Francisco de Bedoya

Escudo de San Francisco del Chañar, Córdoba. Las dos espadas simbolizan el combate de San Francisco entre las fuerzas de Francisco de Bedoya y las de Pancho Ramírez en 1821.

Nació en Córdoba el 10 de julio de 1784.  Miembro de una familia distinguida y acreditada, le fue fácil crearse allí los elementos necesarios para entrar en la vida pública.  Muy joven entró en la milicia y el 16 de febrero de 1813 revista como teniente de la 1ª Compañía del Regimiento Nº 2.  En aquella época desempeñó el puesto de comandante del coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, presidente de Chuquisaca.  Como después de la derrota de Vilcapugio, el general Belgrano estableció su cuartel general en Macha, en los momentos en que iba a ponerse en marcha para buscar al enemigo, movimiento que después motivó la derrota de Ayohuma, el teniente Bedoya llegó con unas cargas de víveres que enviaba al ejército, Ortiz de Ocampo; el general Belgrano le dijo el movimiento que se iba a ejecutar y cuya finalidad era marchar en busca del enemigo, “esperando –dice el general Paz en unos apuntes-, quisiera participar de los peligros y glorias que creía inmediatos, pero Bedoya, se excusó pretextando que su comitente le había prevenido regresase luego, por lo que el General lo despidió con desaire”.  Cuando se produjo la derrota de Ayohuma y que fue necesario abandonar aquellas provincias, Bedoya regresó a Córdoba y se recibió de la frontera del Norte, con asiento en la Villa de Río Seco, el 11 de agosto de 1814.  Organizó en aquel punto una compañía de línea y otras compañías cívicas para las guarniciones de los fuertes de San Juan, Caminiaga y Chañar.  Desempeñando aquel cargo, el 22 de diciembre de 1814 se le expidió el grado de comandante de las milicias cívicas de caballería de Córdoba.  Desempeñando la jefatura de la frontera de Río Seco, tuvo la prolijidad de confeccionar un plano, de colores diversos extraídos de substancias de plantas silvestres, fijando con precisión la topografía del terreno y situación de los fortines, con la siguiente leyenda en el centro: “Plano topográfico de la frontera de Río Seco, por su comandante don Francisco Bedoya”.  En él estaban marcados el pueblo de Río Seco y los fuertes de San Juan, de la Candelaria (construido por Bedoya), Saladillo y Puesto de Sánchez, puntos éstos guarnecidos por compañías cívicas, que en caso de necesidad auxiliaban al fuerte de Abipones.

Los recursos que se enviaban al Ejército del Alto Perú, se concentraban en Río Seco, y de allí se hacían remesas de caballos, mulas, dinero y armas, hasta 1818.  Era aquel punto una especie de parque y proveeduría que fue necesario confiar a un hombre activo, patriota y de especiales facultades como el comandante Bedoya.  El 21 de diciembre de 1815 asciende a capitán de Ejército.

El 8 de mayo de 1817 marchó de Río Seco con 380 hombres al Chaco, llegando a una distancia de 160 leguas, y regresando a pesar suyo en junio, porque así lo ordenó el jefe de la expedición, coronel Heredia (que concurría desde el Norte), a quien se había incorporado por disposición del gobernador Castro.  Esta incursión la realizó Bedoya después de haber cooperado con el comandante Seyós a la reposición del gobernador Funes, el año anterior, habiendo asistido a la acción librada en los “Bajos de Santa Ana”, en las proximidades de la ciudad de Córdoba, contra las tropas rebeldes del anarquista Juan Pablo Pérez Bulnes, el 8 de noviembre de 1816, en la cual se distinguió la fuerza de Bedoya por su disciplina y buen espíritu, comportamiento por el cual el Cabildo de aquella ciudad acordó “recomendar al señor Director del Estado los servicios prestados por don Francisco Antonio Bedoya, comandante de frontera de Río Seco, que operó a las órdenes del comandante en jefe don Francisco Sayós, contra don Juan Pablo Bulnes”.

