Manuel Ricardo Trelles

Manuel Ricardo Trelles (1821-1893)

Nació en Buenos Aires, el 7 de febrero de 1821, hijo de Francisco Trelles y de María Andrea Laprida. Realizó los estudios preparatorios en la Universidad en 1835, y dos años después cursó filosofía bajo la dirección de Diego Alcorta. Tuvo entre otros compañeros a Rufino de Elizalde y Marcos Balcarce. Después de pasar por las clases de matemáticas y latín, comenzó en 1840, los cursos de Derecho Civil, Derecho de Gentes y Derecho Canónico. En 1844, tenía preparada su tesis sobre La Adopción, donde abogaba por la de la mujer, pero aquejado por una enfermedad se apartó de las aulas sin graduarse, tras haber demostrado su adhesión al gobierno de Juan Manuel de Rosas.

Inclinado al conocimiento de las ciencias naturales, despertó en él, el entusiasmo a las colecciones y a tal efecto, efectuó pacientes búsquedas sobre mineralogía y zoología, derivando más tarde hacia la numismática y a los manuscritos. El 27 de abril de 1852, fue elegido presidente de la Asociación de la Parroquia de San Miguel.

Atento escrutador del pasado, se internó en el estudio de las lenguas americanas, acompañado en la tarea por su hermano Rafael. De este paciente trabajo surgió la Colección de Voces Americanas, que según anotan sus más esclarecidos biógrafos fue incluida en el Diccionario Enciclopédico de la Lengua Española, publicado en Madrid, en 1853. Este trabajo presenta a Trelles como el primer lingüista de la Argentina.

El contacto permanente con los libros lo llevó accidentalmente a realizar el comercio de ellos hacia esta época, abriendo un negocio de librería de vida efímera y sólo ensayado para realizar la venta de una partida de libros que le había enviado desde España Manuel Laprida.

Formó parte de la Asociación de Amigos de la Historia Natural, institución surgida como una continuidad protectora del Museo de Historia Natural, cuyos estatutos fueron aprobados por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, en 1854. La Asociación se instaló el 25 de mayo de ese año, y Trelles fue fundador y secretario de la misma. Allí se encontró con sus amigos y sus pares: Teodoro Alvarez, Santiago Torres, Manuel J. de Guerrico, Francisco J. Muñíz, Félix Frías y Juan María Gutiérrez.

En 1856, presentó una Memoria… en la que dio cuenta del estado en que se hallaba el Museo y la sección numismática cuyo monetario contaba con 2.641 piezas. En el mismo año, fue invitado por Mitre a formar parte del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, siendo designado director del Departamento Estadístico del Estado de Buenos Aires. Otras designaciones le llegaron contemporáneamente, tales como la de municipal por la parroquia del Pilar, en 1858, y la de senador, pero ninguna le preocupó tanto como la Oficina estadística. Desde ese cargo puso sumo interés en la publicación del Registro Estadístico, en 1857, donde dio a publicidad en forma periódica, gran número de importantes documentos históricos argentinos. Representó un esfuerzo notable de cerca de 30 tomos aparecidos hasta 1873. Los eruditos de entonces la colmaron de elogios.

A los dos años de dirigir dicha oficina, Trelles fue nombrado a fines de 1858, director del Archivo General de la Nación, repositorio que encontró abandonado y desorganizado, siendo entonces considerado como el más rico de la América española. Trelles lo ordenó y facilitó su uso a los investigadores. En 1860, publicó el Indice del Archivo de Gobierno de Buenos Aires correspondiente al año 1810, trabajo enorme, de utilidad, que se consulta constantemente.

