de extender la frontera, ya que no se limitó a la tarea específicamente encomendada (o se a la organización y construcción de las nuevas guardias) sino que, con miras al futuro, trató de asegurar, mediante todas las previsiones a su alcance, las mejores condiciones para el normal desenvolvimiento de la vida en el Fuerte Federación.

De las privaciones y penurias pasadas en los primeros meses de esta nueva guardia, da testimonio la nota enviada por Escribano al gobierno, el 12 de marzo de 1828. En la misma expresa que:

“sólo existen en esta Comisaría para racionar la tropa, prisioneros y peones, tres tercios de yerba mate, tres rollos de tabaco y dos fanegas de sal, que sólo alcanzan para dos semanas, hallándose en el mismo caso el papel, todo lo que ha sido repartido según la instrucción del señor Comisionado, Coronel D. Juan Manuel de Rosas”.

Solicita que las raciones sean enviadas lo antes posible, ya que contribuyen en mucho al adelanto del fuerte.

Cinco días después, el 17 de marzo de 1828, Rosas presentó un informe a Rondeau en el que le explicaba que el presupuesto elevado el 10 de setiembre de 1827 había sido hecho sobre un cálculo de tres meses, los que ya estaban por vencerse, por lo que consideraba oportuno enviar cuanto antes los auxilios que solicitaba Escribano.

El 21 de marzo de 1828 la comisaría general de guerra elevó un informe al ministro en el que constaban las cantidades de elementos a enviar como así también el costo de los mismos. Las cantidades de los artículos que se expresaban eran las consideradas indispensables para subsistir durante un mes, calculando 700 raciones diarias. Por esta cantidad podría suponerse que en el fuerte había aproximadamente 350 personas entre artesanos, soldados, prisioneros de guerra, oficiales, mujeres y niños.

El 28 de marzo de ese mismo año el ministro ordenó al comisario general de guerra que remitiese al Fuerte Federación todos los elementos que figuraban en el presupuesto presentado por nota del 21 de marzo de 1828, haciendo suyas las observaciones que el comisario exponía en dicho oficio acerca del excesivo consumo que se había realizado de sal y de papel, en la remesa de artículos enviados tres meses atrás.

Este es el relato del origen del Fuerte Federación, donde se estableció el primer núcleo de pobladores que formó lo que hoy es la ciudad de Junín, y que sirvió para cubrir las guardias de Rojas, Salto y Luján.

Fuente
Archivo General de la Nación
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Ibarguren, Carlos – Juan Manuel de Rosas – Buenos Aires (1962).
La Verdad, Junín, 23 de octubre de 1927, Nº 1460.
Política seguida con el Aborigen (1820-1852), Tomo II, Círculo Militar, Buenos Aires (1974).
Portal www.revisionistas.com.ar

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar