Tratado de límites con Paraguay

Rutherford Birchard Hayes (1822-1893)

Desde las dramáticas jornadas de diciembre de 1868, en que el Ejército paraguayo fue aniquilado en las trágicas batallas de la campaña del Pikysyry, pasó una década de búsqueda de solución a la cuestión de límites entre el Paraguay y la Argentina en el Chaco boreal.  La misma vino gracias al arbitraje del presidente norteamericano Hayes.

El laudo arbitral del presidente Rutherford B. Hayes vino a solucionar un largo pleito por la posesión del territorio chaqueño, entre la Argentina y el Paraguay.  Tuvieron que pasar ocho años de arduas negociaciones para lograr satisfacer a los países involucrados.

Los antecedentes

El 11 de noviembre de 1859 el entonces general Francisco Solano López, medió en el litigio entre Justo José Urquiza y Bartolomé Mitre y evitó una guerra civil entre argentinos, por medio del pacto de San José de Flores y que estipulaba la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina.  Un lustro después, ambos líderes jugarían un importante papel en la guerra desatada contra el Paraguay, en connivencia con el Imperio del Brasil y la banda Oriental del Uruguay.

Luego de cinco años de sangrienta lucha, el cinco de enero de 1869, el grueso de las tropas aliadas entraron en Asunción, ciudad que encontraron deshabitada, porque la población fue trasladada, casi un año antes a Luque, luego a Piribebuy.

Los brasileños ocuparon militarmente la capital paraguaya, mientras que los argentinos se instalaron en Villa Occidental, convertida en la base del Territorio Militar del Chaco, por las fuerzas de dicho país.

Tras una serie de reuniones, los representantes diplomáticos de las fuerzas aliadas -Mariano Varela, ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno argentino, el barón de Río Branco, su colega de Brasil, y Adolfo Ortiz, el canciller uruguayo–, el 2 de junio de 1869 firmaron un protocolo que estipulaba que “en el territorio liberado del mariscal López” se instalará un gobierno designado “por la libre elección de los ciudadanos paraguayos”, a condición de “dar garantías de paz, estabilidad y perfecta inteligencia con los gobiernos aliados”.

Un gobierno provisorio

Bajo control de las tropas brasileñas, el 21 de junio se reunieron en Asunción 21 paraguayos que nombraron un Gobierno provisorio integrado por un triunvirato compuesto por Carlos Loizaga, José Díaz de Bedoya y Cirilo Antonio Rivarola.  Los dos primeros, miembros de la legión paraguaya, un grupo opositor a López, y Rivarola, ex combatiente del Ejército de López, tomado prisionero por los brasileños y, rehabilitado, convertido en uno de los líderes del momento.  Pocos meses después, el triunvirato se desintegró, quedando en el Gobierno, Rivarola.

Gestos “solidarios”

Bartolomé Mitre buscó sacar rédito político de las negociaciones de paz.  El gobierno que sucedió a Bartolomé Mitre, encabezado por Domingo F. Sarmiento, tenía otra actitud con respecto a la manera de sostener la diplomacia con respecto al Paraguay.  El ejecutor de esa política fue el canciller Mariano Varela, quien percibía que la contienda había demostrado claramente la solidaridad de las repúblicas hispanoamericanas con Paraguay a pesar de la propaganda mitrista contra el “tirano”, el “monstruo”, el “Atila de América”, y otros epítetos con que trataba Mitre a López.

Varela sostenía que había que demostrar solidaridad con el caído, renunciando a los frutos territoriales de la victoria –actitud que según el canciller argentino también debía adoptar Brasil–.  Es célebre su frase, de que “la victoria no da derechos a las naciones aliadas para declarar por sí, límites suyos los que el tratado señaló”.  Había señalado también que “Si con Paraguay aniquilado somos hoy exigentes, no esperemos simpatías cuando ese pueblo renazca”.

Varela sostenía que si la Argentina intervino en la guerra de la Triple Alianza, lo hizo por haber sido agredida por el dictador paraguayo y no por reclamos territoriales.  Con esa actitud buscaba evitar la alternativa de que Paraguay se convirtiera en un protectorado brasileño.  Además de esta actitud, Varela había firmado con el Brasil un acuerdo por el cual la Argentina renunciaba a sus derechos territoriales sobre el Chaco -otorgados por el Tratado de la Triple Alianza– y se los reconocía al Paraguay.

Por su parte, estos sospechaban que si la Argentina renunciaba al Chaco paraguayo era porque, en realidad, buscaba la simpatía paraguaya para un proyecto mucho más ambicioso y peligroso para el Imperio: la reconstrucción del antiguo Virreinato del Río de la Plata.  La postura del canciller Varela fue duramente criticada por Mitre.

Motivos de discordia

Cuando la Argentina se instaló en el Chaco, ocupando militarmente Villa Occidental, empezó otorgando licencias para la instalación de obrajes madereros.  El diplomático brasileño Paranhos aprovechó esta situación para tratar de enemistar a los sobrevivientes paraguayos con el gobierno argentino, con el fin de impedir que este reclamase el Chaco boreal, tal como lo fijaba el Tratado de la Triple Alianza.