En pos de sus afanes de cultura, el 10 de diciembre de 1867, solicitó al gobernador Adolfo Alsina, autorización para publicar la “Revista del Archivo General”. En ella continuó la edición de documentos inéditos, y de artículos que eran verdaderas revelaciones. Dio a conocer las memorias de los virreyes, las biografías de gobernadores del Río de la Plata, como Francisco de Céspedes, Esteban Dávila y Jacinto de Láriz; de personajes destacados de nuestra historia de la época de la dominación hispánica, y los documentos fundamentales para el estudio de la vida de Hernandarias de Saavedra. La “Revista del Archivo” apareció entre los años 1869 y 1872, y llenó cuatro gruesos tomos.

En 1865, Trelles proyectó y propuso al Gobierno un sistema general de reparación de los caminos públicos, pero al mismo tiempo empezó a escribir sobre cuestiones de límites. Su libro sobre la Cuestión de límites entre la República Argentina y el gobierno de Chile fue una erudita demostración de los derechos de la Argentina sobre todas las tierras patagónicas y fueguinas.

En 1867, publicó otro trabajo relativo a la Cuestión de límites entre la República Argentina y el Paraguay, y lo acompañó con unos valiosos anexos documentales. En 1872, editó otro tomo sobre la Cuestión de límites entre la República Argentina y Bolivia, en el cual estudió El uti posidetis de 1810, los Límites con Bolivia y el Alto Perú argentino hasta 1825. En el mismo año apareció en Salta una Refutación hecha al escrito del doctor Agustín Matienzo sobre la cuestión de límites entre la República Argentina y Bolivia. Insistió sobre dichos temas en sendos artículos aparecidos en el diario “La Nación”, y sobre los Límites Australes de la República Argentina, en la edición del 1º de marzo de 1874.

Reemprendió sus disquisiciones etnográficas, y dio a luz un artículo sobre la Cuestión etnográfica querandiana. El llamado Tratado Fierro-Sarratea, entre el representante de Chile y el de la Argentina, que no agradó, con razón, en nuestro país, encontró en Trelles un firme crítico. Sin embargo, no abandonó sus investigaciones históricas, y en 1879, publicó en la “Revista de la Biblioteca” un artículo sobre Diego García, primer descubridor del Río de la Plata, que fue reproducido en el “Boletín del Instituto Geográfico Argentino”. Se editó en folleto, y en él sostuvo que tal descubrimiento se realizó en el año 1512, de acuerdo con sus palabras. Otros estudiosos no se convencieron de tal aserto y lo refutaron.

El 17 de abril de 1879, fue designado director de la Biblioteca Pública, que habría de tornarse luego en la Biblioteca Nacional. Desde este cargo, su manifiesto espíritu por difundir los valores de la cultura histórica lo llevaron a fundar la “Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires”. A través de sus páginas prosiguió la publicación de un gran número de documentos históricos relativos al período hispánico, y reunió en cuatro tomos un vasto acerbo informativo de nuestros orígenes.

Las colaboraciones de Trelles en la “Revista” no dejaron de aparecer en un solo número. Cuando renunció a la dirección de la Biblioteca en 1884, por haber sido federalizada la ciudad de Buenos Aires, aquella había aumentado en más de 5.000 volúmenes, manuscritos, mapas, revistas y diarios.

También debió renunciar al Archivo General de la Nación, cometiendo en esa oportunidad el Gobierno una injusticia con él. Entonces se retiró a la vida privada y resignó su jubilación.

Fundador de revistas oficiales, también poseyó la propia. En 1888, fundó la “Revista Patriótica del Pasado Argentino”, que fue costeada y escrita íntegramente por él, donde aparecieron sus artículos y documentos coloniales. Sólo Eduardo Madero pudo colaborar con sus investigaciones. En la “Revista Patriótica” que salió hasta 1892, y representó cinco tomos de valiosísimos artículos, Trelles fue publicando su Diccionario de Apuntamientos, en que aparecen por orden alfabético hasta la letra “S”, artículos curiosísimos sobre historia y geografía de la colonia. Trelles fue, además, el feliz poseedor de la obra del jesuita Eusebio Nierenberg titulada Diferencia entre lo temporal y eterno, impresa en las Misiones en 1705.