La compañía destacada en el Fuerte Candelaria fue mantenida por Bedoya durante los meses de noviembre y diciembre de 1816, y enero de 1817, de su peculio personal.  El 18 de setiembre de 1818 fue ascendido a coronel de ejército y a mediados de octubre de este mismo año marchó a Fraile Muerto, a incorporarse a la columna del general Bustos, que era asediado por los montoneros santafecinos, con 400 hombres, permaneciendo con él hasta la llegada de refuerzos del Ejército del Norte a las órdenes del coronel Lamadrid y comandante José María Paz a aquel punto entre el 3 y 9 de noviembre habiendo asistido a los combates que libró Bustos.  Regresó a Río Seco en febrero de 1819.  El gobernador coronel José Javier Díaz, que relevó al Dr. Castro en enero de 1820, después del pronunciamiento de Arequito, relevó al coronel Bedoya en el mando que ejercía en el Río Seco, con el sargento mayor Esteban Chaves, regresando el primero a la ciudad de Córdoba, donde fijó su residencia.

Poco después fue elegido diputado y ocupó la presidencia de la Legislatura.  Como el caudillo chileno José Miguel Carrera invadiera la provincia de Córdoba, el gobernador Bustos delegó el mando en el coronel Bedoya el 3 de marzo de 1821 y salió a campaña en busca del invasor, que lo derrotó en El Chajá.  También en aquellos días algunos vecinos de Córdoba empezaban a revelar agresividad contra el gobernador Bustos, entre ellos el coronel Allende y el comandante Paz, para lo cual el delegado Bedoya envió fuerzas a dispersar aquellas reuniones rebeldes a la autoridad local.  El último se apresuró a reunir elementos de defensa; organizó las milicias y puso a la provincia en condiciones de resistir a los invasores y montoneras.  Carreras después de algunas correrías infortunadas en las provincias de Cuyo, volvió a penetrar en la de Córdoba y puso sitio a la capital, en la cual Bedoya se atrincheró con los valientes cívicos de la plaza, haciéndose día a día más agresivo.  “Habiendo logrado urdir una intriga hábilmente desempeñada –dice un relato de aquellos sucesos-, hizo creer a Pintos y a Peralta (aliados de Carrera) que una parte de los cantones del Noroeste se iban a insurreccionar en la noche del 6 de mayo y que necesitaban apoyo inmediato así que rompiera el tiroteo.  A la hora convenida, empezó en efecto, el tiroteo y los sitiadores acudieron a las calles donde tenía lugar; pero cayeron en una emboscada de todas las fuerzas de la plaza, que los diezmaron cayendo prisioneros Pintos y Peralta, que inmediatamente fueron fusilados por Bedoya.  Carrera escapó de la catástrofe, pues se limitó a observarla de lejos”.  (López – “Revolución Argentina”).  El famoso caudillo marchó a Santa Fe a incorporarse con Ramírez y juntos atacaron a Bustos, atrincherado en Cruz Alta, el 16 de junio, siendo rechazados.  Disgustados, ambos aliados se separaron, tomando Ramírez el camino de Córdoba, mientras Carrera se dirigió al Oeste.  El coronel Bedoya marchó sobre el primero y el 10 de julio le dio alcance en San Francisco, inmediaciones de Río Seco y el encuentro fue funesto para el “Supremo Entrerriano”, que derrotado, murió en la refriega, mientras los restos de su fuerza, marcharon por Santiago del Estero, a través del Chaco, para llegar a su provincia.

El coronel Bedoya, en julio de 1822, reemplazó al doctor Francisco Ignacio Bustos en su calidad de ministro del gobernador general Juan Bautista Bustos, cargo que ejerció Bedoya hasta enero de 1825, separándose del gobierno un mes antes de la elección del coronel José Julián Martínez, elegido gobernador de Córdoba el 25 de febrero.  Cuando la guerra del Brasil, Bedoya organizó por orden del gobierno de Buenos Aires un batallón, pero no marchó a aquella campaña, por considerar necesaria su presencia en el interior.