El canciller Varela no compartía la ocupación “manu militari” del territorio chaqueño, al menos antes de firmarse el tratado de paz que cerrase los problemas limítrofes y la misma guerra de la Triple Alianza.  Aun así, el presidente Sarmiento creó la gobernación del Chaco.  Esta medida provocó la inmediata protesta del gobierno de Asunción (digitado por el Imperio).

Decisiones unilaterales brasileñas

Mientras, el Imperio había firmado unilateralmente con el Paraguay tratados de límites, desentendiéndose del gobierno argentino.  Por medio de estos tratados el imperio brasileño decidía en forma unilateral sus fronteras con el gobierno de Asunción y con el de Buenos Aires, ya que retenía para sí los territorios en disputa y acordaba sin permiso de Buenos Aires que el límite argentino no pasaría del Pilcomayo.  El tratado de límites, conocido como de Loizaga-Cotegipe violaba expresamente el artículo del Tratado de la Triple Alianza, que decía: “Los aliados se comprometen solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y solo después de derribado el actual gobierno del Paraguay; así como también a no tratar con el enemigo común, ni celebrar tratados de paz, tregua ó armisticio, ni convenio alguno tendiente a suspender ó terminar la guerra, sin mediar perfecto acuerdo entre todos”.

Esta situación indignó al presidente Sarmiento, que veía el tratado Loizaga-Cotegipe como un peligro hasta para la integridad argentina y regional.

Negociaciones posteriores, como el acuerdo el 19 de noviembre de 1872, llevaron a la reclamación argentina de la línea del Pilcomayo –más una franja del territorio que incluyera Villa Occidental–, y renunciaba al Chaco Boreal –que pasaría a arbitraje–.

Cuestiones de política interna evitaron que el negociador Mitre saliera triunfal de tal manera a evitar su retorno a la presidencia argentina, pero a costa de la no resolución de la paz con Asunción.  Esta sería restablecida durante la gestión del presidente Avellaneda.

Fue durante la presidencia del sucesor de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, que se llevaron a cabo las negociaciones que terminaron con la espinosa cuestión de poner punto final a la guerra de la Triple Alianza.  Tal hecho tuvo lugar con la firma, el 20 de mayo de 1875, del tratado Sosa-Tejedor.  Por medio de este tratado el Paraguay aceptaba las demandas argentinas ante la mirada atónita del vizconde de Río Branco –límite en el río Pilcomayo más una franja que incluyera Villa Occidental, a cambio del retiro de las fuerzas brasileñas–.
El Imperio reaccionó rápidamente, obligando al Congreso paraguayo a repudiar el tratado firmado por Sosa, quien fue declarado “traidor a la patria”.  Nuevamente el peligro de una reanudación de la guerra parecía inminente.

El tratado definitivo

El 3 de febrero de 1876, los nuevos plenipotenciarios, Bernardo Irigoyen y Facundo Machaín, llegaron al acuerdo de un tratado definitivo.  En el contexto de un Imperio brasileño acosado por los problemas económicos y un gobierno argentino que deseaba solucionar la cuestión con el Paraguay para atender otros problemas emergentes con Chile, llevó a ambos negociadores a acordar que:

1) El límite sería fijado en el río Pilcomayo.

2) El Chaco boreal fue dividido en dos partes: la comprendida entre el río Verde y Bahía Negra era reconocida como paraguaya, mientras que el territorio entre los ríos Pilcomayo y Verde pasaría a ser sometida al arbitraje del presidente de Estados Unidos.

3) En caso de que el arbitraje fuera desfavorable a la Argentina, este país se comprometía al retiro de las tropas de ocupación en un plazo máximo de cinco meses y la evacuación de las fuerzas argentinas de Villa Occidental.  Y así ocurrió.  La Argentina devolvió el territorio y sus fuerzas abandonaron Villa Occidental, que pasó a denominarse Villa Hayes.  Poco después, la Argentina ponía sus pies en el Chaco que le correspondía, con la fundación de Formosa.

El presidente de los Estados Unidos de América, Mr. Rutherford Hayes, dictó su fallo el 12 de noviembre de 1877, en vista de las exposiciones y documentos presentados por Paraguay por Gracía  y Benjamin Aceval.

Decía el fallo de Rutherford Hayes: “Hago saber que yo, Rutherford B. Hayes, presidente de los Estados Unidos, debiendo tomar un veredicto, y tomando en consideración las referidas exposiciones y  documentos, venga a decidir por el presente que la expresada República del Paraguay tiene legal y justo título a dicho territorio, situado entre los ríos Pilcomayo y Verde, así como la Villa Occidental comprendida  dentro de él”.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

ABC Digital – Asunción. Paraguay.

Diario Noticias – Asunción, Paraguay – 4 de febrero de 2000.

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Verón, Luis – Los entretelones del Laudo Hayes.

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