Intervino en numerosas polémicas históricas con Luis L. Domínguez y otros no menos afamados historiadores. Espíritu fino e investigador afanoso del pasado, fue reuniendo libros y objetos que a través del tiempo lo colocaron en posesión de una rica biblioteca y una interesante colección de obras valiosas y raras.

Al fallecer su hermano Rafael le dejó sus bienes, por lo que debió mudarse a una casa de la calle San Martín 499 detrás de la actual iglesia del Santísimo Sacramento, con vista al río y un jardín de 1.500 varas cuadradas. Estuvo vinculado a los intelectuales más prestigiosos de su época; alternó y fue amigo de Mitre, Muñíz, López, Guerrico, Zeballos, Prado y Rojas, Lafone y Quevedo y Urien.

También era considerado el mejor paleógrafo de América por haber ordenado y clasificado las viejas colecciones que había dejado Rivadavia en el Museo de Ciencias Naturales.

Su afición por la numismática lo convirtió en uno de los más importantes coleccionistas del país. En 1866, clasificó y publicó el Monetario del señor Manuel José de Guerrico que contiene las 825 piezas de ese monetario, una de las primeras obras específicamente numismáticas publicadas en el país.

Gustaba pintar al óleo y poseía la colección de cuadros más extraordinaria de Buenos Aires. Entre ellas había telas de pintores europeos de fama mundial y también excelentes reproducciones.

Samuel Lafone y Quevedo recuerda a Trelles en los últimos años de su vida, y dice que como Lamas y Mitre “era un archivo ambulante, y su memoria, su saber, sus colecciones estaban a disposición de todo aquel que lo buscaba. Si se tenía alguna duda acerca de una cita, de un hecho, una conferencia con Trelles arrojaba nueva luz sobre el asunto. Entrar en aquella casa era entrar en otra atmósfera; parecía que uno respiraba libros, datos y cuanto se relacionaba con el pasado”. Lo llamó a Trelles “el erudito y simpático ermitaño del Retiro”. Hombre sin enemigos, recuerda el académico Gandía, no pudo quejarse del afecto y admiración que le tenían sus compatriotas.

Perteneció al Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, y a todos los círculos intelectuales de Buenos Aires. La Real Academia de la Historia, de Madrid, lo nombró miembro correspondiente el 30 de noviembre de 1888; también lo fue del Instituto Geográfico de Berlín y de la Sociedad Heráldica Italiana.

Después de una larga enfermedad atacado de exofagismo, en sus últimos momentos fue atendido por los doctores Del Arca y Blanch. Falleció en Buenos Aires, el 9 de abril de 1893. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de la Recoleta, y los despidió el doctor Carlos María Urien. Se había casado con María Luisa Stodart y en segundas nupcias con su hermana Elisa Stodart.

Adolfo P. Carranza recordó sus méritos, el olvido y la ingratitud que lo había envuelto, en un artículo que le consagró en la “Revista Nacional”. Sin embargo, en tal oportunidad le alcanzó el reconocimiento por la vastedad de su obra de cultura, y una comisión de homenaje presidida por Mitre, resolvió acuñar una medalla a su memoria. Otra comisión creada al efecto el 30 de abril de 1911, inauguró un busto de Trelles en la Recoleta, costeado por sus amigos, acto en el que habló el doctor Arturo Reynal O’Connor.

Poseyó una selectísima biblioteca americana, muchos de cuyos ejemplares eran raros y no pocos, únicos. La sección de periódicos antiguos era buena, y la parte más valiosa de su librería era la referente a lenguas indígenas, impresos misioneros y de “Niños Expósitos”. Fue vendida en 1916 al bibliógrafo e historiador Enrique Peña. El monetario fue donado al Museo Argentino de Ciencias Naturales, y las colecciones de objetos históricos al Museo Histórico Nacional y al Museo Colonial de Luján. Una calle de la ciudad lleva su nombre.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1985).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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