La marcha indisciplinada de los sucesos de aquella época le hicieron cambiar de escenario, pero no de rumbo; de Córdoba pasó a Santiago del Estero, a Tucumán y finalmente, a Salta.  Cuando Ibarra y Quiroga amenazaron a Tucumán, en noviembre de 1826, después de derrocar el primero al gobernador Lamadrid, en El Tala, el 27 de octubre, el gobernador de Salta, general Arenales despachó en auxilio de Tucumán una división de las tres armas, fuerte de 2.500 hombres, compuesta de tucumanos, catamarqueños y salteños al mando del general Francisco de Bedoya.  Al aproximarse la vanguardia de éste a la ciudad de Tucumán, las fuerzas de Quiroga e Ibarra, que la ocupaban, la abandonaron el 3 de diciembre, reocupando Lamadrid el gobierno el día 5, mientras Bedoya penetraba en la provincia de Santiago del Estero en persecución de Ibarra, y el gobernador de Catamarca coronel Manuel Antonio Gutiérrez lo hacía en demanda de Quiroga.  No pudiendo recibir Bedoya el apoyo ofrecido de Gutiérrez, se situó en la provincia de Santiago del Estero en Tenené, a 18 leguas de la ciudad de Santiago.  Ibarra, ante la aproximación del enemigo, abandonó la capital retirándose a Maco el 31 de diciembre de 1826, ocupándola Bedoya a la cabeza de 1.200 tucumanos, pero debió abandonarla a los seis días, pues los santiagueños en conformidad con las órdenes de Ibarra, le cortaron el agua y lo dejaron sin víveres y ante esta imposibilidad material de subsistir, Bedoya emprendió la retirada a Tucumán; pero los santiagueños lo aturdieron toda la jornada y el primer día sólo pudo hacer una legua, casi a pie, por falta de caballos.  Bedoya aquella noche se encerró en el potrero de Tarapaya, distante una legua de la ciudad y allí la gente de Ibarra le prendió fuego por los cuatro costados, obligándolo a salir con su ejército chamuscado y en fuga, ganando de nuevo el pueblo, en cuyo repliegue volvió a sufrir los mismos males que en la salida.  Llegó a la ciudad a las 9 de la noche y a las doce volvía a salir en fuga, queriendo aprovechar la oscuridad, pero los santiagueños lo persiguieron hasta el amanecer y arrollándolo hasta el lugar del Deán, 3 leguas de la ciudad.  Allí Bedoya se vio obligado a hacer alto, hallándose completamente cercado e incendiado el campo en dos direcciones.

En la retirada se le desertó a Bedoya la mayor parte de la fuerza que llevaba de Salta, la que se pasó a Ibarra.  En la raya de Tucumán, una partida de cordobeses cargó a la caballería de Bedoya, derrotándola completamente, acción en la que perdió Bedoya 3 oficiales y 19 hombres de los que habían marchado desde Buenos Aires al mando del mayor Magán.

Llegado a Tucumán, Bedoya recibió casi inmediatamente orden del general Arenales, gobernador de Salta, para que reuniendo fuerzas y apresurando marchas, volase en su auxilio pues el general Gorriti se había levantado en armas.  Bedoya con 300 hombres y dos cañones se puso en marcha inmediatamente.  El 28 de enero de 1827 las tropas de Gorriti empezaron a establecer el cerco de la ciudad de Salta, pero el día 31, al tener noticias el general rebelde de la aproximación de Bedoya, levantó el sitio y acampó en un punto aparente, para estar a la expectativa.  El 7 de febrero, Bedoya ocupaba el pueblo de Chicoana, a 10 leguas de Salta.  El mismo día, Gorriti con todas sus fuerzas marchó sobre Chicoana, cercando completamente a Bedoya e intimándole rendición hasta por tercera vez.  Bedoya, fiado en las promesas del general Arenales de remitirle auxilios tan pronto pisase las llanuras de la Provincia, se negó terminantemente a rendirse.  Gorriti lo atacó furiosamente, resistiendo Bedoya en cuadro el ataque con denuedo, pero la división tucumana fue completamente derrotada.  Los dos jefes principales, Bedoya y Magán,  perecieron en la contienda.  El resto de ese día lo ocupó el general Gorriti en tomar providencias con respecto a los heridos y muertos.

El coronel Francisco Solano de Bedoya era hijo de Vicente Antonio Bedoya y María Isabel Gijena, hermana del doctor José Dámaso Gijena.  Fueron hermanos de Francisco de Bedoya, los doctores José María y Elías Bedoya, de actuación en la política argentina.

El 16 de setiembre de 1817 contrajo enlace con Desideria Medina (hija de Clemente Medina y Manuela Farías) en Río Seco, la cual tenía solamente 16 años, siendo su único hijo el sacerdote doctor Eusebio del Carmen Bedoya, fallecido el 22 de diciembre de 1864, siendo rector del Colegio Monserrat.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

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Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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